Opinión en Galicia

Buscador


autor opinión

Editorial

Ver todos los editoriales »

Archivo

Luis Rey Cortés, militar y profesor de música

miércoles, 28 de noviembre de 2012
Orteganos en el mundo

Luis Rey Cortés, militar y profesor de música

Luis Rey Cortés nació en la parroquia de Senra el 5 de marzo de 1915. Fue el último de los diez hermanos que compusieron la numerosa prole familiar. Vivió sus primeros años con sus padres y hermanos en el lugar de Saá, ocupándose de los trabajos propios de una agricultura basada en el autoconsumo. Ser el benjamín de la casa le confirió un estatus especial ante las tareas que diariamente debía desempeñar el resto de la familia. Ello le permitió dedicarse a la música a una edad más temprana que los demás chicos de su época. Ya con once años formaba parte de La Lira Ortegana, la recién creada banda dirigida por el gran maestro Andrés Mariño López.

Durante su juventud, Luis estudió solfeo y clarinete en mi bemol, también llamado requinto, bajo la tutela de sus hermanos, que ya eran unos aventajados alumnos de sus maestros y convecinos Andrés Mariño y Paco Garrote. Además de una buena disposición para aprender cualquier cosa, Luis gozaba de un gran talento natural para la música, lo que le hacía alcanzar unas cotas de perfeccionamiento que sólo estaban al alcance de unos pocos. Su destreza era aprovechada por el director de La Lira para que, durante algunas actuaciones de la banda y tras la petición del público, interpretase con su requinto solos magistrales. Estas demostraciones de sus capacidades le hicieron tomar conciencia de sus posibilidades para seguir su camino profesional vinculado al mundo de la música.

A pesar de sus amplios conocimientos de música y su dominio del instrumento, Luis sentía que su formación estaba todavía incompleta, por lo que, con las ansias propias de un joven bien dotado para la música, inició el estudio de otros instrumentos en los que consiguió sobresalir, aunque sin lograr la excelencia que había alcanzado con el clarinete.

Fue llamado a filas en 1936, pasando parte de la contienda española en el Regimiento Infantería Isabel La Católica, núm. 29, destacado en A Coruña. Una vez licenciado del Ejército como soldado de reemplazo, orientó su formación a regresar a la vida militar, pero esta vez de forma profesional. Para ello hubo de superar una oposición de músico para la plaza de clarinete en mi bemol. Una vez asegurado su futuro, aprovechó la oportunidad que le brindaba la vida militar para seguir creciendo como músico con los mejores profesionales del momento. La única desventaja de su nuevo empleo eran los continuos cambios de destino que debería asumir, ya fuese por su propia decisión, con el fin de incrementar su salario, o por las necesidades del servicio.

A la nueva vida de Luis se incorporó también Regina Guerreiro Díaz, con quien contrajo matrimonio y con la que tendría una única hija, María Luisa. Desde entonces, y a lo largo de su carrera militar, su vida y la de su familia se transformará en un ir y venir de un lado a otro.

Su primer destino como músico profesional lo llevará al País Vasco, a las filas del Regimiento de Cazadores de Montaña, núm. 8, en San Sebastián.

Durante su estancia en la capital guipuzcoana, rentabilizará su tiempo libre completando sus estudios de clarinete y violín en el Conservatorio Superior de Música donostiarra, donde obtendrá los títulos de profesor en ambas especialidades. A pesar de encontrarse a gusto en la Bella Easo, tuvo que abandonarla durante dos años para servir en el regimiento homónimo de Lérida.

El retorno a la capital vasca marcará el inicio de sus preparativos para regresar a su tierra. Pero el tránsito a Galicia no será tan rápido como en un principio esperaba, ya que antes de pisar suelo gallego habrá de permanecer durante dos años en la banda del Regimiento Infantería Simancas, núm. 4, de la ciudad asturiana de Gijón. Sus anhelos se vieron al fin cumplidos cuando se le confirmó la obtención del puesto de clarinetista en la banda del conocido Regimiento Infantería Mérida, núm. 44, en Ferrol.

En la ciudad departamental, Luis pasará los últimos años de su vida militar, que concluirán a sus 58 años con su paso a la reserva. No obstante, a Luis le quedaban todavía muchos años para seguir disfrutando de lo que más le gustaba: impartir sus clases de música y estar con su familia y amigos.

Una vez jubilado, fijó su residencia, primero, en Santiago de Compostela y, más tarde, en Huelva y Sevilla. Su destreza con el violín le permitió conseguir una plaza de profesor tanto en el conservatorio de Santiago de Compostela como en el de Huelva.

Sus diversas experiencias en el mundo de la enseñanza de la música le condujeron a crear su propio método. Con él sus alumnos podían aprender a tocar el violín con tanta maestría como le permitiesen sus habilidades. Su método se complementaba perfectamente con sus grandes dotes para la docencia y la buena relación que mantenía con sus discípulos, casi siempre universitarios, a los que era capaz de transformar en unos auténticos músicos, con la solvencia suficiente para competir en cualquiera de los recitales que anualmente se celebraban en alguno de los auditorios de la ciudad del Apóstol, y que normalmente se consumaban en los de Santo Domingo o de la Universidad.

Su natural sencillez y los difíciles tiempos que le tocaron vivir hicieron de él una persona amable y un buen compañero de fatigas. Luis fue miembro de varias sociedades filarmónicas de las ciudades en las que vivió. Entusiasta de los grandes conciertos, era un asiduo seguidor de las actuaciones musicales de la radio y la televisión para las que siempre se preparaba, partitura en mano, con el fin de no perderse ni un solo detalle. También le gustaba acudir a cuantos eventos musicales podía, principalmente si en ellos intervenía una banda, orquesta o grupo importante, y sobre todo si ofrecían la actuación de algún violinista de fama internacional, a quien él seguramente habría oído en repetidas ocasiones. Frecuentemente se hacía acompañar por su mujer y su hija Marisa, quien afirma que, desde los ocho o nueve años, ya empezó a asistir y aficionarse a los conciertos.

Ella define a su padre como un hombre callado y reflexivo, que guardaba para sí sus sentimientos -como lo hicieron la mayoría de los de su generación-, y al que, en muchas ocasiones, había que leerle sus pensamientos en la mirada y los gestos. Algo que, por el contrario, no ocurría con la música, donde ponía toda su emoción y sentimiento. Su responsabilidad en el trabajo se adornaba de una simpatía natural que hacía de él una persona muy popular.

Luis Rey falleció en Sevilla el 6 de junio de 2012, a los 97 años, dejando tras de sí una gran obra, no sólo por sus composiciones, sino, y sobre todo, por haber hecho disfrutar de la música a sus alumnos, familiares, amigos y espectadores.
Suárez Sandomingo, José Manuel
Suárez Sandomingo, José Manuel


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


PUBLICIDAD
ACTUALIDAD GALICIADIGITAL
Blog de GaliciaDigital
PROMOCIÓN
PUBLICACIONES
Publicaciones
Publicaciones Amencer
Revista Egap
Obradoiro de Artesania