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Un artículo que no va a gustar a casi nadie

martes, 19 de marzo de 2013
Ya se lo había dicho alguna vez, pero hoy vuelvo a sentirme idiota. Verán, cuando las cosas iban bien y el dinero salía de debajo de las piedras en el banco me estuvieron intentando convencer, literalmente hablando, de pedir una hipoteca mayor de lo que necesitaba. “No seas tonto”, me decían, “si pides más te lo damos igual y puedes cambiar el coche o hacerte un buen viaje con la financiación más barata que vas a tener nunca”. Y yo seguía siendo tonto.

También a la hora de elegir piso, dadas mis limitaciones económicas, me busqué uno bien situado y grande, pero antiguo y sin ascensor porque no me podía permitir otra cosa. Algunos me miraban raro por no cogerme un dúplex en la Aceña de Olga, que por lo visto es lo más, y en el mismo banco también me decían que estirase más el tema, que no había problema para la financiación. No quise.

Hoy, aquellos que con sueldos similares o peores que el mío y que sí se metieron a gastar a lo loco lloran por los rincones administrativos y de los medios de comunicación porque los desahucian. Han convertido su imprudencia y su atolondramiento en un problema nacional, en algo que “la sociedad y las administraciones” han de arreglar porque “viven una situación dramática”. Me van a permitir la expresión, pero… ¡hay que joderse!

Antes de que me suelten a los perros permitan que les aclare un par de cosas. La primera es que las generalizaciones son lo que son, ya saben que no suelo usarlas porque no me gustan. La segunda, vinculada a eso, es que no critico que se luche contra los desahucios en general, sino que creo que hay que estudiar caso por caso y ver las causas de por qué se ha llegado a esa situación.

Cuando una pareja que cobra 2000 euros entre los dos se mete a una hipoteca de 800 o 900 el problema no es social ni estatal, es un problema privado. Hay que ser un poquito previsor y, a menos que los dos sean funcionarios de carrera y tengan el puesto garantizado, prever la posibilidad de que uno pierda el empleo sin que eso implique la ruina directa.

Ya sé, ya sé, los pisos son muy caros… depende de qué piso queridos amigos. Como comprenderán a mi me gustaría tener una casita de la calle Orense con mi jardín y mi pastor alemán, pero no puedo pagármelo y me tengo que conformar con una alternativa realista. También me gustaría tener un Morgan biplaza y una berlina para los viajes, pero la Primitiva se me resiste y no me veo en Gran Hermano haciendo el payaso para ganar dinero fácil.

Hoy el secreto es saber llorar. El caso de la pobre anciana de La Coruña que vive en un piso de renta antigua por cuatro perras y que dejó de pagar el alquiler nos conmovió a todos. Tanto es así que le ofrecieron una plaza en una residencia, a la que renunció y una vivienda social, que tampoco le gustaba porque prefiere vivir en el centro. ¡No te jode! ¡Y yo!

Lo mismo pasa con las preferentes, los sellos de correos y otros espejismos del boom económico. Si hubiera salido bien y fuera rentable les garantizo que nadie abriría la boca. Pero no, eran estafas y toca que pague Juan Pueblo. Nos parece fatal que rescaten a los bancos (a mi también me parece una tomadura de pelo) pero al tío que metió dinero en productos bancarios nos parece muy bien que le devuelvan la pasta de nuestros impuestos. Pues a mi no. Que denuncie al banco por estafa, que es lo que es, y que éste responda ante la justicia.

La gente que va a trabajar todos los días, es prudente con sus gastos, ahorra, no se embarca a créditos que no sabe si podrá pagar, ni hipoteca su vida para vivir por encima de sus posibilidades, ni pide préstamos para irse de vacaciones sin haber terminado de pagar el del año anterior o para la primera comunión del niño… es idiota. Es lo que demuestra la cínica y absurda sociedad en la que vivimos.

Ya sé que hay situaciones muy dramáticas de personas que no tienen responsabilidad en su situación. No es lo mismo alguien que se arruina por haberse metido donde no debía que otras persona que, por ejemplo, han tenido desgracias sobrevenidas (una enfermedad con gastos prohibitivos, un accidente laboral…).

Lo mismo pasa con las empresas, y en esto tengo bastante experiencia. Hay sectores que sufren la crisis más duramente que otros, y empresas que se van al tacho por diversos motivos. No soy partidario de las subvenciones ni las ayudas en ningún caso, pero podría entender que el Estado echara una mano a empresas que han sido golpeadas por causas externas. Lo que ya no tengo tan claro es que se use mi dinero, el de mis impuestos, para ayudar a quienes han gestionado mal su negocio ya sean bancos, talleres, hoteles, zapaterías, restaurantes o tiendas de ropa.
Volvemos a lo de siempre. El concepto de responsabilidad está muy devaluado y aquí lo importante no es demostrar que la situación no es culpa tuya sino gritar muy fuerte ante las cámaras y, si es posible, concentrar un buen grupo de gente que pelee por “la justicia”.

En este momento en que nadie lee el texto sino sólo el título, ¿realmente estamos defendiendo causas nobles? ¿O simplemente hay un seguidismo becerril por causas que creemos que nos pueden beneficiar tarde o temprano?

Piensen en lo que apoyan y pidan información. Las cosas no son siempre lo que parecen.
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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