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Falsas primarias

martes, 23 de abril de 2013
Llevamos ya un tiempo hablando de las primarias del PSOE en Galicia, y me llama poderosamente la atención que ningún periodista, militante, afiliado, amigo, enemigo, fraile o sacristán haya puesto sobre la mesa un manifiesto error de base de todo este tema: en el PSOE no se habla de primarias.

Verán, unas elecciones primarias son aquellas en que un partido elige a su candidato a para competir con otros por un puesto. Por ejemplo, las más conocidas por todos (lo que hace el cine) son las de los americanos, en que demócratas y republicanos, cada uno por su lado, eligen a un candidato para pelear por el premio gordo, que es la Casa Blanca. Curiosamente en el sistema estadounidense de partidos, el más bipartidista de cuantos bipartidistas hay, los afiliados de base no votan al candidato sino a una serie de “compromisarios” que son los que, a su vez, eligen al candidato.

En España esto se da con mucha más frecuencia de lo que parece, sólo que es un tema más formal que de fondo. Los compromisarios que eligen las bases de los partidos suelen tener sus opciones limitadas a una única lista, con lo que la elección pierde bastante interés.

Pero es que en el caso del PSOE gallego, que actualmente nos ocupa (a unos más que a otros) no hay tales elecciones primarias, ya que la persona a la que se elige no es candidato a nada, sino simplemente (sin ánimo de minusvalorar) será el secretario general de los socialistas gallegos.

Dar por sentado que esa persona será la que encabece la candidatura a presidir la Xunta de Galicia es dar por bueno que otros partidos (el PP para que nos entendamos) no tengan elecciones internas para ese tipo de cosas, lo que los de la rosa llevan criticando desde que el mundo es mundo.

La democracia en los partidos políticos es más formal que real, y sólo hay que ver la escasez de competidores que suele haber por los puestos cuando hay una urna de por medio. Otra cosa es entrar en las “listas” para concejal o diputado, que ahí hay navajazos y dentelladas, pero porque sólo hay que convencer a una persona (el “candidato”) y no a un colectivo de votantes. Es llamativo, la verdad.

Surgen ahora movimientos de iluminados que portan la antorcha de la verdad, en que se nos pretende abrir los ojos sobre estos extremos. Alguien debería decirles que ya los conocemos, sólo que hay muy poca gente que se atreva a dar un paso al frente y presentarse dentro de cada partido para cambiar esto, principalmente porque si consigue la batuta de director es muy tentador no modificar nada.

Suele pasar esto con los partidos que piden más democracia en las administraciones… hasta que gobiernan. Entonces se les pasa la fiebre revolucionaria y se instalan en la cómoda autocomplacencia que da el poder absoluto, tan peligroso como su nombre indica.

En España de democracia sabemos muy poquito, y por eso llamamos primarias a lo que no son primarias. No sé si será porque somos un país que está de vuelta de todo, pero parece que estamos más dispuestos a dejarnos guiar que a sacar el pie de la cama para dar una patada a ciertos sistemas, salvo para protestar, claro, pero eso lo hacemos igual por todo.

No me hablen de que la culpa es de los partidos. La culpa es de todos. ¿Cuántas asociaciones conocen que han surgido porque quien las encabeza perdió las elecciones en otra? El “pues si no gano me marcho y monto otra” es el pan nuestro de cada día, la culminación del endiosamiento de quien no sabe aceptar que una de las cosas que tiene la democracia es que a veces ganan otras personas.

Yo perdí elecciones en asociaciones y no me marché para crear una alternativa. Me quedé y ayudé en todo lo que pude al vencedor. Eso es lo que significa acatar lo que decide la mayoría, porque aunque se puede equivocar (no creo en ese rollo de la “infalibilidad del pueblo”, miren la que liaron en Alemania en los años 30) es lo único que se puede hacer en una sociedad democrática.

Esto funciona así, y si no les gusta les queda el recurso al Golpe de Estado, que aquí ya los hemos tenido, y entonces nos veremos en las trincheras.
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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