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Álvaro Cunqueiro, Ortigueira y Era Azul

lunes, 11 de febrero de 2013
Orteganos de adopción

Álvaro Cunqueiro Mora, Ortigueira y Era Azul

Muchos piensan que galleguismo e izquierda han sido, desde sus orígenes, conceptos afines. Ello quizás sea debido a que las fuerzas políticas que actualmente defienden el galleguismo son mayoritariamente de izquierdas, y éstas reivindican a personalidades como Castelao, Ramón Suárez Picallo, Antón Vilar Ponte, Alexandre Bóveda o Xerardo Álvarez Gallego y a muchos otros que sí lo fueron. Sin embargo, en el ámbito del galleguismo, incluso dentro del propio Partido Galeguista, militaron personas que eran conservadoras como Álvaro Cunqueiro, Raimundo Aguiar, Vicente Risco, Losada Diéguez o Ramón Otero Pedrayo, entre otras muchas.

En esta faceta, el caso de Álvaro Cunqueiro es particularmente peculiar, como peculiar lo fue el personaje. Lo que viene a continuación es el relato de la transformación que se operó en la vida del escritor a su paso por Ortigueira.

Álvaro Cunqueiro fue hijo de Joaquín Cunqueiro Montenegro, un farmacéutico de Mondoñedo, y Pepita Mora Moirón. Su familia poseía unas raíces conservadoras que no conectaban demasiado bien en muchos aspectos con la vida de su retoño. Con el declive de la República, los padres de Álvaro se empezaron a preocupar por las consecuencias de las relaciones que había mantenido su hijo con algunas personas que, para ellos, eran poco recomendables y que, en los tiempos que corrían, podían comprometer su futuro. Dentro de ese grupo de amistades peligrosas se encontraban algunos de sus compañeros de estudios en Santiago como Francisco Fernández del Riego, Domingo García Sabell, Ricardo Carballo Calero o Carlos Maside, que postulaban un nuevo galleguismo de izquierdas poco afín a la ideología de la familia mindoniense, y menos todavía a lo que se empezaba a ver en el horizonte oficial próximo.

Pero esto no era todo. También consideraban sus padres que sus escritos en gallego en revistas y periódicos como Vallibria, Papel de Color y Galiza, que él mismo había fundado, podían ser percibidos por las nuevas autoridades civiles y militares como muy censurables.

En este escenario de intensa inquietud por la vida de su hijo, los padres de Álvaro se ven espoleados por la necesidad de encontrarle un lugar en el que fuese un auténtico desconocido y estuviese alejado de Mondoñedo, Lugo y Santiago de Compostela, donde él era muy popular. Tras tantear a varias personas, encuentran la respuesta a sus demandas en un clérigo de la catedral mindoniense que les comenta la posibilidad de gestionar su traslado a Ortigueira. Todos parecen coincidir en que allí podrían sustraer al joven de miradas amenazadoras.

Álvaro llegó a Ortigueira en octubre de 1936, con sus 25 años (1) bien cumplidos, pero con todo su futuro por concretar. Tras ofrecerle un albergue, el amigo del clérigo catedralicio, Jesús Márquez Cortiñas, tuvo que asumir su primer encargo como protector: buscarle un empleo. Este asunto no le resultó demasiado complicado ya que él mismo era entonces el director del colegio particular en que recibían las clases de secundaria los alumnos de la comarca. El puesto que le fue asignado a Cunqueiro fue el de profesor de letras, es decir, de español, latín y francés, unas asignaturas para las que no tenía más preparación que la adquirida en sus cursos del bachillerato en el Instituto General y Técnico de Lugo.

Asentado como un vecino más de la localidad y con su sustento asegurado, el cura le presentó al fundador y delegado comarcal de la Falange Feliciano Crespo Bello. Feliciano era otro de los profesores de la academia y tenía la misma edad que Cunqueiro, por lo que ambos compartían habitualmente los mismos lugares y círculos de personas. Tras los primeros contactos, entre los tres hombres se empieza a concretar la idea de que Cunqueiro se haga cargo de la sección de prensa y propaganda del periódico que quiere crear Feliciano, y que, según dice el biógrafo que más conoció al escritor, Xosé F. Armesto Faginas, “vencida a inicial resistencia de Cunqueiro, sae, baixo a súa dirección, o 12 de novembro de 1936, o primeiro número de Era azul. Guión de Falange Española y de las J.O.N.S. de Ortigueira” (2).

La participación de Cunqueiro en Era Azul será notable pues casi la redactará por entero, firmando sus artículos bien con su nombre, con un seudónimo o sólo con sus iniciales.

Para quienes conocimos a Feliciano, nos es difícil reconocer el hecho de que le dejase la dirección de su semanario como se ha dicho en muchas ocasiones y como también apunta su biógrafo. Al contrario, sería más propio de Crespo el ponerse él mismo como director, e, incluso darle a Cunqueiro las instrucciones pertinentes para la redacción de los artículos que debería escribir y que éstos fuesen en la línea de sus propias ideas, y, en último término, volviese a ser él quien les diese el visto bueno para su edición. Por tanto, a pesar de que muchos interpretan que el escritor mindoniense expresaba en los escritos de Era Azul sus propias ideas, sería más apropiado pensar que, al menos en un principio, él no fuese más que un mero redactor de las de su tutor. Esto quedaría corroborado por una carta que, desde Lugo, el autor de Merlín e familia le dirigió a Felipe Fernández Armesto (3) unos meses antes en la que no se mostraba como una persona no demasiado afecta a los presupuestos ideológicos joseantonianos, sino “moi crítico, distante e irónico co fondo e coa forma do Movimiento” (4). En ella le decía: “Amigo Armesto: si houbera vido vostede ao Apóstolo, iría eu a Compostela en romeiría e alí teríamos vagar e falaríamos. Agora por ista banda falar é cousa pouco doada e ben nobre. Entrou un tropel de voces e de armas e non hai que facerlle. Mais cando ista xente non ven de farra, senón a resucitar el Imperio por la Contra-Reforma. Eiquí en Lugo temos que andar con cuidado, que o coronel gobernador citou nunha proclama ao Dante” (5).

Pero tampoco hay que desestimar que, con el tiempo, el miedo a su persecución y el respeto que le debía a sus protectores, fuese asimilando las mismas nociones falangistas como un pasaporte para un futuro más tranquilo, en el que quedaba admitido el que se dejase afiliar a la Falange por Feliciano el mismo mes de su llegada a Ortigueira con el carné número 231 de su delegación comarcal (6).

Claudio Rodríguez Fer nos ofrece en su obra A literatura galega durante a guerra civil: (1936-1939) un análisis exhaustivo de la visión que transmitían los artículos publicados en Era Azul por Cunqueiro y que él califica de valores “constantes que o escritor mindoniense desenvolverá no resto da súa obra periodística bélica e inmediatamente postbélica: españolismo e glorificación do pasado imperial, cultivo do castelán e renuncia ao galego, caudillismo e cesarismo, falanxismo e franquismo, profascismo e pronazismo, fobia ao marxismo e desprezo pola democracia, relixiosidade e belicismo, e finalmente, evasión polas vías feminina e fantástica, concibidas como auténticos repousos do guerreiro” (7).

Estamos de acuerdo con el profesor lucense en que Cunqueiro va a seguir escribiendo bajo esa perspectiva durante un periodo prolongado de su vida, pero no es menos cierto que, aunque se mantuvo siempre dentro del arco político conservador, en el ámbito privado siguió comunicándose en gallego y, como advierte Armesto Faginas, con su abandono en 1943 de la Falange y, al año siguiente, su retirada del carné de periodista, tras un incidente con la embajada francesa (8), perderá cualquier vinculación con el franquismo, por lo que considerarlo afecto al régimen, dice su biógrafo, “representa descoñecemento ou supón acción malévola” (9).

La estancia en Ortigueira supondrá para Álvaro Cunqueiro todo un aprendizaje para los nuevos tiempos que le van a tocar vivir. Su experiencia periodística la va a incorporar a su vida social, donde, así mismo, se alineará con la postura oficial, y como dice Rodríguez Fer “boa mostra disto foi a conferencia pronunciada o 21 de novembro de 1936 sobre Nacimiento y pasión de la latinidad española” (10).Y también la introducirá en sus tertulias en la Sección Femenina local, en donde solía tocar temas del gusto de las mujeres que se reunían en ella, que iban desde los más “míticos, literarios, artísticos e mesmo amorosos que políticos, pois en 1936 disertou sobre Ejemplario heroico del Renacimiento, lembrando precisamente libros de cabalerías como Amadís de Gaula e personaxes femininos como Beatriz, Laura ou Fiammetta, e, en 1937, perorou sobre Temas variados de enamorados diversos” (11). A pesar del poco tiempo que estuvo en la villa del Ortegal, a Cunqueiro aún le sobró para participar de actor en la comedia en tres actos de Rafael López de Haro Una conquista difícil, que se representó en el Teatro de Beneficencia el jueves 29 de abril de 1937.

Desde la comarca norteña, Álvaro dió el salto al otro extremo de Galicia, a Vigo, para trabajar en el periódico El Pueblo Gallego. Este nuevo puesto de trabajo le fue facilitado por el propio Crespo quien conocía al ferrolano y también camisa azul Jesús Suevos, su director, y, en aquellos momentos, jefe provincial de la Falange pontevedresa. Según dice el hijo de Feliciano, su padre le escribió a su camarada una carta en la que le recomienda a Cunqueiro como “un joven poeta galleguista que está colaborando con nosotros” (12), para que le dé la posibilidad de formar parte de su plantilla.

Esta conexión entre falangistas le resultaría muy fructífera a Cunqueiro, pues, en febrero de 1937, ya se había incorporado a la redacción del periódico olívico. Al año siguiente, Cunqueiro empezó a considerar la posibilidad de que su futuro estuviese vinculado al periodismo, por lo que se va a dar de alta en el Registro General de Periodistas. Con esta licencia se le abrirán las puertas de las más diversas publicaciones del régimen franquista: Vértice, Legiones y Falanges, Escorial, Destino, Fantasía, Santo y Seña, etc.

Su paso por el periódico vigués fue bastante fugaz, pues, ya en noviembre de 1938, comenzó a trabajar en La Voz de España de San Sebastián, y en abril de 1939, se trasladó a Madrid para entrar en la redacción del ABC (13). Todos estos medios de comunicación apoyaban los fines del ejército nacional y de su gobierno, y en ellos, Cunqueiro irá curtiéndose ideológicamente. Cunqueiro permaneció en Madrid un par de años más sin poder trabajar en la prensa, por el asunto de la embajada francesa, aunque colaboró esporádicamente en revistas literarias como Finisterre y Posío o en la ya mencionada Fantasía.

No hay que olvidar que durante este periodo bélico, Álvaro no sirvió con las armas de fuego como muchos de sus compañeros y amigos, pero si halagó a los líderes de la fuerzas nacionales con algunos de sus poemas, entre los que se encuentran los dedicados a Franco y a José Antonio, que le otorgaron alcanzar cierta fama entre las autoridades franquistas. Estas odas a los líderes del momento le serán publicadas más tarde en la Corona de sonetos en honor de José Antonio Primo de Rivera (14) y en Laureados (15).

Álvaro Cunqueiro no sólo, paseó, comió y compartió sus horas con los orteganos que lo acogieron, sino que también le quedó tiempo para la lectura. Así lo da a entender en varios momentos de sus escritos. Por ejemplo, cuando explica que durante sus primeros días en Ortigueira “leía yo el delicioso libro de Bell Compton sobre la pintura de Turner, con las reproducciones de los cuadros del gran pintor: nieblas traslúcidas o de marfil, navíos anclados en aguas temblorosas, luces fugitivas en la lluvia. Turner, lo recuerdo bien, era mi pasión de entonces” (16). La pintura nebulosa del impresionista inglés se parece, en cierta medida, a sus novelas en las que con su profusa imaginación recrea difusamente la realidad desmarcándose de ella y transmutándola continuamente.

Durante su estancia, Cunqueiro gozó de numerosas anécdotas y vivencias que harán que sus vínculos perseveren a lo largo de su vida. Y así lo reconoce él cuando escribe en el programa de fiestas de la villa del año 1951, catorce años después de su partida definitiva: “De Ortigueira conservo yo, a la vez para el magín y para el corazón, una imagen tan nítida, tan cabal de contornos, color, sonido y olor, que me pasa con ello un poco lo que con mi Mondoñedo natal, que a fuerza de llevarlo en los ojos y de transcenderlo de memorias y nostalgias, me ahuyenta de la pluma las palabras: quizás esas mariposas mágicas de la lengua, la única riqueza que posee un poeta a medias vagabundo, que quisiera estar ya de retorno. Ulises colgando el remo en el propio hogar. Estrofa, para los griegos, es lo que vuelve, lo que siempre retorna. Pues bien, en mi estrofa viril hay un verso que bien vale un alado endecasílabo: Santa Marta de Ortigueira. Cada vez que lo repito en mi soledad, rehago un poco el rostro de la villa” (17).

Algunos de sus críticos consideran que sus escritos poéticos anteriores a 1936 eran casi en exclusiva en gallego, mientras que posteriormente a esta fecha se completará con muchas de sus obras en castellano. Durante los meses que pasó en Ortigueira, todas sus colaboraciones en Era Azul siempre fueron en castellano, como no podía ser de otro modo. Esta obligación de tener que redactar en castellano, quizás le perfeccionara la formulación de su escritura en esta lengua no tan habitual para él y cogiese una cierta soltura en su redacción. De ahí que después, obligado por el régimen o más suelto en su nivel de escritor en castellano, alternase ambos idiomas en sus obras.

Por último, hay que decir que, además de los artículos de Era Azul, Cunqueiro escribirá, muy posteriormente, otros tres en los que reflejará sus vivencias orteganas. El primero de ellos será el ya citado del programa de fiestas de 1951, que llevó por título Mi Ortigueira (18), en el que se recrea en sus conocimientos previos a su presencia en la villa condal, aludiendo a su lectura de la libro de Federico Maciñeira, Crónicas, y de sus estudios de prehistóricos, “allá por el año 32, cuando yo leía mi Pomponio Mela, ir a Ortigueira sería para mí ir al país de los arrotrebas una gens céltica y marinera, de la estirpe de Mill. Maciñeira, retratado y junto a un dolmen o a la cabeza de la fila india de un cromlech, me era una estampa familiar en libros y revistas de arqueología prehistórica.

Las cosas se le montan a uno de endiablada manera en la cabeza y así, Ortigueira fue, para mí, antes de conocerla, una especie de exposición permanente de la prehistoria gallega” (19), para, a continuación, concluir “la comarca ortegana es sin duda una de las tierras más entrañables y significativas del país gallego; es una tierra antigua, de facies profundamente masculina, extendiéndose ante el mar desde el costado de altas sierras y desde el borde de dilatadas brañas. Pero Maciñeira y sus hallazgos prehistóricos le daban a su antigüedad y a la problemática de su paisaje un tono especial […] Ortigueira, en primavera, cuando el sol se pone, tiene algo de la blanca camelia y el aire remansado en la ría es fino, sutil y pálido como los cristales brodé de Bohemia” (20).

Su segundo artículo fue Estampas orteganas, publicado nuevamente en el programa de fiestas del año siguiente. Allí Álvaro muestra su necesidad de retornar a Ortigueira, como si se tratase de “una cita de amor y melancolía” (21).

Y el tercero y último, Un viaje al Condado (22), es su tercera colaboración consecutiva en el programa de las fiestas ortigueiresas, en el que vuelve sobre sus visiones poéticas de las tierras de la Capelada y hace la promesa de volver en el otoño a Ortigueira, algo que, según parece, nunca se produjo.


1.-  Cunqueiro nació en Mondoñedo el 22 de diciembre de 1911
2.- Armesto Faginas citado por Rodríguez Fer, C. (1994). A literatura galega durante a guerra civil: (1936-1939). Vigo. Edicións Xerais de Galicia, p. 207.
3.-  La carta enviada a Felipe Fernández Armesto, entonces corresponsal del periódico catalán La Vanguardia en Londres, es de 25 de julio de 1936, según detalla Claudio Rodríguez Fer en su obra A literatura galega durante a guerra civil: (1936-1939). Fernández Armesto escribió artículos en La Voz de Galicia bajo el seudónimo de Augusto Assía. Estuvo casado con la nieta del fundador del periódico María Victoria Fernández España y Fernández Latorre.
4.-  Rodríguez Fer, C. (1994), Op. cit., p 205.
5.-  Carta dirigida a Felipe Fernández Armesto el 25 de junio de 1936.
6.- Según el hijo de Feliciano Crespo en su artículo Álvaro Cunqueiro Mora, en Ortigueira, su padre le afilió a la Falange Española y de las JONS el 31 de octubre de 1936 (Crespo Rego, F. A. “Álvaro Cunqueiro Mora, en Ortigueira”. La Voz de Ortigueira, 2 de septiembre de 2011, p. 1.).
7.-  Rodríguez Fer, C. A literatura galega durante a guerra civil: (1936-1939). Vigo Edicións Xerais de Galicia D.L. 1994, p. 208.
8.- El incidente se debió, según contaría posteriormente el propio Cunqueiro a un pacto que había incumplido con la embajada francesa para la difusión de la cultura del país vecino mediante varios artículos que deberían aparecer en diversos medios y por los que recibió anticipadamente 8.000 pesetas. La reclamación de la embajada al gobierno franquista se tradujo, según el mismo manifiesta, en la retirada de su carné de periodista y la prohibición expresa de poder escribir para cualquier medio de comunicación.
Según otros testimonios, tal delito fue más bien una tapadera con la que ocultar otro más embarazoso y por el que, además de prescindir de él la prensa del Movimiento, también su esposa lo abandonó definitivamente.
9.- Armesto Faginas, X. F. (1987). Cunqueiro: unha biografía. Vigo: Xerais. p. 167
10.-  Rodríguez Fer, C y , A. (2011). Álvaro Cunqueiro en Ortigueira. Consello da Cultura Galega. Santiago de Compostela, p. 9.
11.-  Rodríguez Fer, C y , A. (2011). Álvaro Cunqueiro en Ortigueira. Consello da Cultura Galega. Santiago de Compostela, p. 11.
12.-  Crespo Rego, F. A. (2011). Op. cit. p. 1.
13.-  Los profesores universitarios de Filología, Mercedes Brea, y de Historia, José Mª. Folgar, comentaron en 1982 los artículos que Álvaro Cunqueiro escribió entre abril y julio de 1939 en el diario conservador y monárquico ABC: “Alvaro Cunqueiro en ABC, en 1939”, en “Homenaxe a Álvaro Cunqueiro”. Universidad de Santiago de Compostela.
14.-  En Corona de sonetos en honor de José Antonio Primo de Rivera. (Ediciones Jerarquía. Barcelona, 1939), escribirán, además de Álvaro Cunqueiro, Manuel Machado, Miguel D`Ors, Gerardo Diego y José María Pemán, entre otros
15.-  En Laureados (San Sebastián. Editorial Fermín Bonilla, 1940), aparecerán también las firmas de la inteligentzia falangista de la época.
16.- Cunqueiro, A. (1951) "Mi Ortigueira". Programa de fiestas de Santa Marta de Ortigueira.
17.- Cunqueiro, A. (1951). Op. cit.
18.- Cunqueiro, A. (1951). Op. cit.
19.- Cunqueiro, A. (1951). Op. cit.
20.- Cunqueiro, A. (1951). Op. cit.
21.- Cunqueiro, A. (1952) "Estampas orteganas". Programa de fiestas de Santa Marta de Ortigueira.
22.- Cunqueiro, A. (1953) "Un viaje al Condado". Programa de fiestas de Santa Marta de Ortigueira.
Suárez Sandomingo, José Manuel
Suárez Sandomingo, José Manuel


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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