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La parroquia de San Pedro intramuros

jueves, 28 de febrero de 2013
Memoria de Lugo. Iglesias y capillas

La existencia de la capilla de San Pedro extramuros o de Fóra, que dio nombre a la puerta de la muralla, y la incluida en la catedral, ha confundido a los historiadores que la mencionaron. Así el canónigo don Antonio García Conde la sitúa en el Burgo Novo, actual calle de San Pedro, y el Cabildo en 1667 dice que la ermita del glorioso apóstol San Pedro, situada a extramuros de la ciudad, había sido iglesia parroquial en tiempos antiguos.

Tampoco sabemos si la sentencia que dio en 1351 Domingo Tenrreiro de Salamanca, por comisión del rey don Pedro, en la capilla de San Pedro, lo fue en la que era parroquial o en la de Fóra, aunque por su localización, al fondo de las Cortiñas (Praza Maior) tendría que ser la primera.

Cerca del ábside de la catedral, estaba la iglesia parroquial de San Pedro, que daba a lo que hoy conocemos como Praza de Santa María, a juzgar por la descripción que se hace de unas casas que están junto a la iglesia mayor, por linderos, de la una parte la capilla de San Pedro, y de la otra, la calle pública, y por detrás las casas de los aniversarios de la iglesia y las plazas del obispo que están detrás de la misma capilla y frontero de los palacios episcopales.

En las actas del Cabildo y otros documentos del siglo XVI y principios del XVII, hay referencias a la capilla de San Pedro, pero no resulta fácil saber cuando aluden a la iglesia que era parroquia, o a la capilla que estaba en la catedral, antigua de Santa Catalina, que acabará siendo la sede parroquial, hasta su traslado a la actual capilla de San Froilán, antes de ocupar la iglesia del convento de San Francisco.

De las informaciones facilitadas por varios testigos, sabemos que era un edificio de grandes dimensiones, aunque apenas conocemos otros datos sobre su estructura, es de suponer que estuviese construida en estilo prerrománico o románico.

Hay varios documentos que nos informan de su ubicación, de los que citamos aquellos que nos parecen más precisos. El 23 de agosto de 1584, el obispo don Fernando de Velosillo (1567 - 1587) y el canónigo Pedro de Robles, otorga y cambia cuatro hanegas de pan de renta, sobre la casa en la que vivía y que había reconstruido, que está junto a la iglesia vieja de San Pedro de esta ciudad, y linda con la dicha iglesia y con casa y huerta que quedó de Gil González de Neira y ahora es del licenciado Neira, su hijo, y está frontero de la Iglesia Mayor de esta ciudad.

Una iglesia grande y arruinada

Al poco tiempo de su llegada, el obispo don Fernando de Velosillo (1567 - 1587), visitó las iglesias parroquiales de San Pedro y de San Marcos, constatando que estaban mal reparadas y que no tenían la decencia que convenía para tener en ellas el Santísimo y administrar los sacramentos. Consideraba que era razón suficiente para el traslado a la catedral, con lo que tendría más decencia el culto y mejor servicio sus parroquianos.

En diciembre de 1567, ordena a su secretario Luis de Ruesta, que reciba información de los parroquianos. Tomará la declaración bajo juramento y recibirá información de cualquier persona que le pareciese conveniente sobre la renta que tenían y quien estaba en la obligación de repararlas.

Lope de Bao, clérigo y sacristán de la catedral, conocía las dos iglesias por haber administrado en ellas los sacramentos más de quince años. Era teniente ad vitam de la de San pedro, que estaba mal adornada de ornamentos, retablo y custodia, pues todo lo que tenía era pobrísimo y muy viejo, hasta el punto de que utilizaba el alba y el amito de la catedral.
El edificio estaba muy mal reparado, era muy pobre y con muy poca decencia para tener en ella al Santísimo y como no había lámpara, los feligreses al entrar no hacían la reverencia. El Cabildo era tenenciero perpetuo, y recibían cada año 33.500 maravedis por sus tercias, por ello estaban obligados a tenerla bien reparada y adornada, o mandar que se gastase lo necesario. A pesar de haber comunicado la situación en que se encontraba, no le pusieron remedio.

A su parecer, dicha iglesia estaría mejor dentro de la catedral, como lo estaba la de Santiago, y así lo decían los parroquianos desde hacía más de veinte años, y que ellos ayudarían en algo para el gasto que supusiese el traslado.

Con esta solución los feligreses oirían cada domingo la misa de su cura, pues acostumbraban a ir a las iglesias de San Francisco, Santo Domingo y otras parroquias. Cuando iba a celebrar no encontraba más de cuatro hombres y mujeres, y en cambio los veía en la catedral y en las iglesias mencionadas.

Complemento

Nicolas V resuelve sobre el robo de un cadáver por los franciscanos

Durante el pontificado de don García Martínez de Baamonde (1440 - 1475), surge un conflicto sobre enterramientos con los franciscanos que resolverá el Papa Nicolás V con la bula Quaretam dilectorum (Roma, 22-O6-1450).

Ordena abrir una investigación al abad de Santa María de Ferreira de Pallares y al oficial lucense, para que en última instancia resuelvan lo que fuese justo en una causa de sepultura denunciada por el deán y Cabildo, los cuales exponían que las capillas de San Pedro y Santiago habían sido unidas a la iglesia de Lugo y que por ellas tenía la cura parroquial de toda la ciudad y que los fieles que morían sin elegir sepultura debían enterrarse en los cementerios de dichas capillas. Este dato es interesante porque viene a confirmar que la parroquia de Santiago tuvo su edificio o iglesia propia, que posteriormente fue unida a la Catedral, pues siendo una de sus capillas absidales no tendría capacidad para enterrar a los parroquianos.

La denuncia se había realizado contra los franciscanos que clandestinamente desenterraron el cadáver de don Rodrigo Sánchez de Ulloa, sepultado en el cementerio de la capilla de San Pedro, dándole después sepultura en la iglesia del convento franciscano.
De Abel Vilela, Adolfo
De Abel Vilela, Adolfo


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