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Orteganos: Leopoldo Calvo Peña

sábado, 28 de septiembre de 2013
Leopoldo Calvo nació en Ortigueira el 13 de mayo de 1906. Sus padres fueron el abogado Dámaso Calvo Moreiras y la ortegana Rosario Peña Díaz. Pasó sus primeros años como un infante más, estudiando en la escuela de párvulos situada en la parte trasera del edificio conventual de los dominicos, aunque ya entonces era de todo (ayuntamiento, escuela, teatro, etc.) menos albergue de monjes, debido a la incautación de los bienes eclesiásticos que el Estado había realizado durante la desamortización del ministro de María Cristina, Juan Álvarez Mendizábal.

A partir de los 10 años, el joven Calvo se marchará a estudiar el bachillerato fuera de la comarca, unos estudios que concluirá a los 17 años. A esa edad se matriculó en la Facultad de Medicina de la Universidad de Santiago de Compostela, en donde, al igual que ocurriera en sus años de bachiller, va a destacar como un excelente estudiante en todas sus asignaturas. De hecho, conseguirá acabar las 24 materias que componían el currículo formativo de su etapa universitaria con la calificación de sobresaliente. Un mérito personal muy difícil de lograr cuando se tiene entre los profesores a médicos de la talla de Novoa Santos, Gil Casares, Blanco Rivero, Ulpiano Villanueva, Casimiro Torres o Rodríguez Cadarso.

Durante esos duros años de asistencia a clase, se despertaría en él la vocación por la docencia médica gracias al buen hacer de Roberto Novoa Santos, su profesor de Fisiología, y del eximio Miguel Gil Casares, del que será su ayudante en su laboratorio de Química, que le transmitirán su pasión por poner sus conocimientos al servicio de los demás. Este interés pedagógico le será estimulado posteriormente por otros grandes académicos y clínicos, sus profesores Gregorio Marañón y Jiménez Díaz. Leopoldo convertirá en realidad su aspiración docente años después para satisfacción propia y orgullo de sus alumnos.

Como era lógico, la mayor parte de su tiempo escolar lo debía pasar el joven Calvo fuera de Ortigueira, aunque siempre estaba dispuesto a participar en cualquier tipo de evento que se celebrase en su pueblo. Así es cómo se le verá, por ejemplo, formando parte de la directiva del Casino Ortegano, en 1922, junto a otros conocidos miembros de algunas de las familias más ilustres del pueblo, como Jesús Vaamonde, Manuel Sandomingo Lage, su primo Tomás Zumalacárregui Calvo, Alfonso Bouza Cabarcos, Manuel Teijeiro Caamaño, Eusebio Parapar Bellas (Cartagena) o Crisanto, Luciano Pita Romero y José María Casariego Dávila, o integrado en la comisión de fiestas en honor a la patrona Santa Marta, en 1927. Con todo este bagaje de actividades intelectuales y sociales a sus espaldas, a Leopoldo aún le quedaba vitalidad suficiente para desarrollar su faceta deportiva como futbolista en las filas del Foot-ball Club Ortegano.

En 1930 consiguió concluir sus estudios universitarios con el premio extraordinario de licenciatura a los 24 años. Un mérito que le añadirá, más si cabe, empuje a su decisión de personarse en Madrid con el fin de preparar su doctorado de la mano del excelente humanista y médico Gregorio Marañón. Los tres años de preparación de su tesis doctoral, los va a aprovechar Leopoldo para conquistar otras metas, como su especialización en las enfermedades del aparato digestivo en el reputado establecimiento hospitalario que el doctor Rubio tenía en la capital de España. Ello le supuso, además, entrar en contacto con el famoso profesor y médico Carlos Jiménez Díaz, quien ya por entonces andaba dándole vueltas a su proyecto de crear un centro de investigación en el que se conjugarán la docencia universitaria con el trabajo clínico hospitalario privado, y que fundará en 1935 con el nombre de Instituto de Investigaciones Médicas, el primero de España de estas características, y en donde Leopoldo Calvo coincidirá con el que más adelante será el prestigioso catedrático de Medicina Interna de Santiago, José Carlos De Oya Salgueiro.

Para completar su formación práctica, el todavía estudiante de Medicina Leopoldo Calvo pasará por las manos de otros prestigiosos galenos que pondrán a su servicio su valiosa colaboración. Entre ellos estaban: el profesor Tapia, jefe de la Unidad de Medicina Interna en el Hospital del Rey, con quien estudiará los problemas de la especialidad del aparato cardíaco y respiratorio, la tuberculosis y las enfermedades infecciosas, o el propio Gregorio Marañón, que le permitirá pasar consulta a algunos de los pacientes en su hospital especializado en enfermedades endocrinas y de la nutrición. En concreto, los enfermos que visitará Calvo Peña serán 26 pacientes afectados por problemas metabólicos, cuyos expedientes médicos le permitirán llevar adelante la tesis de doctorado titulada Contribución del metabolismo basal en la enfermedad de Adddison. Con ella, Leopoldo quería investigar los límites normales en los que se encontraría situada la acción de esta dolencia en los pacientes aquejados por ella. La u conclusión a la que llegará será que la acción del extracto cortical es inconstante sobre el metabolismo basal y, por tanto, no posee una influencia determinante en él. Su memorable estudio va a ser merecedor de la nota de sobresaliente cum laude por parte de un tribunal médico que estuvo presidido por el catedrático Enrique Suñer Ordóñez, y compuesto, además, por los vocales: Gregorio Marañón, Laureano Olivares y Sexmillo y Tomás Alday Redonnet, y el secretario Ricardo Ruiz Azcárraga.

Con esas credenciales formativas y clínicas, el nuevo doctor se sentirá con fuerzas para presentar, en 1934, su solicitud a la Junta de Ampliación de Estudios para poder acceder a una de sus becas internacionales. Los miembros de la Junta, una vez visto su magnífico curriculum, accederán a que se presente a las pruebas pertinentes para obtener la deseada bolsa de estudios en un centro de investigación extranjero. La beca para el curso 1935/36 estará dotada con “veinticinco pesetas de oro mensuales”, un dinero que al doctor Calvo le va a permitir ejercer la especialidad de Medicina Interna en Alemania.

Durante su permanencia en el estado centroeuropeo, Leopoldo, además de aprender el imprescindible idioma alemán, se convertirá en un alumno aventajado de la Clínica Universitaria de Gottingen, en el lander de la Baja Sajonia. Para tutelar su nueva etapa formación se le asignó al profesor Hermann Straub, quien será para él como su sombra durante su residencia en el citado hospital. Sus avances en todos los terrenos le serán evaluados con unas excelentes notas por su supervisor. Una acreditación que le va a servir para solicitar de la Junta una ampliación de su beca incial de 11 meses en otros 7. Pese a todo, Calvo no podrá consumar toda su estancia teniendo que regresar en España a causa del levantamiento militar del general Franco.

A su vuelta, el Colegio Médico de A Coruña le propondrá para ser designado Miembro de Honor del Colegio Médico de España. Una distinción a la que sumará la de ser nombrado director del Hospital Militar de Lugo, al frente del cual pasará sus primeros años de experiencia médica directa, y en el que recibirá a los soldados heridos en los combates de la Guerra Civil.
En la década siguiente, Leopoldo se trasladará a A Coruña para abrir allí una consulta, y algún tiempo después, preparar las oposiciones a médico especialista en Endocrinología y Nutrición de la Seguridad Social. Tras presentarse a éstas, obtendrá su plaza con el número uno de la promoción de su provincia, siendo nombrado médico funcionario el 15 de diciembre de 1947, convirtiéndose así en un facultativo que deberá alternar su actividad profesional pública con la privada.

Durante su vida profesional, Leopoldo Calvo formó parte del consejo de redacción de la Revista Medicina Española, que dirigía su maestro y amigo Jiménez Díaz, y también escribió algunos buenos artículos en los que expuso sus abundantes conocimientos clínicos.

En 1972, será uno de los primeros profesores que ejerza de docente en la recién inaugurada Escuela Universitaria de Enfermería. Su ansiado nuevo puesto lo desempeñará como un profesor exigente, como él mismo reconocerá, aunque sin ser demasiado duro con sus alumnos, pues consideraba que más que el médico quien enseña es el enfermo. Ante él, el galeno sólo un mero receptor y analista de sus síntomas para prescribir su diagnóstico.

A la hora de su jubilación académica, sus alumnos y los miembros del personal universitario le ofrecieron un gran homenaje en el que le manifiestarán sus simpatías, y en testimonio de este afecto, le nombrarán Profesor Honorífico de la Escuela de Enfermería-, un título que recibirá en forma de una placa conmemorativa del acto de manos del rector de la Universidad compostelana José María Suárez Núñez.

Sin embargo, su retiro docente no supuso el punto final a su carrera profesional, ya que seguirá manteniendo abierta su consulta particular hasta poco antes de morir a los 79 años, el 10 de abril de 1985 en Ortigueira.

Toda su vida Leopoldo Calvo fue un monárquico convencido, manteniendo la tradición familiar iniciada por su abuelo, el notario José Antonio, y continuada por su padre, Dámaso. Su tendencia política quedo puesta de manifiesto en su lealtad a los miembros de la familia real, a los que visitaba en Portugal, durante el exilio de don Juan de Borbón en Villa Giralda (Estoril). Su devoción a la causa realista la dejó patente en su consulta donde conservaba, en plena dictadura franquista, algunos cuadros con retratos de los reyes y de S.A.R. el Conde de Barcelona.

En el apartado familiar, hay que decir que Leopoldo estuvo casado con la bella ortegana Uxa Prieto Díaz, a quien el escritor Álvaro Cunqueiro le había dedicado el poema Por un mar de naranjos, durante su breve estancia en Ortigueira. El matrimonio concibió cuatro hijos: Dámaso, el mayor, que seguirá la carrera de Derecho, como su abuelo, y que acabará siendo general jurídico militar; Leopoldo, coronel médico militar, que profesionalmente terminará ejerciendo de director del hospital militar de Melilla, tras haber participado con anterioridad en la 4ª Rotación a Afganistán, con base en Bagram, en la operación Libertad Duradera como jefe de la UMAD y, posteriormente, como jefe de Sanidad a borde del Buque de Aprovisionamiento de Combate Patiño; José Antonio, también licenciado en Derecho, con bufete particular en A Coruña y Ortigueira, y, por último, su única hija, Rosario, licenciada en Geografía y Historia
Veintitrés años después de su fallecimiento, el Museo do Pobo Galego realizará la exposición Redes de Coñecemento, organizada por el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), el Ministerio de Educación y la Fundación Caixa Galicia para conmemorar el centenario de la Junta para Ampliación de Estudios (JAE), y rendirles homenaje a aquellos alumnos e instituciones que impulsaron la investigación científica en Galicia. La muestra estuvo abierta al público entre el 14 de febrero y el 25 de marzo de 2008 en Santiago de Compostela, tras pasar por Vigo y A Coruña.

El nombre que se le concedió a la exposición quería plasmar la labor desempeñada por la JAE en la creación de una nueva comunidad científica interconectada entre sí desde los distintos puntos en los que se desarrollaban sus conocimientos. En su día, su coordinador, José Fraga, diría que “O feito de que os investigadores galegos asistisen aos principais centros do estranxeiro é absolutamente revolucionario”, a lo que añadirá que los estudiantes becados “foron o elemento básico no panorama científico galego”, para terminar apuntando que los efectos de esta revolución se comprobarían 20 años después, al convertirse la Universidad de Santiago de “unha institución de desenvolvemento docente” en otra de "actividade investigadora”. En este sentido hay que decir que el ortegano Leopoldo Calvo Peña fue un dinamizador más de la investigación universitaria y de la práctica clínica.

Suárez Sandomingo, José Manuel
Suárez Sandomingo, José Manuel


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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