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Asesinos mediáticos

viernes, 21 de diciembre de 2012
Dar publicidad a ciertas cosas y establecer “competiciones” es una temeridad. Nos cuentan que el pirado americano que se lio a tiros en un colegio llevó a cabo “la segunda peor masacre” de la historia de Estados Unidos. Se nota que es un país nuevecito y que no tuvieron a personajes como Torquemada que, al frente de la Santa Inquisición, pulverizó probablemente todos los récords habidos y por haber en temas de barbaridades varias. El problema es que de aquella no existía el Instituto Nacional de Estadística y las cifras son vagas.

Dar esa especie de categoría periodística a un chalado lo único que hace, creo yo, es animar a que algún otro enajenado del estilo a intentar superar al “number one” y cargarse a más críos, para tener el récord absoluto en alguna categoría y, así, pasar a la Historia aunque sea junto a nombres difícilmente honorables.

Hay que tener mucho cuidado porque la línea entre la información y el homenaje es muy fina, y no sólo depende del punto de vista del emisor, sino de los millones de receptores que vemos cómo una persona cuyo único logro en la vida es armarse hasta los dientes y matar niños se hace más famosa que, yo que sé, una monja clarisa que salva vidas a niños alimentándolos en estos malos tiempos.

Personalmente yo les propondría que cuando haya noticias de este tipo, en que el morbo generado es tan grande que los “periodistas” no pueden evitar “informar” hasta del número de zapato que usaba el cabrón de las pistolas, se pixele la cara del tipo y se omita su nombre. Así a lo mejor algún donnadie con aires de “grandeza” (ellos lo ven así, a mi no me miren) se desanima y piensa “si total no me voy a hacer famoso sigo vendiendo hamburguesas o me pego un tiro en la intimidad de mi casa”.

Insisto, una cosa es una noticia, aunque este término se ha devaluado desde hace unos años (no puedo olvidar a Nieves Herrero y su circo mediático con las niñas de Alcasser, que yo creo que es lo que dio en España el pistoletazo de salida) y otra muy diferente el homenaje, que ha de reservarse a contadas personas y ocasiones.

Incluso los homenajes “honrados” son algo muy complicado. Si se lo haces a alguien en vida parece que lo estás matando, que le quedan pocos años y que hay que cerrar capítulo antes de que sea tarde. Si se lo haces después de desaparecido, pues ya me dirás tú qué utilidad tiene, único como recuerdo porque el homenajeado se va a enterar de más bien poco. Encima en el primer caso corres el riesgo de que el protagonista de repente te salga rana y que te deje quedar como un imbécil. Pregúntenles si no a la revista Time, que nombró a Hitler “hombre del año” en 1.938, lo mismo que ha hecho este año con Obama. Supongo que aún estarán dándose de cabezazos en algún sitio. O no, que hay mucho nazi de tapadillo suelto por ahí.

El Ayuntamiento de Lugo, con una sabiduría que es poco habitual a esta institución en los últimos años, tomó el acuerdo de que sólo se dedicarían calles a personas fallecidas. Esto tiene dos ventajas enormes: la primera es que minimizas la posibilidad de que el personaje de turno te declare la III Guerra Mundial (sólo el Cid y Santiago Matamoros hacían estas cosas después de muertos) y la segunda es que nadie vivo se impacientará por que le dediquen una vía pública, visto el requisito principal que es haber doblado la servilleta.

De todas formas el chalado de Estados Unidos cometió un error de cálculo. Si hubiera hecho la matanza hoy en vez del otro día, y hubiera dejado un vídeo contando que lo hacía para evitar a la gente el sufrimiento del fin del mundo, se habría hecho muchísimo más famoso y dentro de años se seguiría hablando del “Asesino del Fin del Mundo”.

Ahora que lo pienso, yo aquí abroncando a los periodistas por dar ideas y acabo de dar una buenísima. Pero bueno, confío en que los lectores sean personas equilibradas y que si quieren pasar a la historia sea, como mínimo, por sacarnos de la crisis. Si yo pudiera elegir preferiría que, de recordarme, me recordaran como a Churchill, que terminó la II Guerra Mundial, y no como a Hitler, que la empezó. Aún hay categorías.
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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