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Las fuentes del Pilar y Aguas Férreas

jueves, 13 de diciembre de 2012
Memoria de Lugo. El suministro de agua a la ciudad

Las fuentes del Pilar y Aguas Férreas en el paseo de la Tolda

Hasta que se utilizó para la variante de la carretera N-VI a finales de la década de los 70 del siglo pasado, el paseo de la Tolda fue un lugar de esparcimiento de los lucenses desde su creación como camino vecinal. En 1850 se expropia un parterre o jardín a José María Padilla del Águila, que fuera secretario del obispo fray Hipólito Sánchez Rangel (1825-1839), situado a la altura del balneario.

En este momento se debía de estar trabajando en la nueva vía ya que en la sesión del 27 de noviembre de 1852 se dio cuenta de una instancia de los vecinos del Barrio de San Roque en la que exponían los perjuicios que se les iba a causar “con motivo de ponerse expedita la vía de primer orden proyectada del Puente a la Tolda de Castilla. Se acordó que pasase a la comisión que entendía en la de los vecinos de Fingoi, que se volvieron a quejar al Ayuntamiento en 1853 porque “el contratista del camino vecinal que sigue del Puente a la Tolda, obstruye con la nueva obra otro camino público que sirve de paso a dicho lugar”.

El 26 de febrero de 1853, se acordó que con cargo a la partida de gastos imprevistos, que se pagasen 634 reales y 26 maravedis a José María Padilla del Águila, secretario del obispado, mandados abonar por el gobernador civil “por el terreno de que fue expropiado en el año de mil ochocientos cincuenta para construir el camino que arranca del volteador de la carretera de Santiago, frente a la Casa de Baños”.

Esta obra fue proyectada por el ingeniero provincial, Marcelo Sánchez Movellán, que diseñó las fuentes de la España de la Praza Maior y del Obelisco de Santo Domingo. Con motivo de su traslado a Burgos, el Ayuntamiento pidió a la reina que no lo hiciese, porque entre las obras que había proyectado y estaba dirigiendo, además de la de las fuentes “está construyendo casi a las puertas de esta ciudad, y a las márgenes del Miño, un camino vecinal de primer orden. Esta obra que se verifica por contrata, reclama también la presencia del señor Movellán, a quien el Ayuntamiento reconoce como ingeniero hábil e inteligente, ha tenido además muchas ocasiones de observar su celo a toda prueba en vigilar a los contratistas de obras, e impedir que estos se liberasen a costa de la lealtad con que deben cumplir sus compromisos”.

Una petición a Isabel II a favor del ingeniero

El Ayuntamiento intentó evitar el traslado del ingeniero enviando una exposición a la reina Isabel II, a través del gobernador. En ella decían que el Ayuntamiento había tenido ocasión de comprobar las virtudes, inteligencia y conocimientos poco comunes del funcionario. Desde hacía algunos años se habían hecho trabajos de consideración que mejoraron notablemente el ornato público y las comodidades del vecindario, gracias a la inteligencia, rectitud y celo infatigable del facultativo que supo conciliar los gastos con la escasez de los fondos municipales haciendo que alcanzasen en las obras públicas.

La más importante fue la del suministro de agua mediante la reconstrucción del acueducto del obispo fray Francisco Izquierdo. La obra, imposible financieramente para el Ayuntamiento, se inició por administración poniendo al frente de ella al señor Movellán, que además trazó los planos y preparó los trabajos. La obra que estaba iniciada, contaba con un presupuesto de 99.000 reales para el tramo comprendido dentro de la muralla.

Las fuentes del Pilar y de las Aguas Férreas

La fuente neoclásica del Pilar, situada entre el Balneario y el molino, la hizo la Diputación en 1868 con el camino vecinal de la Volta da Viña a la Tolda. Debió de sustituir a una fuente que llamaban del Obispo, ya que el 25 de enero de 1865 el regidor síndico llamó la atención del Ayuntamiento “sobre el mal estado en que se halla la fuente denominada del Obispo en el camino del Puente a la Tolda cuya reparación se hacía urgente por el servicio que presta a los vecinos y transeúntes”. La Corporación acordó pasar la petición a la Comisión de policía Urbana para que propusiese las obras que considerase más necesarias.

Otra de las fuentes muy utilizada en su momento fue la de las Aguas Férreas. El Ayuntamiento reconoció el 21 de junio de 1869 que era de necesidad “reparar inmediatamente la fuente de las Aguas Férreas para que el público no sufra perjuicios en la estación presente”, acordaron que el alcalde oyendo al arquitecto, dispusiese la ejecución de la obra por administración por el poco coste que debía de tener.
De Abel Vilela, Adolfo
De Abel Vilela, Adolfo


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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