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La fuente de la Magdalena de Recatelo

jueves, 27 de diciembre de 2012
Memoria de Lugo. El suministro de agua a la ciudad

La fuente de la Magdalena de Recatelo

Era la fuente de la que se surtían los vecinos del barrio de Recatelo, pero al estar situada en la inmediaciones del tramo de la calzada que desde el puente subía a la Porta do Pexigo o de Santiago, también era muy utilizada por los forasteros. Debió de desaparecer al hacer la entrada del Hospital de San José.

A mediados del siglo XVI le llaman la Fonte Nova, sin duda porque la habían hecho de nuevo, y aunque no conoemos el año y sabemos que los topónimos perviven con el tiempo, seguramente lo fue hacia 1545, pues se ordena a un regidor “tome un oficial de cantero y vaya a ver lo que es necesario hacerse en la fuente de la Magdalena, que es la fuente nueva”. Sin embargo aparece esta denominación en 1798 para otra fuente. En un memorial presentado al Ayuntamiento por el procurador general sobre el arreglo de varias fuentes, dice que había mandado reedificar las de la Magdalena, Fuente Nueva y la de Paradai.

En 1583, se hizo de nuevo. En las condiciones figura la construcción de una contra arca para recoger el agua. Se aprovecharon algunos elementos de la estructura antigua, como las paredes de los lados N y E. Tenía un chafariz o pequeño pilón donde se cogia el agua, y otro más grande para beber las cabalgaduras, dividido con un perpiaño en el medio.

La fuente fue construida por el fontanero Pedro de la Bárcena, con quien la Ciudad formalizó contrato el 24 de febrero de 1583, encargándose de todos los materiales y su transporte, así como las llaves, plano y gatillos y de “levantar y asentar los tres escudos que están hechos”, que seguramente eran el de Felipe II, el del reino de Galicia y el de la ciudad de Lugo. El edificio remataba con una cornisa, como la que tenía el edificio viejo. Por la obra le pagarían sesenta ducados, debiendo estar terminada y entregada a mediados del mes de abril. Al igual que ocurrió con la fuente de la Porta Miñá, la ejecución estuvo a cargo de su socio el cantero Juan de Caxigal. A Gonzalo de la Bárcena le habían encargado bajar los canales de la fuente de la Magdalena para recogerla y encañarla.

El 1 de noviembre de 1583 dos alcaldes ordinarios y dos regidores, acompañados del escribano, fueron a ver la fuente. Aún le faltaba el remate y la fachada estaba sin acabar, aunque conforme a la traza y condiciones.

Los castigos por el mal uso del agua

Terminada la obra, surgen problemas debido al uso malicioso que algunos vecinos hacían del agua abriendo los caños de los pilones destinados a beber las caballerías y a almacenar agua para apagar los incendios. Al estar vacíos los que tenían caballerías tenían que ir con ellas hasta el río para darles agua.

Por este motivo se ordenó que en lo sucesivo ninguna persona fuese osada de abrir las llaves de la fuente de la Magdalena, soltar el agua de la contra arca, ni de los chafarices, imponiendo como sanción a los nobles el destierro de la ciudad por un año, la primera vez, y tres mil maravedis para obras públicas, y si fuese plebeyo, le darían cien azotes por las calles de la ciudad, y otros tres mil maravedis, dando pregón para que nadie manifestase ignorancia.

En 1657, siendo procurador general Simón Sánchez de Prado, destrozaron todo el bancado de la fuente. Para descubrir a los autores fue necesario sacar pauliña y censuras generales, gracias a las cuales se descubrió a los autores, obligándoles a arreglar la fuente.

Un encargado de la conservación y reparación

El 30 de julio de 1614 se hizo un contrato con el cantero Alonso López do Barrio para la de conservación de las fuentes. Durante su vida y a su costa, tenía que reparar las cuatro fuentes más importantes, San Pedro, Magdalena, Porta Miñá y Paradai, tenerlas limpias y proveídas de agua en las llaves.

Por este trabajo recibiría 27,5 reales al año. Si no cumplía podía ser multado, pudiendo el Ayuntamiento tomar oficiales a su costa cuando fuese necesario. También lo autorizaban a multar a cualquier persona que cogiese lavando ropa u otras cosas en las fuentes o sus aljibes. Antes de recibir la paga tenían que comprobar que las fuentes estaban bien reparadas, en caso contrario se la retenían hasta que estuviesen en condiciones.

El 8 de noviembre de 1684 el procurador general informó a la Ciudad de que había mandado arreglar los caños de la fuente de la Magdalena. La obra fue visitada por el maestro Domingo Antonio de Andrade, autor de la sacristía de la catedral y que estaba en ese momento con la obra de la sala capitular.
De Abel Vilela, Adolfo
De Abel Vilela, Adolfo


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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