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Estuve en Santiago de Chile

jueves, 12 de septiembre de 2013
Formaba parte del Parlamento Vasco, en su segunda legislatura, electo por Alava. La Internacional Demócrata Cristiana, presidida por Andrés Zaldívar, descendiente de vascos, hizo un llamamiento-invitación a los parlamentarios del mundo libre para que acudiéramos a la asamblea de la civilidad, en aquel Chile gobernado por la junta militar del general Pinochet, tras el golpe de estado un 11 de septiembre de 1973.

Así, una delegación del Parlamento Vasco formada por: Patxi Ormazabal (PNV), Xavier Gurruchaga (E E), Jesús Eguiguren (PSE) Pablo Mosquera (CP) Juan José Pujana (Presidente) y dos escoltas de este último, salimos de Bilbao-Madrid, con destino a Santiago de Chile en la primavera de 1986.

Era Lehendakari en la Comunidad Autónoma Vasca, Carlos Garaicoechea.
Nada más llegar y con el avión recién aterrizado en la terminal, se presentó el embajador de España en Chile, para comunicarnos que no aconsejaba nuestra presencia en el país, la situación era mala en relación a la asamblea parlamentaria, incluso había un reciente cruce de declaraciones entre el líder de Euskadiko Ezkerra (EE) Juan María Bandrés y el Ministro de Interior del gobierno Pinochet que habían puesto en boca de este último, serias amenazas para nuestra seguridad, en un país muy convulso contra la dictadura que había derrocado al presidente Salvador Allende, un 11 de septiembre de 1973.

El viaje, duró una semana, sin movernos de Santiago de Chile, y me sirvió para aprender dos cuestiones. En Europa, la vida humana es un bien respetado y garantizado por los poderes públicos; situación que nada tenía que ver con la ausencia de tal garantía en el Continente Latino Americano. La libertad es el más preciado de los bienes, sin tal, no merece la pena vivir, ya que la cultura democrática produce el peor de los malestares, que hace insoportable la ausencia de libertad.

En lo personal, no hay nada que una más a las personas que, el peligro de ser víctimas de un Estado fascista, así aquella delegación que no teníamos nada en común, desde que comenzó a sentir el peligro de la situación chilena, nos hizo ser y comportarnos como si fuéramos del mismo partido político.

Más adelante, se repetiría a mayor escala, en Euskadi, y frente al terrorismo, con una muy especial coalición de gobierno en Alava, que nos permitió constituir el primer gobierno constitucionalista del país vasco, mediante un gran acuerdo, en el que participaron: PP,PSE, PC, UA, y del que formé parte y fui miembro de tal gobierno (1999-2002).

Pero volvamos a Santiago de Chile, ese que inmortalizaron tres películas: "Desaparecido", "Llueve sobre Santiago" , "La batalla de Chile". Un personaje que nos llama a celebrar una asamblea, a pesar de la dictadura y sus métodos, dando la impresión de una cierta apertura del "régimen" impuesto gracias a la participación de la CIA. Así conozco a los hermanos Zaldívar Larraín, Andrés, Alberto y Adolfo. El primero, hombre menudo de mirada viva, con unos antecedentes políticos muy precoces, que le llevaron a ser ministro del antecesor de Allende, Eduardo Frei Montalva, con tan sólo 30 años, y que sería presidente de la internacional demócrata cristiana hasta después de la asamblea en la que tuve el honor de participar.

En un hotel del centro de Santiago, nos alojaron, nos reuníamos, nos visitaban los miembros de la oposición clandestina al "régimen militar", nos desplazábamos a los lugares prohibidos, en especial a las llamadas poblaciones, versión chilena del chabolismo periurbano que había conocido en El Pozo del tío Raimundo en la España del general Franco, nos ilustrábamos sobre causas, motivos, posiciones políticas, que dieron lugar al golpe militar iniciado en Valparaíso, contra Salvador Allende, y como fueron las últimas horas entro del Palacio de la Moneda.

El hotel convencional, estaba infiltrado por la policía secreta, rodeado por los carabineros y aislado por el ejército chileno con sus caras pintadas y sus ametralladoras de gran calibre, apuntando a los viandantes.

La primera tarde en Santiago, estuvo a punto de terminar mal. Nuestro paseo por las calles centrales de Santiago, realizando compras, terminó con carrera hacia el hotel, perseguidos por los carabineros, que debían tener orden de vigilarnos y no darnos la oportunidad de entrar en contacto con el pueblo.

La visita a las poblaciones, estaba terminantemente prohibida a los extranjeros. Según la autoridad, allí se refugiaban los terroristas, y ello justificaba "sacas" del ejército o de los para militares, previo corte del suministro eléctrico. A pesar del aviso, Gurruchaga, Ormazabal, Eguiguren y yo, fuimos trasladados por miembros de la organización de la Iglesia Chilena, oposición al régimen militar. Pudimos comprobar la miseria, la falta de lo imprescindible para la dignidad humana, en aquellas casuchas de barro y uralita, dónde las estancias estaban divididas por cortinas, y se practicaba la solidaridad contra el hambre de la "olla comunitaria", como en el Pozo del tío Raimundo, aportando lo que cada cual tenía o había conseguido entre las ayudas del comisionado episcopal, algo así como nuestro Cáritas Diocesanas".

Al regreso al hotel tras la aventura -debían habernos seguido- una furgoneta del ejército nos detuvo y nos identificó, queriendo que subiéramos al vehículo, razón por la que nos negamos y amenazamos con armar un escándalo en mitad de la calle. Por lo que el oficial, pidió instrucciones al mando y nos dejó seguir a nuestros alojamientos. Aquella madrugada, me desperté en mi habitación, con la presencia de dos individuas y una dama, que me incitaban a acompañarles a una furgona de la policía que al parecer aguardaba en la calle. Me negué y grité, por lo que salieron de estampida de mi cuarto, dónde habían entrado sin llamar a la puerta...

Los habitantes de Santiago, sabían de la Asamblea, aunque sólo fuera por los insultos y amenazas que nos dedicaba el gobierno, de ahí que convocaran una manifestación popular para entrar en contacto con los Parlamentarios del mundo libre. Y así fue. Tuve la oportunidad de presenciar y participar del evento libertario.

Como los tres cuerpos represivos (policía secreta, policía uniformada y ejército) no permitieron que se aproximaran al hotel, los Parlamentarios decidimos ir a su encuentro. Aquello fue inimaginable. Nos apalearon, nos gasearon, no pudimos ver más que soldados con la cara pintada que nos golpeaban con sus armas y nos amenazaban con dispararnos. Como consecuencia de la inhalación de aquel gas verdoso, que habían importado de frica del Sur, estuve dos semanas con gastroenteritis.

En aquellas jornadas, en el interior del hotel, además de elaborar el manifiesto, tuve la oportunidad de escuchar muchos testimonios de chilenos comprometidos con la democracia. Unos, se sentían culpables por haber sido instrumentos necesarios que llevaron a un ejército que formaba casta aparte con la sociedad, con mentalidad germanófila, a salir de sus cuarteles para devolver "el orden" al país. Otros, relataban como habían sido los últimos momentos en el Palacio de la Casa de la Moneda, antes del bombardeo ordenado por la junta militar ante la negativa del Presidente de la República, a entregarse a los golpistas.

Tuve la oportunidad de conocer a la delegación enviada por La Argentina. Y lo mejor. Uno de sus miembros que había estado encarcelado con mi primo hermano Pepe Mosquera, me dio la gran noticia de su próxima liberación, tras dos años desaparecido por su militancia justicialista.

El embajador de España en Chile, Miguel Solano Aza, nos invitó a una recepción en la sede diplomática de España. Lo hizo para quitarnos de en medio. Tenía miedo que alguno de los miembros de la delegación del Parlamento Vasco sufriera una de aquellas constantes "desapariciones". La noche se caracterizó por disponer de todos los elementos del terror. Hasta un pequeño terremoto, harto frecuentes en la capital chilena. Amén del correspondiente corte de suministro eléctrico para que la policía de Pinochet, pudiera campar a sus anchas en los métodos represivos.

Nuestra salida de Chile fue vergonzosa. Abrieron las maletas de toda la delegación y robaron los objetos de valor que se habían adquirido. Se libró, una pieza de lapislázuli que llevaba en mis bolsillos. Al tomar tierra en el aeropuerto de Sondica en Bilbao, nos estaban esperando todos los medios de comunicación para que explicáramos la experiencia vivida en aquel lugar del mundo latino americano, al que los yanquis a través del ejército chileno, había condenado a una vergonzosa dictadura militar, por otra parte, muy frecuentes en América del sur.

Han pasado 40 años de aquellos lúgubres acontecimientos, en los que me impliqué siendo parlamentario del mundo libre, un junio de 1986.
Mosquera Mata, Pablo A.
Mosquera Mata, Pablo A.


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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