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El convento de Santa María A Nova

jueves, 04 de julio de 2013
Memoria de Lugo. Los conventos y sus iglesias

El convento de Santa María A Nova

Muchos monasterios femeninos tuvieron un origen familiar. En ellos ingresaban las viudas, e incluso sus hijas y miembros de la misma familia, con sus dotes para su mantenimiento. Los conventos aumentaban sus bienes con las donaciones que hacían los parientes para futuras monjas de la familia.

Las mujeres de alto linaje o real que quedaban célibes, permanecían en la casa paterna hasta que pasaba la edad de la procreación, estimada en los 25 años. Después solían ingresar en un monasterio, elegido por sus padres. En ocasiones entraban en la pubertad, cuando aún eran niñas, para protegerlas de los peligros del mundo.

Los monasterios se organizaban jerárquicamente, dirigidos por la abadesa, que era elegida por el conjunto de las conventuales cuando fallecía. Tenía poder, no sólo entre los miembros de la comunidad, sino también entre los campesinos que llevaban en foro sus tierras. Le seguían las prioras y las subprioras, después las freiras o monjas y sus sirvientas.

El control de los conventos estaba a cargo de los priores de las órdenes de las que dependían, que ejercían las funciones sacerdotales, algunas económicas y de mando. El obispo y los enviados de la regla, estaban en la escala superior de la jerarquía.

La fundadora del convento de Santa María A Nova, fue doña Sancha de Bolaño, hija del caballero Juan Sánchez de Bolaño y viuda del hidalgo Ares Méndez de Grandas. Se le conocen, por lo menos, una hija llamada Constanza Méndez, y un hijo, Fernán Pérez de Bolaño. Era una rica dama que tenía su señorío en la villa de Santiso y Sante, feligresía de Santalla de Oscos, en la zona occidental de Asturias, propietaria de las herrerías de Monte Alegre. Pero también tenía propiedades en Cervantes y en el valle de Cancelada. En 1362 ya aparece como priora del monasterio.

Con la autorización de fray Fernando, provincial de los dominicos, el 19 de febrero de 1363, partía de Santiago doña Juana Estévez, priora de Belvis, acompañando a la primera comunidad formada por doña Leonor Sánchez, doña Teresa Vázquez, doña Teresa Eaenes o Yáñez, doña Constanza López y doña Sancha López, que son las fundadoras del que llamaron Mosteiro das donas de Santa María a Nova, para diferenciarla de la catedral también bajo la advocación de Santa María.


El 26 de febrero de 1363, el obispo fray Pedro López de Aguiar, que ingresó en el convento de Santo Domingo de Lugo en los primeros años del siglo, dona a sus hermanos los frailes predicadores, las casas con sus huertos y la cortiña inmediata a ellos, situadas en Burgo Novo, para que en ellas se fundase el convento. Por el lado E, la separaba el camino que unía Burgo Novo con San Marcos, lo que más tarde se conoció con el nombre de Carril das Campás, actual Progreso.

El 7 de julio del mismo año, los frailes donan estas propiedades junto con los bienes remanentes del escudero Gómez Aras de Pallares, cedidos al obispo el 4 de enero de 1357, a doña Sancha, fundadora del convento, y doña Juana Estévez, priora del de Belvís en Santiago.

Como ayuda para los cimientos y para la cerca, les dan 3.040 maravedíes, que Gómez Aras debía al convento de Santo Domingo, así como todas las heredades, casares, juros y posesiones, con la condición de que en ellas fundasen un monasterio de monjas de la orden de los predicadores o dominicos.

Siervas de Jesucristo obedientes al convento de Santo Domingo

El convento no podía recibir a monjas de otra orden ni dar hábito sin autorización del obispo, del prior de las monjas, del prior, de tres frailes antiguos y de los doctores pro tempore del convento de Santo Domingo. En caso de incumplimiento lo devolverían todo.

La priora doña Sancha y sus compañeras de comunidad, reconocen que reciben de la Orden de Predicadores todos los bienes fundacionales, se comprometen a cumplir lo estipulado y que el prior y frailes de Lugo poseyesen el lugar y monasterio fundado disponiendo de el a su voluntad, a vivir bajo la obediencia de la Orden, sus constituciones, del maestro de la Orden y del prior provincial, sirviendo a Jesucristo, del que se declaran sus siervas.
De Abel Vilela, Adolfo
De Abel Vilela, Adolfo


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