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El joven Lino

Vale Carballés, Ernesto - viernes, 08 de mayo de 2026
"El médico volvió a trabajar sin fe, calzando las ruedas, otra vez se puso a allegar cuerpos duros, trabajando despacio, alargando la tarea. Por momentos se detenía y escuchaba, pero el mundo estaba tan callado como encerrado en un envase de cristal..." (Myron I. Lichtblau, Syracuse University).

Este pequeño fragmento es de un relato titulado "No le sé desil", del escritor gallego-cubano Lino Novás Calvo. Narra las peripecias de un médico, el doctor Gobea, que lucha por sacar su coche atascado en un fangal y la urgencia de llegar a tiempo para salvar la vida de dos hombres malheridos en un área de la Cuba rural.

La idea de este artículo no es analizar la obra de Novás Calvo, sino ofrecer, para aquellas personas que no lo conozcan, que en Galicia son muchas, una breve visión de su vida y de su obra.

Nació en 1903 en el barrio de Pesegueiro, de la parroquia de As Grañas do Sor (Mañón), emigrando a Cuba a la temprana edad de 17 años; un tío materno lo estaba esperando en La Habana.

El joven Lino debió quedar tan impactado cuando vio La Habana como Colón cuando contempló el primer paisaje cubano que según dicen exclamó, "esta es la tierra más hermosa que ojos humanos hayan visto".

Este grañés empezó ganándose la vida desempeñando, como tantos otros, diferentes trabajos y oficios. De repartidor, recadero, agricultor, cortador de caña, taxista y hasta de boxeador.

A pesar de no ser un joven físicamente fuerte, era delgado y no muy alto, su espíritu y afán de superación eran de un gigante. De día trabajaba y por las noches asistía a una escuela nocturna para estudiar inglés y francés; en 1926 viajó a Nueva York, quedándose allí ocho meses con el propósito de practicar el inglés.

En 1928 empezó su andadura literaria en la Revista de Avance, publicación vanguardista de los artistas cubanos de la época. Lino llegó incluso a representar a los intelectuales que se reunían en torno a la revista.

Llegó a Madrid en 1931 enviado por el semanario Orbe. Al desembarcar en La Coruña fue visitar a su madre. Su estancia en la aldea fue breve. Aunque tuvo tiempo de escribir algún artículo y un relato titulado "Un encuentro singular".

En el Madrid intelectual de los años treinta Lino era casi un desconocido. Aunque después de escribir la novela "Pedro Blanco, el negrero", editada en 1933, se puede decir que su suerte cambió radicalmente.

Novás Calvo empezó a colaborar con Ortega y Gasset en la Revista de Occidente, La Gaceta Literaria, El Sol y otras publicaciones. Viajó a Paris para mejorar su francés que le sirvió para traducir Honorato de Balzac.

Al estallar la guerra estuvo al lado de La República. Acompañó al ejército republicano como corresponsal de los periódicos Frente Rojo, Mundo Obrero y Ayuda, este último órgano del Socorro Rojo Internacional.

Después de la guerra regresó a Cuba desde París. Casándose en 1940 con la poeta y periodista cubana Herminia del Portal. En 1945 ganó en Cuba el premio periodístico, Enrique José Varona.

Más tarde empezó a trabajar en el semanario Bohemia de traductor. Y en 1954 lo nombraron redactor-jefe de la revista, puesto que ocupó hasta que abandonó Cuba en 1960 para exiliarse en los Estados Unidos, ejerciendo allí de profesor de literatura hispanoamericana en la Universidad de Syracuse.

Además de la novela mencionada citaremos algunos otros títulos de su obra: La luna nona y otros cuentos; No sé quién soy; Cayo canas; Maneras de contar; Un experimento en el barrio chino; Un escritor en el frente republicano, etc.

También tradujo del inglés al castellano obras de Aldous Huxley, D.H. Lawrence, Williams Faulkner y "El viejo y el mar", de Ernest Hemingway. Demostrando su gran capacidad como traductor.

Tuvo una vida rica en experiencias. Algunas llenas de sobresaltos, de peligros. Sus relatos son crudos, realistas, aunque almibarados de un toque mágico. Lo que la escritora cubana, Cira Romero, gran conocedora de su obra, define como realismo mágico.

Novás Calvo fue muchas cosas, periodista, profesor de francés en la Escuela Normal de Maestros de La Habana, corresponsal de guerra, escritor, traductor, ensayista, poeta y cuentista; Cabrera Infante lo definió como el mejor cuentista de la literatura latinoamericana.

Es obvio que nuestro Lino poseía una gran capacidad intelectual y creativa. Y también de trabajo. Perteneció a ese pequeño grupo de esas personas que se hacen a sí mismas. Para él escribir era una necesidad vital, quizá su razón de ser, de existir. Falleció en Nueva York en 1983.
Vale Carballés, Ernesto
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