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Orteganos: Luciano Pita Sánchez-Boado

miércoles, 06 de noviembre de 2013
El promotor del asociacionismo agroganadero en la comarca del Ortegal

Los vínculos de la familia Pita con la Comarca ortegana hunden sus raíces en las primeras décadas del siglo XVI, o lo que es lo mismo, en el momento en que el nedense Alfonso Fernández Pita radicó su vida en la parroquia de Mera tras contraer matrimonio con la joven lugareña Marta Fernández Tenreiro. Esta unión propiciará que se cimente una conexión vital entre los avatares de sus descendientes con los propios de la zona. Su hijo, Andrés Fernández Pita, también se casará con otra mujer del mismo nombre que su madre, pero, en su caso, su segundo apellido será el de Alfeirán, un patronímico que Andrés incorporará al apellido Pita de sus hijos, y que estos mantendrán, a su vez, iniciando así una saga que se prolongará hasta que, en el siglo XIX, Leandro Pita y Lamas decida abandonarlo definitivamente. Este nuevo heredero del Pazo do Souto había nacido en Santiago de Mera (Ortigueira) el día 12 de noviembre de 1819, y durante su vida se convertirá en uno de los más reputados representantes de los destinos de la comarca, llegando a ser elegido diputado a Cortes por el distrito de Ortigueira durante el los periodos legislativos de 1850-1851, 1854-1856 y 1872. Hay que decir que antes de que Leandro Pita iniciase su segunda etapa parlamentaria, el representante elegido para el Distrito de Ortigueira fue el acaudalado banquero y financiero José de Salamanca y Mayol -más conocido como el marqués de Salamanca, y quien, actualmente, da su nombre a uno de los barrios más aristocráticos de la capital de España. Esta extemporánea decisión de nombrar a un marqués totalmente ajeno, como dice Julio Dávila, a “sus desconocidos electores [y al que] el acta de diputado le fue llevada por el joven santamartés Ramón Teijeiro, hermano del alcalde de Ortigueira don José maría, e hijo del jefe local del partido moderado Manuel Teijeiro Nabeiro”.

Leandro Pita se casará en sus primeras nupcias con Mercedes García Barro, quien a los pocos años morirá todavía muy joven sin dejar descendencia. Este hecho hizo que su viudo buscase una nueva unión, en esta ocasión con Gertrudis Sánchez-Boado, una joven coruñesa que procedía de la noble familia formada por Nicasio Sánchez-Boado y Joaquina Díaz. El enlace entre Leandro y Gertrudis se celebró en la iglesia de la parroquia de Santiago, en la ciudad vieja de A Coruña.

El matrimonio trajo al mundo cinco vástagos, de los que solo tres conseguirán llegar a la edad adulta. Estos serán Carmen Pita, que se casará, en primeras nupcias, con el comandante de Caballería Fernando Leal, con el que no tuvo descendencia, para más tarde hacerlo con Agustín Fernández de Peñaranda y Angulo, marqués de Santa María de Conchán. Por su parte, sus hermanos, Luciano y Leandro Pita Sánchez-Boado, se convertirán en los intelectuales ruralistas más importantes de la comarca en el siglo XX, de los que hablaremos extensamente más adelante.

Durante su vida, Leandro Pita y Lamas aumentó el patrimonio familiar de forma considerable, sobre todo gracias a la aportación de su primo Ramón Lamas y Menéndez, natural de Ribadeo, que le donó numerosos bienes al Pazo do Souto.
El primer hijo varón de la familia Pita-Sánchez Boado fue Luciano que nació en A Coruña, en la calle de Damas nº 11, muy cerca de la Plaza de Azcárraga, donde también nacerán el resto de sus hijos. El joven Luciano pasó sus primeros años estudiando en las escuelas e institutos coruñeses. Más tarde, contraerá matrimonio con Blanca Las Santas y Nós, una mujer de origen navarro, con la que tuvo ocho hijos. Por su orden de nacimiento, éstos fueron: Javier, Leandro, Sagrario, Blanca, Carmen, Luis, Ramón y Fernando.
Durante algunos años Luciano residió en A Coruña. Pero tras su llegada a Mera se propondrá iniciar todo un proceso de renovación del Pazo do Souto con el objetivo de convertirlo en una granja agrícola de carácter experimental y en parada de toros sementales suizos. Para llevar a cabo este proyecto apostó por la introducción de los nuevos elementos técnicos e instrumentales que en su época estaban todavía en proceso de preparación, como eran los abonos artificiales, los herbicidas o la inseminación selectiva.
Su empuje reformador y su facilidad para el trato con sus vecinos pronto lo convierten en un gran animador del trabajo comunitario, que lo impulsará a emprender diversos contactos fuera de la comarca con representantes del sector tanto a nivel profesional como político, y que lo acabarán erigiendo en el fundador del Sindicato de la Cámara Agrícola de Ortigueira y más tarde en el delegado del Sindicato-Cámara Agrícola de A Coruña.

En agosto de 1907, Luciano participó en la Exposición de Horticultura (floricultura, arquitectura, hortalizas y arboricultura), que se celebró en A Coruña, organizada por el Sindicato-Cámara Agrícola y el Sporting Club. La Feria estuvo tres días abierta al público, y Pita actuó de vocal en la comisión-organizadora, de la que era presidente su tocayo Luciano Marchesi.

Su liderazgo social también estuvo apoyado en todo momento por otras personalidades relevantes de la comarca ortigueiresa, como su hermano Leandro, Federico Maciñeira, los políticos locales los hermanos Manuel y Vicente Sandomingo o el poeta y periodista Ramón Armada Teixeiro. Gracias a este estrecho y dinámico circulo y al apoyo de muchos de sus vecinos y amigos se podrá poner en marcha una revolución societaria que será vista en toda Galicia como un ejemplo para otras zonas. Con este modelo cooperativo se consiguió que los labradores de las diferentes parroquias, primero del Ayuntamiento de Ortigueira y, más tarde, de toda la comarca, se fuesen agrupando en asociaciones de ganaderos y labradores con el fin de compartir aspiraciones comunes.

Gracias a sus buenas dotes para la comunicación, Luciano Pita fue elegido representante de la Asociación General de Ganaderos del Reino para el distrito del Ortegal, y, más tarde, su delegado en el Consejo provincial de Fomento. Será desde este último cargo desde donde fue poniendo en marcha toda una serie de iniciativas con las que tratará de mejorar el trabajo de los agricultores y ganaderos de la zona, y entre las que se cuentan los concursos de ganados, la venta directa de bueyes a Madrid, la generalización del cultivo del trébol o el empleo de la maquinaria más moderna por parte de los labradores en sus explotaciones.

Tampoco hay que olvidar sus muchas enseñanzas, prácticas y consejos a sus convecinos con los que pudieron que elevar su nivel de cualificación y responsabilidad en el uso de los adelantos de la agricultura y ganadería de la época y que se mostrarán vitales para el desarrollo económico en la comarca. Su figura ha estado siempre asociada al Consejo de Vigilancia de la Granja Escuela de Agricultura Regional, desde donde consiguió traer a Ortiguera el campo de demostración agrícola que se ubicó en la parroquia de Senra, en el lugar que aún hoy guarda su nombre: A Granxa.

En el ámbito social también se mantuvo durante algunos años al frente de la presidencia del Nuevo Club, una entidad que se reunía a los miembros más destacados de la sociedad ortigueiresa.

La muerte de Luciano Pita se produjo a causa de una intoxicación por el cloroformo que los médicos de la clínica santiaguesa del doctor Barltar le suministraron para realizarle una intervención quirúrgica rutinaria con la que pretendían extraerle una hernia.

Según cuenta el periódico La Opinión de Ortigueira, en los últimos instantes de su vida estuvo acompañado por el presidente de la diputación provincial Casimiro Torre y su hermano Lino, además de por el diputado a Cortes por Santiago, los médicos Pedreira y Mocho Pimentel, el alcalde de A Coruña, José Folla Yordi, el registrador de la propiedad de Ortigueira, Jesús Pintos Reino y otros amigos y familiares que, además, “se hicieron cargo del cadáver, amortajándole y disponiendo todo lo necesario para su traslación”. Su sepelio se tradujo en un acto multitudinario al que asistieron, además de todas las autoridades del partido judicial, el diputado a Cortes por el distrito de Ortigueira, Alonso Gullón García Prieto, y el gobernador civil de la provincia de A Coruña Felipe Romero Donallo.

Tras su muerte, Federico Maciñeira le escribió un artículo necrológico que fue publicado en La Opinión de Ortigueira en el que le definía como un hombre “culto e inteligente; con visión perfecta de las verdaderas necesidades del país, haciendo honor a su noble estirpe no ha vacilado en acometer con toda la decisión del franco enérgico y rectilíneo temperamento que lo caracterizaba, la colosal empresa de redimir a los labradores del atraso en el que yacen, a fin de labrar por este medio la felicidad de la hermosa región ortegalesa”; subrayaba igualmente el arqueólogo y político su labor de “apostolado, no exento de amarguras al luchar con la apatía, primeramente se preocupó por demostrar de una manera práctica cuales son los cultivos y variedades más adecuados y remuneradores para nuestra zona, de propagar los mejores abonos químicos, de introducir maquinaria agrícola moderna y razas de ganado extranjero propias para el país, de dar impulso y orientaciones a los concursos comarcanos, de abogar porque se montasen las básculas en las ferias al servicio de los criadores de reses, de difundir las sociedades de seguros mutuos de bovinos, y en fin, de dar el primer paso en la implantación del sistema cooperativo”.

Por su parte, Julio Dávila al conocer su fallecimiento le escribió en una carta a Federico en la que ponderaba “la enorme pérdida que acaba de sufrir este país y especialmente esa comarca”, para, a continuación, manifestarle su deseo por “ver identificados con la vida de mi pueblo desde el diputado hasta el último edil para que colaboren con interés al progreso moral y material del mismo y sin egoísmos personales como hacía Don Luciano y otros, muy pocos, seguirán haciendo”.

Estas emotivas palabras serían más tarde subrayadas mediante la erección de un monumento en su honor que quedaría emplazado cerca del puente de Mera, en el cruce de la carretera de Ferrol a Ortigueira con la que va a su residencia en el lugar del Souto. El obelisco fue costeado por medio de una colecta popular en la que participaron sus amigos y vecinos de todas las parroquias, como prueba de admiración, gratitud y recuerdo a su paisano y mentor por su entrega a la causa de favorecer los intereses generales del país. El monolito está configurado por un pedestal de tres metros de altura sobre el que se levanta el cuerpo del monumento, que sobresale otros cuatro metros, y que está construido con piedra extraída de las canteras de alicantinas de Novelda, a la que el artista le ha dado una forma piramidal en la que ha cincelado varios bajorrelieves con motivos alusivos a la agricultura y la ganadería, y que están rematados por un globo terráqueo con el casquete alado de Mercurio, símbolo del comercio.

La obra ha se debe sido esculpida por el marmolista ferrolano Andrés Torrente, quien eligió el material base de su obra por su facilidad para ser labrado, y por su disponibilidad, puesto éste ya había sido empleado en muchos otros lugares, como fueron los primeros tramos del ferrocarril español o para otras obras bien de restauración o de sustitución de elementos deteriorados como fueron los casos del Palacio de Uñares (1873), el Banco de España (1891), la Estación de Ferrocarril de Príncipe Pío (1904), y, posteriormente a su empleo por él, en el Palacio de Comunicaciones (1917) (hoy, sede del Ayuntamiento de Madrid) o el edificio corporativo de la compañía Telefónica en Madrid (1929).

La peana en forma de pirámide escalonada muestra una placa con la siguiente reseña: Homenaje de las parroquias orteganas á D. Luciano Pita, impulsor de la agricultura y la ganadería. 1-1915. Gloria al trabajo, que glorifica y honra.

El desvelamiento del monolito fue presenciado por numerosísimo público, en el que estaban representadas, además de todas las parroquias y las sociedades del condado que se habían adherido a la causa corporativa de Luciano, las comisiones del Consejo Provincial de Fomento, liderada su presidente Juan Rof Codina; del Sindicato Cámara Agrícola Oficial de A Coruña, encabezada por su presidente, Leopoldo H. Robredo; del Ayuntamiento de Cerdido, presidida por su alcalde, Paulino Peña, y de la junta de vecinos a la que se le había confiado la organización del homenaje, dirigida por Enrique G. Somoza, quien, a su vez, fue el encargado de depositar una corona de flores naturales al pie de la simbólica columna, y al que acompañaron el profesor Hidalgo y su secretario, Belarmino Gómez, como representantes de su organización, y algunos miembros de la familia de Leandro Pita Sánchez-Boado. Por su parte, al primogénito de Luciano, Javier Pita Las Santas, le fue encomendado la deferencia de descubrir el monumento-homenaje a su padre y de dirigirle unas palabras a la concurrencia.

Los actos estuvieron amenizados por una de las bandas de música de la comarca que tocaron la Alborada, de Pascual Veiga, y algunas muiñeiras y temas tradicionales, que el numeroso público escuchó en un riguroso silencio.

Poco después, concretamente el 30 de marzo de 1913, la corporación municipal, que encabezaba Manuel Sandomingo Crego, acordó concederle el nombre de Luciano Pita Sánchez-Boado a una de las calles de la villa, la hasta entonces conocida como calle Real, subrayándolo con el siguiente testimonio, por “los grandes méritos contraídos por el sr. Pita y los cuantiosos sacrificios que tan perseverantemente se impuso siempre”. El dictamen municipal será refrendado en el Boletín Oficial de la Provincia del 23 de abril de 1913.

Algunos datos que podemos aportar sobre los hijos del matrimonio Pita-Las Santas son los siguientes:

Leandro seguiría, en buena medida, la afición por el teatro de su tío, tutor y tocayo. Una pasión teatral que iniciará en Mera durante la década de los años 20 en donde pondrá en escena varias obras tanto como director como actor. Tras su matrimonio con la Maruja Núñez, una joven betanceira perteneciente a la familia propietaria de la Banca Núñez, se llevará consigo su arte a la capital del Mandeo donde se convertirá en un popular escenógrafo. Buena prueba de ellos son sus múltiples trabajos artísticos, entre los que podemos destacar la dirección que hizo del apropósito compuesto por el tándem formado por Alfonso Rodríguez Crespo, más coñecido por Magín, y Fernando Fiaño Miravalles y que fue representado durante los carnavales de de febrero de 1930, titulado En Betanzos para criticar todos se pueden tutear, que consiguió tal éxito que tuvo que volver a ser representado un mes más tarde.

En 1936 llevará a las tablas del Teatro Alfonsetti, instalado como el ortegano en las dependencias de un antiguo convento, otro apropósito, esta vez compuesto por Enrique Sóñora, más conocido por Chaufer, y que será bautizado con el largo título de La cosa más natural es el ver que en este mundo todo el año es carnaval. Este que contó con varias canciones que se harían muy populares entre su público. En esta ocasión, Leandro Pita hará una puesta en escena totalmente diferente y que impactará en el auditorio por su novedad. Con el teatro abarrotado y excediendo el momento del inicio de la obra en más de una hora, el telón seguía sin elevarse, lo que impacientaba al graderío, que empezaba a corear frases del estilo de Que se empiece, que acompañaba de palmas y golpes en el suelo. Ante este gran alboroto y de forma repentina se inicia la elevación del cortinón, dejando aparecer tras él a todos los artistas en una actitud indiferente y con los brazos cruzados. Delante de ellos, de pie, y tan alto como era, su director, Leandro Pita le pide al público que guarde silencio, tras lo que le explica que los actores no quieren trabajar, que se han declarado en huelga, y que si hay en la sala algún miembro de la autoridad que suba al escenario. Los espectadores se quedan atónicos, y de entre ellos aparece el jefe de la ronda de noche de la Guarda Municipal, el Sr. Cadaveira, quien, con su sable en ristre y sus mostachos erguidos, recorre el pasillo, sube al tablado e intenta poner orden. Sin todavía conseguir su propósito, suena un disparo que le da de lleno, cayendo el policía al suelo, empieza a derramar sangre. Ante este desatino, el solicita, ahora, un médico. Sin dilación se levanta de su asiento el galeno local Alfredo Romay, quien presto sube a atender al herido. Se cierra el telón a la vez que una salva de aplausos felicita la efectista representación.

Leandro Pita vivió en Betanzos en la conocida como la Casa Vieja, que dejaría “llena de recuerdos, buen vino y frases escritas en sus paredes por las personas más dispares”. Entre éstos autógrafos está el que dejó el escritor gallego Wenceslao Fernández Flórez: “¡Qué ben vives Leandro!, con quien mantuvo unas magníficas relaciones, y que llevó a la publicación La Codorniz, un dibujo de él en su embarcación, en la que aparecía como viajero a Los Caneiros.

La actividad profesional que desempeñó Leandro fue la representante de todo tipo de maquinaria, desde radio, a maquinas de coser o bicicletas. Muy popular entre los betanceiros siempre fue un hombre que se implicó en las más diversas actividades sociales, llegando a ser vocal de la Cocina Económica, durante la presidencia del hijo de Juan María García Naveira, Juan Jesús García Iribarne, quien, a su vez, se convirtió también, como su padre y su tío, en un benefactor de su ciudad natal.
Por otra parte, su hermana Carmen se casó con Carlos Pardo de Donlebún y Pascual de Bonanza, con el que tendrá a sus hijos, Carlos, José Miguel, Marta del Carmen, Blanca y Fernando, y se dedicará a su labor de escritora.

Por su parte, Javier seguirá las inclinaciones de su padre y su tío por la política local convirtiéndose en un destacado concejal del Ayuntamiento de Ortigueira y continuador de la tradición familiar como organizador de concursos de ganados en la comarca, además de ser, durante la Guerra Civil, brigada asimilado del Ejército del Aire. Por último, Ramón acabará siendo el director del Instituto Nacional de Previsión, y se casará con la viveirense María del Carmen Parapar Dorado.
Suárez Sandomingo, José Manuel
Suárez Sandomingo, José Manuel


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