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El convento de Santo Domingo

jueves, 21 de febrero de 2013
Memoria de Lugo. Los conventos y sus iglesias

El convento de Santo Domingo

El convento de Santo Domingo tenía un patrimonio importante, figurando desde 1499 el antiguo priorato benedictino de Montecubeiro (Castroverde).

La comunidad dominicana va a tener una gran influencia en la vida religiosa y cultural de los lucenses, no sólo con la fundación del convento de las dominicas de Santa María A Nova, sino también con los estudios de Gramática, Lógica y Teología, establecidos en el convento y la consecución como patrona del Ayuntamiento de la Virgen del Rosario cuya festividad se celebraba popularmente.

Es probable que fuese pionero entre los fundados en la ciudad pues aunque tradicionalmente se dice que primero lo fue el de San Francisco, lo cierto es que la documentación da referencias más antiguas para el de los predicadores, como la carta de 15 de marzo de 1274 que el obispo don Fernando Arias (1270-1276), envía a los padres del convento de Santiago autorizándolos a fundar en Lugo.

Los dominicos comenzaron a construir el convento pero muerto el prelado en 1276, el Cabildo entabló pleito contra la posesión que habían tomado del lugar, por hacerse la fundación sin su consentimiento a pesar de que la Orden de Predicadores tenía desde su origen concesiones pontificias que le permitían hacer fundaciones en villas y ciudades si los pueblos los invitaban a instalarse y realizar su ministerio.

Para que los religiosos desistiesen de la fundación, se publicaron censuras contra ellos por parte del provisor Pedro Yáñez y su hermano Fernando, canónigo de la iglesia de Lugo. Pero el 11 de abril de 1277 el Papa Juan XXI despachó un breve en Viterbo, conocido como la bula Sua nobis, a favor de los dominicos levantando las censuras impuestas y reprendiendo a los que impedían la obra. En la bula figura como juez Petrus Foris y el canónigo Ferdinandus de Foris, es decir, de San Pedro de Fóra o del Burgo Novo, como aparece citado en el Memorial de los Aniversarios a partir de 1223, Magister Petrus de Burgo Novo. Enseguida cuentan con devotos que les van a ayudar en la construcción, como Arias de Parga, familiar del obispo, que figura en una inscripción como patrono y promotor.

El primer convento de la ciudad

El obispo don Juan Martínez (1277 - ?), y el Cabildo, firmaron y publicaron el 15 de julio de 1280, una escritura favorable a los fundadores, convirtiéndose en protectores de la fundación religiosa, la primera que hubo en la ciudad. El Cabildo y el obispo aprobaron la venida de los padres predicadores en virtud de la facultad que les concediera don Fernando Arias, y confirmaron la posesión que habían tomado del lugar elegido para la construcción del convento, en el Carballal, en donde ya tenían algunas habitaciones.

Ratificaron lo hecho antes de la muerte del prelado, les concedieron todo lo que podía faltar para asegurar la fundación, invitándolos de nuevo a fundar el monasterio de Lugo. Anularon las sentencias que se habían dado contra los frailes y sus bienhechores y aceptaron la fundación por ser beneficiosa para la salud espiritual de todos los diocesanos. Las obras habían sido paralizadas con censuras eclesiásticas contra sus protectores, los que llevaban los materiales y los canteros que trabajaban en ellas.

La cortiña de Mirleu, un lugar compartido con los franciscanos

La instalación de los franciscanos entre la Rúa Nova y el predio de los dominicos, da lugar a la delimitación de los territorios de ambas comunidades, que adquirieron mancomunadamente una gran extensión de terreno, hacia el S, llamada la cortiña de Mirleu situada frente a los dos conventos. La que daba a la parte posterior de la rúa de la Cruz, se destina a los frailes predicadores o dominicos, y la más inmediata a la Rúa Nova es para los frailes menores o franciscanos.

La cortiña debía de estar hacia la parte más occidental de la actual calle de Armañá. Para hacer la delimitación habían acudido al lugar, a instancias de los dominicos, el tesorero del Cabildo, los alcaldes Lope Rodríguez y Domingo Guimarco, el mayordomo Alfonso Fernández y un grupo de personas relevantes de la ciudad, actuando Juan Domínguez como notario del Concejo, el cual da fe, no sólo de los acuerdos, sino también de haber visto la línea divisoria de las parcelas, firmándolo en testimonio de verdad y poniendo al documento el sello municipal.

Donaciones para las obras

El convento se fundó en 1274, pero la construcción se interrumpió hacia 1276. Después del mes de julio de 1280 se reanudaron las obras al gozar pacíficamente del lugar asignado por el obispo y el Cabildo, materializado en un acuerdo ante el notario Arias Pérez, aceptando a la comunidad, compareciendo el prior provincial de España, su vicario en Galicia y el prior de Lugo.

A partir de este momento son frecuentes las donaciones para la construcción del convento, como la de 1290 del obispo electo, que no llegó a consagrarse, don Fernando Pérez de Páramo (1286-1294), la del canónigo Rodrigo Fernández de 1290, de cientos de sueldos leoneses y la que en 1297 le hace Fernando Martínez, arcediano de Sarria.
De Abel Vilela, Adolfo
De Abel Vilela, Adolfo


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