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Cuando 29 es más que 92

martes, 03 de septiembre de 2013
No les conté nada de las vacaciones. Ya que estamos en intimidad les diré que nos dio la venada de ir a Torremolinos, en plan setentero, un viaje que realmente te hace valorar muchísimo el mar que tenemos en Galicia.

Pero no les hablaré hoy de eso en concreto, sino de otro sitio que visité haciendo la Ruta de la Plata. Paramos en Zamora, muy bonita por cierto, en Cáceres, espectacular (creo que es lo que más me gustó del viaje) y en Sevilla de camino a Torremolinos, que está a escasos quilómetros de la ciudad de Málaga. Pues de Sevilla les hablaré.

Exposición del 29

La capital de Andalucía es uno de los destinos más turísticos de España, y sin duda uno de los lugares más reconocibles de nuestra tierra gracias a las sevillanas, el barrio de Triana y la enorme publicidad que se hace de esta ciudad. Pero también, y es en lo que me voy a centrar hoy, es el ejemplo más claro que conozco de cómo funciona nuestra sociedad ahora y cómo lo hacía cien años.

Verán, en Sevilla se celebraron dos “Expos” famosas, la Exposición Iberoamericana de 1929 y la archiconocida Expo 92. Han pasado más de ochenta años desde la primera, y más de veinte desde la segunda… hablemos de sus herencias.

Plaza de América - Exposición del 29

La Exposición del 29 dejó en Sevilla el monumento más visitado de la ciudad, que no es ni la Torre del Oro, ni la Giralda, ni la Catedral, es la Plaza de España, que se puso más aún de actualidad porque ahí se rodaron algunas escenas de Star Wars. Es un lugar espectacular, una plaza abierta, llena de detalles, de impresionantes mosaicos de azulejos, de encanto y atractivo. Completa los ya anteriormente existentes jardines de María Luisa, portentoso parque que era el jardín del Palacio de San Telmo y que fue donado a la ciudad por la infanta María Luis Fernanda de Borbón, duquesa de Montpensier, de ahí el nombre del parque.

La Exposición del 29 también dotó a la ciudad de una serie de pabellones que hoy día se utilizan para las más diversas actividades. Desde museos, hasta casas particulares, pasando por clínicas, sedes de empresas, bancos… Nada se ha desaprovechado, y cada uno de los antiguos pabellones era una pequeña obra de arte que convirtió un área enorme de la ciudad en un auténtico paseo de las delicias.

Pabellón abandonado - Expo 92

La Expo 92 costó a las arcas públicas un billón de pesetas, con B, de las de hace más de 20 años (las obras duraron lo que duraron). ¿Qué ha dejado a Sevilla? Unas excelentes comunicaciones con Madrid y un montón de pabellones abandonados, llenos de hierbajos y maleza, de monorraíles abandonados, un paisaje desolador que, inexplicablemente, las rutas turísticas incluyen como si la desastrosa gestión post-expo fuera algo digno de enseñar en lugar de un asunto a resolver.

Fui con la ilusión de ver de cerca un Ariane, que uno es fan de esas cosas y le impresionan los cacharros que hemos tenido dando vueltas fuera de la Tierra, y me encontré una chatarra en medio de un solar abandonado.

Vagones del Monorraíl - Expo 92

Después de ver la sede de la NASA en Houston y cómo cuidan allí de su historia (esa de la que nos cachondeamos por reciente pero que deberíamos aprender a valorar porque la soberbia es una cosa muy fea) a uno se le cae el alma a los pies viendo que aquí lo que no tenga 500 años parece no ser digno de protección.

Canal de los Descubrimientos - Expo 92

Pero ya no se trata únicamente de eso, sino del despilfarro, del “ya pasó la Expo ahora ya da igual”. ¿Si nos dan los Juegos Olímpicos de Madrid 2020 haremos lo mismo? ¿O seguiremos el ejemplo de Barcelona, que utilizó la Olimpiada del 92 para poner a punto la ciudad y “recicló” sus edificios? Económicamente la cita en Barcelona fue un éxito, mientras que por ejemplo la de Atenas supuso todo lo contrario. Quizás el secreto está en quién gestiona el tema, y por mucho que digan algunos de los catalanes tenemos mucho, muchísimo, que aprender de ellos.

Supongo que muchas de las personas que visitan Sevilla se llevarán la misma impresión que yo: que parece que ahora se hacen las cosas peor que hace casi un siglo. Será porque de aquella había que aprovechar todo, y porque había otro concepto sobre “el día después de”.

Sevilla ha heredado una gran fortuna cultural y urbanística de la Exposición Iberoamericana del 29. No tanto de la del 92. Es para reflexionar. 29 y 92 son un espejo, una contradicción, pero parece que en este caso 29 es más que 92.
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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