La profecía
Vale Carballés, Ernesto - miércoles, 30 de septiembre de 2026
Lo que estamos contemplando es desolador.
Hubo un tiempo en que la UE pretendía ser un ejemplo de convivencia y de progreso económico para el mundo; incluso se arrogaba el derecho de ser un faro moral. Lo cierto es que desde entonces muchas cosas han pasado y también cambiado.
No pretendemos hablar aquí de lo que se pudo hacer o lo que no se debió hacer, sino analizar la actualidad lo más objetivamente, sorteando en la medida de lo posible los sesgos ideológicos o partidistas.
Empezaremos recordando unas palabras de Felipe González, de aquel Felipe y no el de ahora, cuando dijo que Europa corría el riesgo de "morirse de éxito". Lo más probable es que esas palabras las dijera sin pensarlas mucho. Sin embargo, fueron una predicción, por decirlo de alguna manera, porque acertó de lleno.
En aquellos días de vino y rosas las élites políticas, embriagadas por tantos éxitos, creyeron que Europa recuperaría el estatus mundial del que una vez gozó. Su vida pública y económica marchaban viento en popa. Pero todo eso cambió en los últimos años.
Hoy Europa se está marchitando. Y no por el éxito, sino de la resaca que le dejaron tantos éxitos. Emborracharse por los triunfos suele tener riesgos. Es posible que González intuyera los posibles peligros.
Tanto el poder como el éxito, si no se digieren bien, pueden nublar los sentidos de las élites, con lo cual nos pueden llevar a todos al precipicio; que es lo que le está ocurriendo a Europa.
Los que nos dirigen viven encadenados al pasado. Lo que significa que viven en un mundo paralelo, un mundo que niega la otra realidad. Eso hace que cada decisión que se toma en Bruselas sea peor que la anterior. Y sobre todo más peligrosa.
Por eso allí no hacen nada para frenar esta dinámica demencial en la cual nos han metido a todos, sino que la amplifican más cada día. Eso quiere decir que están comprando todas las papeletas para conducirnos a un desastre.
Y hay pocos atisbos de esperanza de que esto cambie. En el mejor de los casos están redactando el certificado de defunción del proyecto europeo. Y en el peor, conducir a Europa a una gran guerra la cual significaría su final.
Muchos se sorprenden de los avances que están teniendo las diferentes extremas derechas europeas. Decimos diferentes, porque no es lo mismo la francesa o la alemana que, por ejemplo, la española o la italiana. Difieren mucho entre ellas tanto en contenidos como en objetivos.
Lo cierto es que las cosas en el Viejo Continente se están poniendo color de hormiga; como diría un mexicano. Pero nada ocurre por casualidad. Y menos en política. Todo lo que está sucediendo viene gestándose desde hace algún tiempo.
La derecha finge estar sorprendida. Y las izquierdas miran el panorama desde una atalaya política sin siquiera analizar los porqués de lo que está pasando o simplemente preguntándose ¿qué hemos hecho mal?
Aquí funciona, como todo en la vida, aquello de causa y efecto. Y las causas, en este caso son múltiples. La izquierda socialdemócrata y algunos partidos, los llamados progresistas, se volvieron tan liberales en lo económico y en lo cultural, ni sus líderes son conscientes de ello, que por el camino perdieron sus señas de identidad.
Y esa es una de las razones por la cual en Alemania continúa avanzando AfD. Aunque también es cierto que Die Linke, de extrema izquierda para algunos, ganó hace unos días las elecciones a la alcaldía de Berlín.
AfD cree que su país no tiene futuro sin el gas ruso, por lo tanto, propone restablecer inmediatamente las relaciones con Moscú. Y esa idea, dada la desindustrialización que sufre Alemania, le está produciendo muchos votos.
En Francia el partido de Le Pen también sigue ganando terreno. Dicen que va a ganar las próximas elecciones. En las zonas desindustrializadas del país muchas personas que antes votaban al PCF ahora apuestan por Le Pen.
El partido de Le Pen es difícil clasificar. De entrada, es muy gaullista, coquetea con ideas socialdemócratas y apuesta por una Francia soberana. Con lo cual no es un partido de extrema derecha al uso.
En suma. Lo que está ocurriendo no es fruto de una casualidad, sino de múltiples causalidades.

Vale Carballés, Ernesto
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