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De playa en playa

martes, 17 de septiembre de 2013
Dice una tradición entre gentes que viven a la orilla de la mar, que septiembre es un mes mágico para prevenir las dolencias del cuerpo durante los largos inviernos del norte. Además, el número nueve es signo especial, señala el número a los iniciados y para los profetas. Nueve cabezas tenía la Hidra. Nueve son las noches que pasa el Dios Vikingo, Odín, colgado del árbol para obtener el secreto de la runas.

Nueve baños en el mes que despide al estío y comienza a poner colores ocres en la madre tierra, para que las lluvias de otoño, hagan brillar el toxo que pintó de amarillo a nuestra primavera. Septiembre mes de la vendimia, del esplendor en los maizales, de las mejores manzanas. De las mareas vivas que depositan algas para perfumar nuestras hermosas playas.

Primer baño en A Cova. Entre el Portiño de Morás y la playa de Lago. Arenas blancas vigiladas por esos dolos que son bucaneros transformados en piedra por una moura enamorada de su capitán, al que puede verse sumergido en las claras aguas de la cala recóndita, sólo para los elegidos con capacidad para mojar su alma mientras se sueña con un tesoro escondido, quizá en esos pecios hundidos en esta mar.

Segundo baño en La Marosa. Refugio para los días con nordeste. Playa de Burela, cortesía de los habitantes de Santa María de Cervo. Lleva el nombre de una poetisa. Marosa de Giorgio. Esta uruguaya que traslada desde su mundo interior, un hermoso discurso a la naturaleza, la mitología y el misterio, como en Mesa de Esmeralda, el color que impregna la mar, entre espuma blanca que muere en la orilla.

Tercer baño en Portonovo, entre Xove y Viveiro. Lugar virgen de arena blanca. Aguas claras para practicar el nudismo. Confieso me encontré con el Profesor Colosía, y nos pusimos a recordar el séptimo centenario de Bocaccio, su obra el Decamerón, su conocimiento excelso sobre la Comedia de Dante, y su capacidad para describir a los dioses de la mitología.

Aparece la niebla. Buen momento para acudir al arenal de Auguas Santas. Una multitud de peregrinos parecen escapar a la subida de la mar, tras invadir las bóvedas de las Catedrales. Pero, llego a tiempo de fotografiar los efectos solares de la brétema entre el agua y cada arco. Para descansar, nada mejor que el baño del cuarto día, en un lugar al lado de casa. La Caosa.

Quinto baño, en La Areoura que pertenece a Foz, aunque la ocupen los de Burela. A la derecha, la cala de Los Alemanes. A la Izquierda, la cala del Cantiño. Su nombre, en relación al pasado aurífero del valle que forma el río Oro. Material del que disfrutan los orfebres castreños para realizar el Torques, adorno distintivo de autoridad en sus fiestas Dispone, a la bajamar, de una hermosa entrada de arenas blancas que invitan al recogimiento.

Dice el pueblo que cada ollo mao son lágrimas de una sirena cuyo hogar, en una isla, se hundió para siempre, perdiendo la oportunidad de ver al amor de su vida, un marinero que la saludaba desde la cofia del bergantín-goleta.

Bañarse en las playas o playa a la bajamar en el territorio de Barreiros es, pasear buscando los opérculos de la concha de una Astrae Rugosa, cuyo contacto con la piel, produce energía positiva. Sexto baño en la gran playa de A Mariña.

El séptimo baño de este septiembre de luces tangenciales, todavía con innumerables fiestas y romerías, lo celebro en El Caolín. Playa sobre la que se apoya el dique del puerto de Vicedo, y que permite disfrutar del lado coruñés de la ría del Barquero.

Octavo baño en Portocelo. Es como si de un lago se tratara. Siento el influjo de aquellos monjes del Monasterio de San Tirso que cristianizaron el Castro Celta que mira a la isla de Ansarón y al Cabo de Morás. Allí, dónde espiaba sus culpas aquel noble que se sentía atormentado por la muerte de su amada, convertida por una deidad celta en sombra que guarda las plegarias, nonas y maitines de la Santa Compaña.

Noveno y último del rito. Necesito buscar el Ara Solis del norte. Y me baño bajo la sombra protectora de A Igrexa Vella, en la playa de La Concha de Bares, a la vista de la Coelleira, desde dónde venían los caballeros templarios a procesionar por las almas de los muertos en la mar. El sol se zambulle en el horizonte marino, que en su baño por poniente, me marca el camino de la luz hacia el infinito, desde la punta más al norte en la península Ibérica, razones para el vigía-faro en su inmortalidad al servicio de los mareantes.

Recordaba Álvaro Cunqueiro. "Todo el mar que tiene Lugo es mindoniense, con una suite cortés de ríos humedeciéndole al país mariñán la frente".
Quizá por esta razón, en las postrimerías del verano, a las puertas del equinoccio de otoño, que se impondrá a las 20.44 horas del 22 de septiembre, antes de que se haga oficial el cambio de estación, el antiguo reino de Galicia, acude a la sede de la Diócesis de Britonia, para rendirle la pleitesía propia de su historia y decanato al sur de Europa, el día de Los Remedios, en la Alameda del Castro de Mindonieto, cerca del Hospital de San Pablo, hospedería en el camino a Compostela.
Y así, un año más, un año menos...
Mosquera Mata, Pablo A.
Mosquera Mata, Pablo A.


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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