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Desde La Cova hasta Candaoso

martes, 16 de julio de 2013
Vientos del norte. Traen a la brétema. Esa hermosa palabra gallega que fue maldición para los antiguos navegantes, convirtiendo las costas del antiguo reino de las siete sedes episcopales, en costas da morte, con leyendas de raqueiros y sirenas, castillos de mouras, castros cristianizados bajo el poder del feudalismo episcopal.

Calor y aguas saladas que purifican nuestro cuerpo en playas desiertas. Escojo una recóndita cala. Es uno de los privilegios de ser de aquí y vivir sin prisas, acariciado por el viento preñado de salitre. A Cova. Hay que llegar a Cavo Morás, bordear la antigua ballenera de los Massó. Caminar entre dolos, que parecen piratas normandos transformados en gigantes de piedra por el encantamiento de Merlín. Justo, dónde termina el camino, mirando al arenal de Lago, se produce la aparición. Un arenal blanco, entre mar transparente, mientras unas cuevas en el muro de contención, antes de la playa, parecen esperarnos para encontrar el tesoro del bucanero cuya cabeza sobresale de las aguas.

Tras el baño, leo el recordatorio del 700 nacimiento de Giovanni Bocaccio. El que nos deleita con sus cuentos del Decamerón, a pesar de los esfuerzos de la Iglesia. El que mejor conocía la Comedia del Dante, y la califica de divina. El que escribe una maravillosa genealogía de los llamados "dioses paganos".

Y hablando de divinidades, los celtas asociaron al caballo con el culto a Epona. Así, carro, caballo y espada de hierro, son instrumentos indispensables para su avance por el mundo. Los seguidores de la divinidad doméstica, promovían la cría del caballo, que les daba abundancia y prosperidad. En numerosas tumbas irlandesas, aparecen cabezas de caballos negros, era el ritual de protección contra demonios y malos espíritus.

Acudo a la cita del curro de Candaoso, en San Andrés de Boimente, territorio de Viveiro. Busco ese espíritu legendario celta en los garañones y sus crías, que son acosadas por el hombre, como si en cada rapa, hubiera una demostración sobre quién manda en la manada.

Al regreso, con el calor del verano que llega tras una muy lluviosa primavera, escucho el canto a la libertad del Nabuco de Verdi, en su bicentenario eterno, en unos momentos en los que el sur de Europa necesita recuperar su soberanía, frente a la Alemania de Wagner, de quien también celebramos bicentenario.
Mosquera Mata, Pablo A.
Mosquera Mata, Pablo A.


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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