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El Regimiento Provincial de Lugo

jueves, 17 de enero de 2013
Memoria de Lugo. Cuarteles de la ciudad

El Regimiento Provincial de Lugo en una casa de Recatelo

El Regimiento Provincial de Lugo fue un cuerpo de milicianos voluntarios fundado en 1734. Su misión era defender el territorio de la provincia en caso de guerra cuando las unidades del ejército regular tuviesen que partir para campaña. Si no se cubría el cupo, se hacía un sorteo entre hombres con edad entre los dieciseis y los cuarenta años. El miliciano atendía sus ocupaciones, se concentraban en asamblea una vez al año y durante trece días hacían instrucción y se ejercitaban en el manejo de las armas.

Los jefes y oficiales eran escogidos entre las personas ilustres de la ciudad con graduación militar. El rey designaba al sargento mayor y al ayudante, el resto de la oficialidad la elegía el Ayuntamiento incluida su tenencia coronela a través de terna.

El uniforme de los soldados era blanco con divisa amarilla en el collarín de la casaca, en la bocamanga y en la chupa. El nombre de Lugo figuraba en los botones y en una de sus tres banderas, que con la cruz roja de Borgoña o de San Andrés compartía con el escudo de la ciudad.

La bandera tenía el privilegio de no inclinarse al paso del Santísimo, porque en ella figuraba el cáliz y la hostia, representación de Cristo en el sacramento eucarístico, expuesto en la catedral.

En la Guerra de la Independencia se quedaron sin ella en Ponferrada, acordando el Ayuntamiento regalarles una cuya gestión encargaron al alférez mayor don José María de Prado y Neira, marqués de San Martín.

El Regimiento estuvo tan ligado a la ciudad, que produjo roces en entre el Ayuntamiento y la autoridad militar, por querer conservar privilegios adquiridos por la costumbre a los que no querían renunciar, como el toque de retreta, que se hacía delante de las Casas Consistoriales. El 23 de abril de 1791, se rompió en la Plaza del Campo, delante de la casa del marqués de la Cañada, coronel del Regimiento de Infantería de América, y comandante de armas de la ciudad.

Se preveía en la Real Ordenanza del Ejército que los toques de retreta se hiciesen desde el principal, y en el caso de Lugo, la guardia del principal se encontraba en las Casas Consistoriales para todos los destacamentos que descansasen o existiesen en la ciudad.

El coronel del regimiento, don Bernardo Tabaoada, fue autorizado el 16 de diciembre de 1789 por don Juan José de Vertiz, teniente general de los reales ejércitos e inspector de milicias, para formalizar la compra de una casa para cuartel, aprobada por el rey el 23 de noviembre.

Sin cuartel y sin campo para las asambleas

El Regimiento carecía de cuartel, como el resto de las unidades que se alojaban en casas particulares, y de un campo para las asambleas y los ejercicios. El 2 de abril de 1768, el teniente coronel del regimiento, don José Antonio Taboada, solicitó la concesión de un terreno al Ayuntamiento, que le dio uno a la salida de la Porta Falsa, en la vaguada de Paradai, confinante con el camino de las Queimadas.

Para cuartel alquilaron la casa que habían construido el secretario del Ayuntamiento don Francisco Acevedo y su mujer doña Josefa Gayoso y Lugo, situada en el barrio de la Magdalena de Recatelo, en la margen derecha de la actual calle de Santiago, frente a la fuente de la Magdalena, en donde está el Colegio San José. Pero como una casa de vecindad no se adaptaba a las necesidades de la milicia hubo que hacer obras de acondicionamiento, destinándose 79.469 reales y 23 maravedis para la compra y 11.583 y 11 maravedis para el censo o renta anual de 347 reales y 17 maravedis, disponiendo de autorización para su redención.

La casa del cuartel

Por el testamento de don Francisco de Acevedo, sabemos que con su mujer hizo varias casas en el barrio de la Magdalena de Recatelo, y que gastaron muchos miles de relaes en la que vendieron para cuartel. La casa era nueva, y sustituyó a una arruinada que adquirieron por foro el 14 de junio de 1776 a don José Ramón Quiroga de Ribera, dueño de la casa y torre de Santiso de Mabegondo.

También consiguieron que don Ramón Mejía y Vela, otorgase escritura a su favor del derecho que podía tener sobre una caseta frente a la fuente de la Magdalena, y una cortiña pegada a ella.

El arquitecto Fernando Domínguez Romay tasó las obras de reforma en 30.000 reales, y el ingeniero comandante Antonio López Sopeña, en 43.000. Este dinero procedía de un impuesto sobre los gremios de 6.000.000 millones de reales.

Para comprobar su estado fue inspeccionada por dos maestros de obras, Antonio Rodríguez Noguerol en representación de la propietaria, y Domingo Antonio Reboredo, en el de don Eugenio Fernández Noriega, sargento mayor del Regimiento.
De Abel Vilela, Adolfo
De Abel Vilela, Adolfo


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