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El PSOE que me gusta

miércoles, 28 de noviembre de 2012
Cuando un líder de una organización hace algo (sobre todo si mete la pata) solemos tender a achacar esto al conjunto, y más si la entidad nos cae regular o mal. Ayer nos contaban desde elplural.com (medio que muy católico no viene siendo) que la Iglesia pide seguir el ejemplo de Franco porque un cura dijo algo parecido a eso (en la propia noticia el texto no justificaba que en la homilía soltaran semejante cosa) y la Iglesia no lo hizo retractarse, como hace en otras ocasiones.

Pues hoy vamos romper una lanza por la corriente contraria. Voy a felicitar a parte del PSOE, con toda sinceridad y sin doble intención ni sarcasmo de ningún tipo.

No sé si se han enterado pero hay una serie de afiliados socialistas que han grabado unos vídeos en que piden disculpas por los errores cometidos por Zapatero y sus muchachos. Entre quienes apoyan el vídeo de marras está, pásmate, Carme Chacón, otrora ministra del ejecutivo zapateril.

Que una organización política reconozca errores es algo tan bueno y saludable como poco habitual. No sólo se suelen enrocar en la equivocación, sino que siguiendo el principio dictado por Goebbels, repiten engaños pensando que los van a convertir en realidades, y en ocasiones incluso aciertan. Lo malo es que la gente que piensa se da cuenta de que le están intentando tomar el pelo, y aunque los partidos saben que estos son minoría, no tienen en consideración que son la minoría que decide las elecciones, la que los periodistas y encuestadores llaman “indecisos”.

El PSOE está atravesando su particular calvario electoral. Tras los bofetones recibidos en las locales, generales y autonómicas (porque no ha coincidido que se elijan más cosas) Rubalcaba sigue en su postura de que todo es maravilloso y que no tienen que hacer prácticamente más que pequeñas correcciones de rumbo. No parece que sea así. Sus muchos y manifiestos errores han sido más importantes para llevar a Rajoy a la Moncloa que los aciertos de este último, ya que la política de Don Mariano es difícil de vender en un país acostumbrado a la mamandurria generalizada. Aquí quien no trinca una subvención parece idiota.

Parte de los miembros del PSOE se han dado cuenta de que así no pueden seguir, y por eso han elaborado esa disculpa que es un brillo de esperanza para quienes creemos en la Democracia como algo más que ir a votar cada x años.

Éste es el PSOE que me gusta. Sí, hay un PSOE que me gusta aunque no esté de acuerdo con él. Se puede respetar a una persona u organización que no piense como uno, siempre que aprecie honradez y buenas intenciones. Otra cosa es que se comulgue con sus opiniones o políticas, pero ese es otro cantar. La política debería ser un ejercicio de caballería moderna, en que se respeten unas normas, unos principios y unas actitudes que hoy están demodé pero que creo que la mayoría deseamos que regresen cuanto antes.

El PSOE que me gusta es el que coge el toro por los cuernos y se moja. ¿Es políticamente incorrecto? Quizás sí, quizás no. A corto plazo tal vez no sea rentable reconocer errores en la gestión, pero creo que a medio o largo plazo sí es bueno reconocerse humanos y hacer como César en la antigua Roma: llevar a alguien cerca que te vaya susurrando al oído “Respice post te, hominem te esse memento”, aunque mejor en castellano que los líderes actuales seguramente saben de latín lo que yo de física cuántica (“mira hacia atrás y recuerda que sólo eres un hombre”).

Lo sé, todo puede ser una táctica política. Estamos tan acostumbrados a la suciedad que cuando vemos algo brillar pensamos que es porque está cubierto de grasa. Tal vez sea una táctica de Chacón para dárselas de guay, quizás una maniobra del sector crítico con Rubalcaba para cargarse al “líder”… no lo sé, y francamente, mientras actúen así y no se desvíen de ese camino hasta les puedo decir que me parece poco relevante. Esto es como la gente que cuida de sus mayores, habrá quien piense que es por la herencia, pero al menos los cuida. A la persona mayor, mientras se sienta querida y atendida probablemente no le importen los motivos, y quien quiera pensar mal, que piense.

Todos los partidos cometen errores, pero no los reconocen aunque sean conscientes de ello. Aquí tenemos una excepción. A ver si cunde el ejemplo.
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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