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La fuente de Paradai

jueves, 03 de enero de 2013
Memoria de Lugo. El suministro de agua a la ciudad

La fuente de Paradai

Esta fuente estaba relacionada con la Porta Falsa o de las Torres del Conde, pues en algunos momentos el vecindario protestaba cuando se cerraba debido a que así se les impedía surtirse de agua. El 26 de diciembre de 1602 el procurador general Baltasar de Farnadeiros dijo “que la fuente de la Magdalena estaba seca y la de Paraday tiene abundancia de agua, y de buena agua, que está en puerta antigua junto a las Torres del Conde, y abriéndose se puede proveer la mayor parte de la ciudad”, por lo que pidieron al obispo que ordenase abrirla. La puerta se debió de volver a cerrar una vez que cesó la escasez de agua estacional, pues en el consistorio de 19 de enero de 1605, los regidores Pedro Sibal de Prado y Luis de Castelo Raimondez dijeron que por orden del ayuntamiento habían ido a consultar al obispo “en razón de que se abra la puerta de las Torres del Conde para que se sirva esta ciudad de la fuente de Paradai y lo habían tratado y consultado a su señoría y le había parecido bien que se abriese”.

Estas noticias tiene el interés de que aporta otra denominación desconocida de la puerta Falsa de la muralla, que en el siglo XIV llamaban Puxigo, relacionándolo con los palacios o torres del duque de Arjona o conde don Fadrique, en las que se instalaría en 1621 el hospital de San Bartolomé, a partir de cuyo momento se volvió a abrir, aunque no definitivamente.

En la documentación municipal hay referencia a reparaciones de limpieza y mantenimiento y a otras más importantes, como la contratada el 5 de mayo de 1612 al maestro de cantería Gaspar de Arce Solórzano, que unía las capillas de los Reyes y San Froilán y hacía la sacristía adosada a la misma.

Le encargaron arreglar todo el caño, que tenía que ser machihembrado, y que lo hundiese más. También tenía que hacer un pretil y antepecho en la delantera de la fuente para que no pasase agua ni suciedad desde el camino, con sus pasos en la entrada.

En 1632 encargaron al cantero Juan Díaz que embetunase bien los caños, que los cubriese con losa, y que hiciese una pared de dos palmos de alto, de la parte de la ciudad y enfrente del caño del agua, y al año siguiente, el cantero Alonso Rodríguez hace un caño de piedra más largo para que despidiese bien el agua y que no estuviese parada.

Numerosos arreglos a lo largo del tiempo

En el mes de agosto de 1646, se gastó en la reparación 10,5 reales, y el 7 de agosto de 1652 se mandó librar 22 reales al cantero Juan Sánchez por el trabajo de arreglar la fuente.

En noviembre de 1661 reconocieron la fuente el alcalde ordinario más antiguo, un regidor, el procurador general y Pedro de la Iglesia, oficial y maestro de carpintería y mampostería, y encontraron que la fuente estaba llena de lodo hasta igualar con el chafariz o pilón, debido a la gran cantidad de agua que corría cuesta abajo por el camino que desde la ciudad iba hacia la fuente, no encontrando salida debido al paredón de una huerta que habían elevado unas 2 varas. Dieron tres días al propietario para que demoliese la pared y la volviese a hacer por donde estaba antiguamente, dejando desaguaderos.

En el consistorio de 20 de mayo de 1740, se dice que los maestros de cantería José González Sierra y Gaspar Martínez, habían reparado la fuente de la forma que se les había encargado y ajustado por el procurador general en la cantidad de 150 reales.

Un lugar rico en agua con vocación industrial

La zona de Paradai era rica en agua, circunstancia que sirvió para que se instalasen algunas industrias que la necesitaban, como la de curtido de pieles y la de la alfarería. El gremio de Santa Catalina, al que pertenecían todos los que ejercían oficios relacionados con el trabajo de la piel y del cuero, y que tuvo en la Edad Media su industria y casa gremial en la Rúa de la Tinería, en el siglo XVIII tenía instalados en Paradai los pilos o recipientes en donde se pudrían las pieles para quitarles el pelo. Una actividad mal oliente que obligaba a que estuviesen alejados de la ciudad.

En el mes de abril de 1771, el boticario don Vicente Francisco de Castro García, hermano del Doctor Castro, estaba dispuesto a construir una fábrica de teja para el cubrimiento de toda suerte de edificios. La iniciativa privada se ocupaba así de la instalación en el Barrio del Pájaro, de una fábrica de teja aduciendo la falta que había en la ciudad de este material, posiblemente porque ya no funcionaba la del Cabildo situada en Garabolos.
De Abel Vilela, Adolfo
De Abel Vilela, Adolfo


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