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Orteganos: José María Lage Martínez

jueves, 17 de enero de 2013
Orteganos

José María Lage Martínez

José María Lage Martinez nació en San Claudio en 1862. Estudió para maestro en la Escuela Normal Superior de Madrid, donde cursaban sus estudios aquellos que querían acceder a un puesto de un rango mayor que el de maestro de educación primaria. Esta formación pasará, a partir de 1909, a realizarse en la Escuela Superior del Magisterio, y dos decenios después, concretamente en el año 1930, se cursará en la Sección de Pedagogía de la Facultad de Filosofía y Letras.

Los inicios profesionales de José María Lage le llevaron en un primer momento al municipio colindante de Ortigueira, en donde ejercerá de maestro primero en la escuela de Mañón, y, más adelante, en la de O Barqueiro. Algún tiempo después, dejará esta última para establecerse definitivamente en Ortigueira, donde se acabará jubilando.

Su labor docente fue mucho más allá de la mera impartición de clases, ya que siempre estuvo ligado a los postulados de las vanguardias pedagógicas de su época: contacto con la naturaleza, preocupación por las labores agrícolas y los problemas del campo e introducción de los trabajos manuales en la escuela.

El interés por la renovación educativa de Lage Martínez coincidió en el tiempo con el de otras personalidades destacadas de su época, como fueron Ramón Armada Teixeiro, los hermanos Pita Sánchez-Boado, Federico Maciñeira, entre otros, que se vieron implicados en la tarea educativa del maestro por ser, a su vez, padres de muchos de los escolares que entonces cursaban estudios en el colegio ortigueirés. Además, profesionalmente, José María contó con el apoyo de un importante núcleo de maestros que se agrupó en torno a la Asociación de Maestros de Primera Enseñanza del Partido Judicial de Ortigueira, desde la que se organizaron y formaron las más diversas iniciativas educativas y se canalizaron sus reivindicaciones profesionales ante las autoridades locales y provinciales.

Una de las ideas educativas más originales de José María Lage estuvo la de poner en marcha, por primera vez en España, un periódico como medio de comunicación social de los escolares con el resto de su comunidad. Esta actividad la promovió durante sus primeros años de estancia en Ortigueira,
mientras ejercía de maestro en la escuela primaria antecesora del centro escolar graduado que se construiría posteriormente y que él mismo dirigiría.

La primera cabecera de la gaceta estudiantil llevó el nombre de El Gallego, pero ya en su segundo número pasó a denominarse con un nombre más ajustado a su ámbito, El Escolar.

El primer ejemplar de la prensa escolar llegó a sus lectores escrito de puño y letra de sus jóvenes redactores. La idea de un boletín escolar manufacturado por los alumnos fue bien visto por los padres y las autoridades, lo que hizo que tras sus primeros atisbos, éste se hiciese un hueco en la vida de los orteganos. Los dos primeros números publicados con su nueva cabecera conservaron sus señas manuscritas, pero a partir del tercero se transformó en un periódico al uso, adquiriendo el formato normal de cualquier periódico de la época, gracias a las letras de molde de la imprenta de David Fojo. Con estas características, los escolares, capitaneados por un muchacho de tan solo trece años llamado Rafael Armada Sagrera, confeccionaron un medio de comunicación, que se mantendrá durante dos cursos y del que aparecerán hasta veintitrés números.

El equipo de redacción y administración que forjaba las cuatro planas de que se componía cada uno de los ejemplares de El Escolar estaba formado alumnos del centro, como Octavio Bermúdez o Rogelio Carballés, algunos de los cuales le sacarán buen provecho de esta actividad escolar, para formar parte, posteriormente, de la pleyade de profesionales del Periodistmo de su época, como fueron los casos de Leandro Pita Romero o Rafael Armada.

Este periódico, junto con el posteriormente editado por la escuela indiana de San Adrián, El Faro de Veiga, ha merecido la investigación y valoración de algunos destacados expertos como Vicente Peña, Gabriela Obregón, Lois Celeiro, Xosé Antonio Neira o Blanca Roig. Concretamente, esta última lingüista advierte de que sus beneficios se extienden más allá del campo pedagógico otorgándole el valor de ser “documento e crónica do seu tempo". Su relevo se lo dará, como ya apuntamos, El Faro de Veiga, cuyo primer número apareció el 1 de noviembre de 1907 de la mano del maestro y director de la escuela de San Adrián Manuel Rodríguez Molinos. Sus cuatro primeros números fueron mecanografiados utilizando una máquina de escribir Underwood, regalo de un vecino de la localidad residente en Cuba y miembro de la asociación que promoviera y mantenía el Colegio San Adrián.

La experiencia periodístico-educativa de la esta escuela rural ortegana terminará el 15 de febrero de 1913 con la edición de su número 61.

Los dos periódicos convirtieron a la comarca de Ortigueira en la pionera en España de este tipo de actividades, según Vicente Peña, a la vez que elevaron a José María Lage Martínez y a su colega de San Adrián a la categoría de pedagogos innovadores. Entre las afinidades de ambos noticieros escolares hay que mencionar el hecho de que sus jóvenes redactores le prestasen una atención muy especial al tema de la emigración, un asunto de gran relevancia entre la población del Ortegal, pues a través de él se estrechaban los vínculos entre los residentes y los emigrantes en torno tanto a sus problemas como a sus conquistas. Los artículos referidos a este aspecto, en particular, estaban cargados de unas grandes dosis de emoción por parte de los colegiales hacia los que se habían marchao, pero, como bien indica Obregón, no tuvieron una gran repercusión entre los vecinos, lo que pone en evidencia que sus perspectivas de mejora estaban puestas en lograr tener una vida fuera de su tierra.

El pedagogo Neira Cruz subraya que la buena acogida que se le dispensó, tanto dentro como fuera de Galicia (Cuba y Argentina, principalmente), a El Escolar, primero, y al El Faro de Veiga, después, “propició e impulsó iniciativas semejantes en otras comarcas gallegas, muchas de ellas con el patrocinio directo de las sociedades y centros recreativos de los emigrantes gallegos en América”.

Otro de los éxitos más reconocidos de Lage fue su obra Leer escribiendo, procedimiento fácil y rápido para enseñar simultáneamente la lectura y la escritura. Este manual, declarado de interés para la enseñanza por el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, fue galardonado con el primer premio en el Certámen Pedagógico celebrado en Ortigueira. En él, su autor desarrolla, a través de 24 lecciones, diversos ejercicios que van a llevar al alumno desde un momento inicial en el que aprenderá manipular su instrumento de escritura trazando las líneas sobre el papel para, finanalmente, llegar a la comprensión de las oraciones y su gramática. El propio Lage dice que su método convertirá “la difícil enseñanza de la lectura [en] fácil, y hasta entretenida y agradable, para el que aprende y para el que la enseña”, además de señalarle la doble ventaja de que “por este medio se aprende a escribir y a leer el manuscrito desde el primer día de clase: todo lo que se consigue en menos tiempo y con menos trabajo del que se precisaría para aprender a leer solamente, a costa de mil fatigas y molestísimas torturas, empleando los antiguos silabarios, hoy afortunadamente desterrados de las buenas escuelas por antipedagógicos”.

Entre 1916 y 1919, José María Lage fue el encargado de efectuar las mediciones pluviométricas obtenidas mensualmente en la estación que el Ayuntamiento de Ortigueira tenía instalada en el Grupo escolar. Estas controles eran publicados mensualmente en la Sección Agraria del Boletín Municipal que dirigía Federico Maciñeira como referencia para los agricultores.

La reputación docente y personal de Lage era bien conocida dentro y fuera de la comarca ortegana, lo que hacía que en ocasiones algunas personas e instituciones le entregaran materiales instructivos para su uso escolar. Así, en 1921, su centro recibió un microscopio donado por el médico Santiago de la Iglesia, quien, por entonces, era director del laboratorio municipal de Ferrol. Y unas semanas más tarde, será el Ayuntamiento el que acepte del mismo médico ferrolano un cajón de libros “como ayuda a la formación de la biblioteca”, y, poco tiempo después, recibirá del mismo donante un “lote de libros en uso para la Biblioteca de la misma [escuela graduada de Ortigueira] y un cajón con varios objetos y aparatos para el estudio de la Física y la química, cuyo material quedaba incluido en el inventario del referido establecimiento”.

Una de las últimas actividades pedagógicas en las que participó Lage antes de jubilarse como de director de la escuela graduada de Ortigueira fue un curso de formación en Física experimental, Fisiología y Didáctica con Ética. Éste curso estaba dirigido al perfeccionamiento de los concomientos y habilidades de los maestros de las escuelas nacionales de la comarca. Su impartición se inició el día 20 de abril de 1922 en la escuela ortegana y se prolongó durante varias semanas, en sesiones de jueves y domingos. En su realización, José María contó con el apoyo de su inspector de zona, Luciano Seoane, con quien, además de compartir muchas opiniones, mantenía una buena amistad.

Unos meses más tarde, concretamente en el mes de octubre, 22 maestros locales de las escuelas nacionales efectuaron una “excursión pedagógica” que estuvo liderada por él, y en la que también participaron el inspector-jefe y el inspector de zona. Al final de la misma, todo el grupo fue recibidos por el alcalde, el cual mantuvo una charla con sus componentes en la que les agradeció el nivel alcanzado por sus escuelas puesto que, según dijo, suponían “el mayor progreso y adelanto de la enseñanza primaria” en la Comarca.

Durante su vida docente José María Lage no sólo se preocupó de la mejora de la enseñanza y de las inquietudes profesionales sino que fue más allá y se ocupó también del bienestar de sus alumnos. Un ejemplo de esto fue su petición al Ayuntamiento para que iluminara la avenida que daba acceso al centro escolar, poniendo una lámpara en una parte del trayecto, aunque tan sólo fuera “durante los cinco meses que duran las clases” nocturnas. El Ayuntamiento accedió a su petición, y contrató con Electra Ortegana el alumbrado de la zona escolar.

En 1923 cesará en su actividad docente para jubilarse con el reconocimiento a su labor por parte de sus alumnos y los vecinos de la villa, que le ofrecerán un homenaje en su honor.

Por otra parte, entre 1920 y 1926, José María Lage ejercerá de director del órgano difusor de los Sindicatos Católicos Agrarios de Ortigueira, Acción Católica. El primer número de éste apareció el 2 de diciembre de 1920. Desde entonces mantuvo una tirada de torno a los 1.000 ejemplares que distribuían su información entre cuatro páginas editadas, en su mayoría, en castellano.

El periódico había sido fundado por el abogado conservador Eugenio Vázquez Gundín para hacer frente a sus opositores liberales de La Voz de Ortigueira, en donde se alineaban los considerados, primero, neutros y, posteriormente, pitistas, y entre los que se encontraban: los hermanos Luciano y Leandro Pita Sánchez-Boado, Leandro Pita Romero, Jesús Fojo Díaz (su editor), etc. Políticamente, Acción Católica seguía las ideas de su impulsor, de tendencia maurista, y quien, durante la dictadura de Primo de Rivera, apoyaría al régimen militar.

El fallecimiento de José María Lage tendrá lugar en 1930, pero tras de sí dejará todo un cúmulo de experiencias que durante mucho tiempo se mantendrán como referencias de su preocupación por transmitir pedagógicamente a sus discípulos los conocimientos sobre la naturaleza, las labores agrícolas y los problemas del campo, en general, así como por llevar a sus aulas las actividades manuales.
Suárez Sandomingo, José Manuel
Suárez Sandomingo, José Manuel


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