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Lino y la adversidad

Vale Carballés, Ernesto - martes, 09 de junio de 2026
Decía Plutarco que la mente no es un vaso para ser llenado, sino un fuego para ser encendido. Y el escritor gallego-cubano, Lino Novás Calvo, supo encender ese fuego.

Lino aprovechó las oportunidades literarias que se le presentaron cuando llegó a Madrid en 1931. Su colaboración en la Revista de Occidente y la publicación de su novela, "Pedro Blanco, el negrero", tuvieron tal impacto que en 1933 la Editorial Espasa Calpe lo invitó a participar en una serie titulada "Vidas extraordinarias".

Al estallar la guerra civil y sin dudarlo ni un instante estuvo al lado de la legalidad republicana, poniendo su pluma al servicio de la República y los valores republicanos.

Enseguida se incorporó al Quinto Regimiento hasta que fue nombrado corresponsal de guerra. A pesar de su incuestionable compromiso con las izquierdas vivió momentos peligrosos, no tanto por la guerra, sino porque alguien lo acusó de haber escrito antes del conflicto algunos artículos en contra de los mineros asturianos.

Por esa acusación fue detenido. Afortunadamente para él, y también para el mundo de la literatura, intervinieron en su favor María Zambrano, Rafael Alberti y Pablo Neruda.

Aun así, fue sometido a un juicio. Pero al no existir pruebas -aquellos artículos los había escrito otra persona- fue absuelto de los cargos que se le imputaban. Lo cierto es que la tensa y peligrosa situación que vivió en aquellos días le creó una gran decepción. Y no era para menos, pues habían puesto en duda su lealtad y su compromiso con la causa que se estaba defendiendo.

Es obvio que en la guerra vivió situaciones que le marcarían, dejándole una huella profunda para siempre. Lo refleja en algunas cartas y en las crónicas que ha escrito.

En 1938 contrajo matrimonio en Barcelona. De la mujer con la que se casó no se sabe nada, ni siquiera su nombre. Desconocemos si era miliciana, dado que había muchas en el frente, o era una persona común cuyo nombre se perdió en la historia.

Según parece Lino intentó sacarla de España, pero por alguna razón eso no fue posible. Con lo cual el matrimonio se disolvió por sí solo, dado que el franquismo anuló todos los matrimonios civiles celebrados en tiempos de la República.

Lino tenía un fino sentido de la ironía, demostrando con ello que no había perdido la "retranca" gallega. Cuando obtuvo la plaza de profesor de francés de la Escuela Normal de Maestros de La Habana dijo: "es curioso, yo que nunca he ido a la escuela, ahora soy maestro de escuela".

Otra curiosidad. Cuando tradujo "El viejo y el mar", por decisión expresa de Hemingway, Lino pidió como pago un coche de uso de la marca Ford. Al final el escritor norteamericano lo negoció con la revista Life, la que había encargado el trabajo de traducción, y ésta, según cuenta el profesor Espinosa, le regaló un viejo Chevrolet.

A propósito de la traducción, según los críticos, Lino la suavizó un poco imprimiéndole cierta cadencia cubana, y también fijándole el carácter y el estilo del propio traductor.

Se sabe que Lino vivió un tiempo en un barrio marginal habanero. Allí pudo observar muchas cosas, ira, rabia, violencia, gente angustiada, escenas que más tarde le ayudarían a su obra.

En todo caso, como bien dice el profesor Espinosa, Lino fue capaz de vencer las adversidades que la vida le iba poniendo. Lo cual demuestra, además de poseer un don especial para la literatura, una gran fortaleza interior, tesón y una voluntad nietzscheana.

En 1967, ya exiliado en Estados Unidos, fue nombrado profesor de literatura hispanoamericana en la Universidad de Syracuse. Parece ser que esa, según confesó el propio Lino, fue la etapa más feliz de su vida; se retiró en 1974 como profesor emérito.

Jaime Ferrán, un profesor que trabajó con él, lo recuerda como un hombre bajo, tímido, que sale y entra en su casa a la misma hora y que lleva una vida muy ordenada.

Lino sufrió una trombosis cerebral que, aunque se recuperó en parte, le impidió continuar con la docencia. Rescatando en esa última etapa de su vida su vieja afición a la pintura.

Por último, el profesor Espinosa nos dice que Lino nunca renunció a sus raíces gallegas lo cual nos enorgullece.
Vale Carballés, Ernesto
Vale Carballés, Ernesto


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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