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Conociendo a Concepción Arenal desde la Pastoral Penitenciaria (1): Caridad, Justicia y educación

Garrido, Juan Antonio - martes, 14 de abril de 2026
Tras escuchar las conferencias de Manuela Carmena en Santiago en 2025, en la Jornada anual de la Pastoral Penitenciaria de Galicia ("Otra Justicia es posible") y Conociendo a Concepción Arenal desde la Pastoral Penitenciaria (1): Caridad, Justicia y educación sus referencias a Concepción Arenal, sentí gran interés por conocer directamente los escritos de esta mujer nacida en Ferrol en 1820. Tengo que reconocer haberme cruzado muchas veces con su estatua ubicada en el ferrolano barrio de Esteiro y, sin embargo, no haberme cruzado con su legado intelectual y literario. He conseguido sendos ejemplares de su "Manual del visitador del preso" y "Manual del visitador del pobre" y leído también el recomendable trabajo de M.Teresa Russo, publicado por la USC en Ágora-Papeles de filosofía en 2022 con el atractivo título de "Vulnerabilidad y dignidad en la teoría de la justicia de Concepción Arenal" (del que incluiré frases literales).

Tras estas lecturas tengo el atrevimiento de traer aquí varios de los mensajes encontrados por considerarlos de enorme vigencia no sólo al colaborar y trabajar en el entorno del acompañamiento al preso y sus circunstancias, sino también como reflexión sobre la sociedad actual en que hay que insertar este mundo de la prisión. Serán pequeñas amplificaciones de su legado intelectual para animar a los lectores a sumergirse en sus escritos como a mí me ocurrió tras escuchar a Manuela Carmena.

Quizá no sea más que una forma de defenderme del desasosiego que me genera el darme cuenta de que esos que consideramos otros mundos realmente están en éste, el nuestro, como bien expresaba Xulio Xiz.

La propuesta educativa y reformista de Concepción Arenal se dirige a las categorías más vulnerables (el niño, el preso, el indigente, la mujer) y lo hace con una mirada en que la cuestión social es entendida como cuestión moral e incluso religiosa. Para ella la religión y la moral entran en la resolución de los problemas sociales puesto que éstos tratan de personas que son criaturas morales, religiosas, intelectuales, por lo que los problemas no pueden tener soluciones solo materiales.

Gran conocedora de las prisiones de su época, con su lema "ABRID ESCUELAS y SE CERRARÁN CÁRCELES", estuvo convencida de que la educación es el mayor remedio a la delincuencia y el medio de desarrollo de las clases más pobres. Según su visión, la labor educativa constituye una obra donde se armonizan caridad y justicia, ya que la ignorancia hace imposible exigir y ejercer los derechos. Su sensibilidad hacia los indigentes y más vulnerables le lleva a pensar y escribir sobre las responsabilidades respectivas de la sociedad, la Iglesia y el Estado. Trata de conciliar la esfera de lo privado con la de lo público, señalando las carencias de ambas. Intenta vincular la asistencia a los indigentes a la dimensión moral, no simplemente a la dimensión organizativa, distinguiendo beneficencia, filantropía y caridad. La beneficencia la define como "la compasión oficial que ampara al desvalido por un sentimiento de orden y de justicia". La filantropía, como "la compasión filosófica que auxilia al desdichado por amor a la humanidad y la conciencia de su dignidad y su derecho". La caridad, "la compasión cristiana que acude a los menesterosos por amor de Dios y del prójimo". Y lo ejemplifica así: "La beneficencia manda al enfermo a una camilla, la filantropía se acerca a él y la caridad le da la mano". La justicia y la misericordia, o, en su lenguaje, la caridad y la beneficencia, deben armonizarse para que haya una verdadera oportunidad de desarrollo para los más vulnerables. La justicia por sí sola es insuficiente y no puede separarse de la segunda, a la que pertenecen la proximidad, la compasión y el consuelo. Reflexiones como éstas han permitido desarrollos posteriores que enuncian como la justicia requiere el derecho a la diferencia, siempre que ésta no sea excluyente sino fraternal. Mientras que la solidaridad hace posible una sociedad en que los desiguales se vuelvan iguales, la fraternidad permite que los iguales sean diferentes.

Planteó cambiar la realidad enfocando la acción en la dignidad humana y la TRANSFORMACIÓN SOCIAL A TRAVÉS DE LA EDUCACIÓN Y LA JUSTICIA. Escuché a Manuela Carmena la siguiente frase de la ensayista gallega: "Me llaman utópica. Llamarte utópica no insulta, pero desacredita". Sin embargo, sí creo que la utopía no es una forma de escapar de la crudeza de una realidad, sino una forma distinta de abordarla. Y se construye con medidas que son exigibles y que hay que "forzarlas" para que puedan llegar a ser. Y esto es lo que hizo Concepción Arenal.

Sus aportaciones más concretas como visitadora de presos, precursora del trabajo social, creadora de viviendas sociales o su defensa del papel de la sociedad civil en la disminución de la exclusión social serán objeto de otros escritos.

Quizá ahora cuando me cruce con la estatua de Concepción Arenal en Ferrol, el desasosiego por el desconocimiento de su legado sea menor o al menos tenga como orientarlo.
Garrido, Juan Antonio
Garrido, Juan Antonio


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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