Y ¿por qué...?, y ¿por qué...? ... Escucharemos así a Jimena, que cumple un año, dentro de poco. La edad de los "por qué" ocurre habitualmente entre los 2 y los 5 años y es una de las más importantes para el desarrollo del niño. El lenguaje progresa y, junto a la manipulación y observación, trata de satisfacer su curiosidad preguntando acerca de todo lo que ve. Aunque dicen los expertos que muchas veces la pregunta no busca una lección técnica, sino atención, seguridad o validación emocional, en cualquier caso, el asombro y la curiosidad subyacen.

La curiosidad es innata, inherente a la infancia. Esencial en nuestro aprendizaje desde el nacimiento. Poco a poco la búsqueda de certezas, de seguridades, nos hace ir perdiendo esa capacidad de asombrarnos, de experimentar y descubrir. Y si nos detenemos a reflexionar, ya como adultos, nos damos cuenta de que esas certezas y seguridades son difíciles de encontrar en la vida real.
Los adultos que son capaces de mantener la curiosidad, en un intento de conocer aquello que no comprenden, son generadores de conocimiento científico, pero también de cultura y manifestaciones artísticas. Son aquellas personas que el "no lo sé" lo convierten en una oportunidad, en un estímulo para la búsqueda.
Uno de los disparadores de la curiosidad es la capacidad de asombrarse. Encontré este vínculo entre curiosidad y asombro en una pequeña crónica de Maite Esparza a raíz del reciente fallecimiento de Juan Tamariz, mago que ha entretenido a varias generaciones, con el que disfruté y del que me llegó su valoración profesional a través de nuestro amigo Pablo, también mago. Esparza decía en su reflexión que Tamariz no quería engañar a la gente, sino compartir su asombro ante lo inexplicable. A partir de la figura de Tamariz defiende el ASOMBRO COMO ACTITUD ANTE LA VIDA. De su descripción de esta actitud destaco: "Es sacudirnos juicios, opiniones preconcebidas y miedos primitivos. Es escuchar a alguien con quien no compartimos filosofía de vida, ideología, edad o raíces. Es desarmarte para que las palabras y su contenido te empapen de otro modo". Esta descripción de la periodista me ha recordado la esencia del método deliberativo en bioética (incluir las opiniones de todos los implicados a la hora de resolver los conflictos) y el asombro me ha evocado la curiosidad de Julia Uceda. Estos fueron los dos contenidos esenciales de mi primera colaboración con Galicia Digital, desencadenada por el fallecimiento de Julia en 2024 (La curiosidad de Julia:
https://www.galiciadigital.com/opinion/opinion.35364.php).
También en ese primer escrito describía el probable funcionamiento de nuestro cerebro, o al menos el mío: una red de recuerdos recuperados por estímulos actuales que generan juntos nuevas reflexiones o pensamientos. Por este mecanismo Tamariz y su capacidad de asombro y de asombrar me sirven para vincular al mago con LA CURIOSIDAD DE JULIA UCEDA COMO DESENCADENANTE DE SU SABIDURÍA Y CULTURA (Julia, la maestra del alma:
https://www.galiciadigital.com/opinion/opinion.35489.php) , y así recordarla hablando con su querida haya (imagen) ahora en el 101 aniversario de su nacimiento (cien años más que Jimena), así como para llamar la atención sobre la BIOÉTICA COMO MEDIO DE CAMBIAR LA MIRADA HACIA LA ACEPTACIÓN E INCLUSIÓN DEL DIFERENTE, tan importante en el momento que vivimos.
Juan Antonio Garrido, médico internista y experto en bioética.