El mundo gira
Vale Carballés, Ernesto - lunes, 29 de junio de 2026
Se dice que Confucio fue quien dijo que cuando el sabio señala la luna, el necio se fija en el dedo.
Lo cierto es que andamos bastante despistados. Es probable que la manipulación a la que estamos expuestos tenga mucho que ver en ello. Las mentiras están cotizando al alza. Y, por paradójico que parezca, cuanto más gordas más creíbles.
Y no solo las creen las personas de escaso nivel cultural. No. También las hay con formación universitaria que piensan que no deben cuestionar ninguna información si esta procede de su entorno ideológico.
En ese sentido es obvio que los medios audiovisuales han contribuido a ello, especialmente la televisión. Por tanto, el acto más inteligente y revolucionario que se puede hacer es apagar el televisor o llevarlo a un punto limpio. Encenderlo es como abrirle una ventana de nuestra casa al enemigo.
La televisión de hoy es cualquier cosa menos educativa. Empezando porque no cumple ningún cometido cultural. Por tanto, no ayuda a construir el pensamiento crítico que necesita con urgencia la sociedad.
Permitimos que otras personas nos interpreten lo que ocurre en el mundo. Unos intérpretes que no abordan las causas, quizá algunos ni las sepan, ni tampoco el trasfondo geopolítico o geoeconómico que hay detrás de cada acción política o militar. Actuaciones que en un mundo globalizado e interconectado como el que tenemos acaban afectando como si fueran una onda expansiva a todo hijo de vecino.
Los "especialistas" dedicados a la geopolítica pululan por todas partes, radio, televisión, haciendo predicciones, interpretando la actualidad. Algunos se parecen más a adivinadores o quiromantes que a expertos en relaciones internacionales.
Sin embargo, los que saben de verdad son arrinconados, invisibilizados. O simplemente no les dan acceso a los grandes medios de comunicación porque sus análisis no están en consonancia con la narrativa oficial y oficialista.
Por tanto, se ven obligados a buscarse la vida por su cuenta. Unos escribiendo libros y otros creando podcasts especializados en cuestiones geopolíticas o en aquellos temas que mejor conocen, utilizando para ello plataformas digitales como YouTube, Instagram, TikTok y otras.
Analizar e interpretar la geopolítica no es tarea sencilla, sobre todo en estos tiempos en que todo cambia tan rápido. Se puede especular sobre esto o aquello, lo que puede suceder o no suceder. Lo que no se puede hacer es aventurar pronósticos, certezas.
En geopolítica dos y dos no siempre suman cuatro. Lo cual indica que las conclusiones que se hagan deben posibilitar varios escenarios. Porque a veces suceden cambios repentinos, inesperados, como fue la caída de la URSS hace 35 años. Una variable con la que nadie contaba en esa época.
Otro caso inesperado fue el ascenso de China. Ningún estratega pudo predecir que aquel encuentro histórico que tuvo lugar en Pekín entre Mao Tsé Tung y Richard Nixon, en el año 1972, iba a marcar 54 años más tarde un punto de inflexión en la geopolítica global.
Lógicamente, el mundo de hoy no es el de 1972. Lo que está ocurriendo en el campo científico-tecnológico lo está acelerando todo. En otros tiempos los cambios necesitaban siglos para hacerse notar, sin embargo, hoy pueden suceder en unas pocas décadas o incluso en una.
Coincidencia o no, el cambio de época está alterando el mundo, desordenándolo, caotizándolo; al menos en apariencia. Lo está cambiando de tal manera que incluso la mediocridad se ha convertido en la reina del mambo en muchos países occidentales.
Y para comprobarlo no hay que viajar muy lejos. Los alemanes de hoy se parecen poco a los de hace 30 años. Los de ahora están confundidos, desnortados, perdieron su capacidad crítica, dejándose engatusar por cualquier vendehúmos político. Lo mismo ocurre con los franceses, su espíritu rebelde ha desaparecido.
Se dice que vienen tiempos duros, complicados, peligrosos. Aunque para pronosticar eso no hace falta ser ningún experto. A la vista están. Uno cavila que a lo mejor esas malas nuevas tienen mucho que ver con la llamada "trampa de Tucídides".
En todo caso, por higiene mental sería muy saludable dejar de mirar al dedo del sabio ...

Vale Carballés, Ernesto
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