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Dr. Mosquera Ferrando, Experto en Gestión de Hospitales

lunes, 22 de octubre de 2012
Los mejores médicos eran judíos. Al menos en la España que aun no había concluido la reconquista. Su saber descendía de Galeno, el de los humores del cuerpo humano. La medicina que se basaba en la purga y la sangría.
Ourense, al que describe Cunqueiro, como la Borgoña de los gallegos, tiene rostro soleado, y un profundo secreto de fuego en sus entrañas, vio nacer la saga de los Mosquera. Posiblemente, entre la judería de Ribadavia.

Tradición de médicos, como Cosme y Damián; a los que cubría la cabeza un gorro amarillo. De ahí viene el color de la banda de las tunas de medicina, de las que formó parte en la ciudad que vive en torno al sepulcro del Apóstol, en noches de estudiantina, Pablo Mosquera Ferrando.

Nos remontamos a 1770, antes del nuevo régimen que imponen las ideas: libertad, igualdad y fraternidad, de la revolución francesa. Cuando aparece en escena Joseph Mosquera Da Torre que se casa con su prima Francisca Da Torre Caride. Eran hijos de Joseph Mosquera nacido por 1740 Y Rosa Da Torre.

El apellido Mosquera se cruza con los: Puga, Caride, Taboada, Noguerol; Blanco. El primer médico de la familia es, José Mosquera Puga, cuya lápida funeraria podemos encontrarla en el cementerio de Santa María de Tamallancos.

Tras la contienda civil, en la que el ejército profesional de África, se subleva contra el legítimo gobierno de la segunda república, con la ayuda de italianos y alemanes, en España se instaura una dictadura. En su ambiente, la Compostela que describe Pérez Lujín en su “Casa de la Troya”, es el centro de las nuevas generaciones de universitarios, que pasean aquella escasa bohemia por las viejas rúas en las que retumban las campanadas de la Catedral en dónde se ora ante el sepulcro del Apóstol, o se admira la obra maestra del gran Mateo, en un Pórtico ante el que se han quedado extasiados miles de visitantes, por la grandiosidad de la obra y la perspectiva que ofrece de una de las Catedrales más importantes del orbe cristiano.

Los canteros transmiten mensajes, propios y a petición de una Iglesia que predica: fe, esperanza y caridad, y deja preñados sus edificios religiosos con símbolos del poder eterno, misterios y jeroglíficos que pretenden ser atemporales.

Pablo Mosquera Ferrando, hijo de Alejandro Mosquera Caride y Francisca Ferrando Semino, es el pequeño de una familia que hace el periplo de ida y vuelta a la República Argentina. Ana, Pepe, Alfonso, Alejandro, Dorita, Raúl y Pablo, constituyen la descendencia de un médico y una dama que toca el piano en el Pazo de Tamallancos, cuando le entra la nostalgia por vivir en una aldea de la Galicia profunda.

Se queda huérfano siendo un escolar. La esperanza de vida en aquellos años nada tiene que ver con la del siglo XXI. El ha nacido cuando sus padres tenían 50 y 37 años, respectivamente. Y se traslada a la ciudad del sacramento y las murallas romanas, dónde vive con su hermano Alejandro, farmacéutico y vice cónsul de la Argentina en Lugo.

Estudia el bachillerato en aquel Instituto de Enseñanza Media que está ubicado en el ala norte de lo que hoy es el Palacio de la Diputación provincial de Lugo. Juega al futbol tratando de emular a sus ídolos del Atlético de Aviación, su equipo para toda la vida. Son sus amigos, Victorino Varela Noreña, Luis Mendaña, Daniel Varela, Efrén Arias, y un largo etc., es una persona tímida pero muy cariñosa, especialmente unida a su tía Clotilde Luengo casada con el Cirujano José Mosquera Blanco, y su primo de la misma edad, Fernando Mosquera Luengo.

La guerra civil comienza cuando termina el bachillerato y se dispone a emprender los estudios universitarios. Forma parte del cuerpo de ejército italiano que junto a los alemanes, intervienen en la contienda del lado de los sublevados. Es el soldado asistente de su hermano Alfonso, oficial médico, precisamente por su descendencia materna italiana.

Así transcurre la primera parte de la juventud de un gallego de Ourense nacido un 9 de junio de 1920, que con 16 años se viste el uniforme de guerrero en un enfrentamiento entre españoles, que servirá para probar tácticas y armas que serán básicas en la gran contienda mundial que la crisis económica, social y política, ya asolaban a Europa, abatida entre el fascismo y el comunismo.

En 1939, tras el final de la guerra, acude a la ciudad del Apóstol, se matricula en la Facultad de Medicina de la Universidad creada en 1495 y con el impulso del gran arzobispo Alonso III de Fonseca, amigo personal de Erasmo de Rotterdam. Este campus, de los más antiguos del mundo, comienza impartiendo las humanidades de: Teología, Gramática y Arte, a las que luego se unen Derecho y Medicina.

En una pensión del casco histórico de Santiago de Compostela, regentado por Obdulia, en las proximidades del café Derbi, a la vista de la Alameda, cerca de la parada de autobuses de Castromil, a la entrada de las rúas dónde la lluvia será arte y las campanadas de la Catedral más emblemática del occidente llaman a los peregrinos que hacen el camino para llegar al fisterrae, se hace médico, emulando a Hipócrates, Galeno, Abicenna, Abulcasis, Averroes, Avenzoar. La Facultad de Medicina que acoge a los jóvenes de la posguerra, está impregnada por el saber de un gran clínico, Roberto Novoa Santos(1885-1933), cuya obra de patología general ha figurado entre los libros de mi padre, como un tesoro.

De estos años, el mejor recuerdo lo constituye la Tuna Compostelana, dónde toca la pandereta -panduriño- y es presidente su amigo de la infancia, compañero de pensión y de Facultad, Victorino Varela Vázquez. Son tiempos de bohemia estudiantil y de partidas de dominó con su primo hermano, Fernando Mosquera, que despluman a los ingenuos que se enfrentan a dos auténticos tahúres del único juego permitido por la dictadura.

La Tuna Compostelana nace en 1876. En una actuación en Ferrol, en 1879, estrenan el vals "Sola se queda Fonseca". En 1886, forma parte de ella un estudiante de medicina que tendrá un papel fundamental en nuestra historia, Castelao.

La llamada Tuna de la posguerra, recorre las calles de Galicia, actúa en los mejores teatros del momento, da recitales en los actos conmemorativos de la universidad, lleva en su pecho el báculo de Asclepios o Escolapio. Aquellos jóvenes estudiantes de la España y Galicia de 1942, se despiden los días 27 y 28 de mayo del curso 1944-45, y no se volverán a rencontrar hasta el 20 de febrero de 1965, en el Hotel Compostela, en una cena de confraternidad conmemorando el año santo Jacobeo, con una ofrenda al Apóstol a cargo del Presidente de aquella Tuna, Victorino Varela Vázquez.

De estas lides juveniles nace la gran amistad con un gallego llamado a ocupar cargos de enorme importancia. José Luis Taboada García, que será hombre clave en dos hechos trascendentes para A Mariña de Lugo La ubicación en tal espacio de la factoría de Aluminio de Galicia, que se la disputaban en Arosa. La creación del hospital da costa, que se convierte en la mejor de las iniciativas sanitarias para la vida y el derecho a la salud de los habitantes de la antigua provincia de Mondoñedo..

Regresa a Lugo, ciudad entre clérigos y soldados, asolada por el hambre y la tuberculosis, de clima duro, en un Castro que contempla el transcurrir del Miño que nace en la sierra de Neira y hace frontera con Portugal en uno de los lugares más hermoso del sur de Galicia, que se contempla desde el Castro de Santa Tecla, perteneciente a la antigua Diócesis de Tuy.

En Lugo, desde el siglo XIX, hay un hospital provincial, patrimonio de la Diputación, que asoma en las proximidades de la calzada romana que llega tras atravesar el Miño lugués por un sólido puente romano, hasta no hace mucho, camino de Santiago y Ourense, para toda suerte de vehículos.
El Hospital San José, llegó a disponer de 110 camas en salas de 10 o 12 ingresados. Mantuvo su carácter de hospital de beneficencia hasta mediados de los años 80. Mi padre fue médico becario de tal institución en la segunda mitad de la década de los años cuarenta. Añade, una consulta en la calle del 18 de Julio, esquina con García Abad.

Durante esta etapa, conoce y se casa con mi madre. La boda tiene lugar en la iglesia parroquial de San Froilán, son padrinos Alejandro Mosquera Ferrando y Josefa Mata Ramírez, testigos: José Junquera González, Raimundo Pillado, Gonzalo Mosquera Luengo, Fernando Mosquera Luengo, José Mosquera Blanco, Luís Osés, Daniel Varela, Victorino Varela, José Arias Rubinos, Manuel Fernández Baltar, Eduardo Ruiz y Andrés Pérez Troche. Termina el acto con un ágape en "El Molino". Es cuatro de octubre de 1946.

Son sus inseparables amigos, del Círculo de las Artes de aquel Lugo gris, Jaime Sánchez Rey, Victorino Varela, Luis Mendaña, Eduardo Urgorri. Son médicos de prestigio: Bernardino Pardo Ouro, gran ginecólogo. Exiquio Sánchez Cuesta, neumólogo. García Portela, magnífico cirujano, que en el año 1962, me intervino de Apendicitis.

Permanece en la capital lucense hasta que al ganar la oposición al cuerpo de Inspectores Médicos del SOE, se traslada a Manresa, en 1956. Al año siguiente a Barcelona, dónde será inspector médico adjunto a la dirección de la Residencia Sanitaria "Francisco Franco" con el Dr. Garnacho, jefe provincial y director del centro. Se había convertido en funcionario de carrera ya como tantos gallegos, emigrado a la Cataluña de la industria textil.

Pero echaba de menos su tierra, y no se encontraba a gusto en una región en la que a los de fuera, especialmente a los gallegos, se les denominaba "charnegos". Y así, solicita reglamentariamente, el traslado a Galicia, lo que sucede enviándole a la inspección médica de zona en Ferrol. Corría el año 1960. De aquí a Santiago de Compostela, en 1961

Es la segunda vez que Pablo Mosquera Ferrando, recorre las rúas compostelanas, escucha el sonido de las campanas sobre las piedras graníticas, pasea por la Herradura, juega la partida de dominó en las proximidades de la Senra, entre otros con el catedrático de pediatría, Peña Guitián. Y pasea por el Toral con su amigo, mi profesor de literatura, el gran Pedro Martul Rey, hombre que ha regresado del exilio mexicano. Casado con una hermana del gran poeta mariñano Luis Tobío. Acude a disfrutar de aquel Pontevedra del “hay que roelo”, pues sigue siendo un gran aficionado al futbol.

Desde el domicilio en “Tras del Pilar”, un día nos asustamos con el asesinato del Presidente J.F.K., relatado por la radio, pero también, disfrutamos con la primera Eurocopa de España, con el famosos gol del gallego Marcelino, y los pases del fantástico coruñés, Luis Suarez, que junto a Amancio, constituyen lo mejor que ha dado el futbol gallego.
Su amistad con el Jefe Provincial de servicios sanitarios del I.N:P. de la provincia de La Coruña, José Miguel Cuesta Inclán, le coloca en la historia de la sanidad española. Es nombrado sub director del más moderno hospital del país. La Residencia Sanitaria “La Paz” de Madrid. Estamos en 1964. En 1966, es nombrado Director del Hospital general del complejo asistencial Ciudad Sanitaria “La Paz”.

Su estancia en la capital de España, supone:

· Rencontrarse con sus hermanos, Dorita y Raúl, y con todos sus sobrinos y cuñados.
· Recuperar la amistad con un gran español, máximo directivo de la compañía de seguros Gressan. José María Porras.
· Recuperar el contacto de mi madre con sus familiares de Ciudad Real.
· Ser el anfitrión de los vips que acuden a España y que, necesariamente, visitan lo que constituye la joya de la sanidad española.
· Contactar con el presidente argentino en el exilio. Juan Domingo Perón. Precisamente por la relación de la familia Mosquera que vive en La república Argentina y que son “justicialistas”.
· Realizar los cursos de Director y Gerente de Hospitales que promueve la Dirección General de Sanidad y el Ministerio de Trabajo.
La orla de la primera promoción de Gerentes de Hospitales de España, es un documento histórico. La preside el profesor García Orcoyen. Y se diploman 43 médicos, que ocupan los puestos claves de la sanidad española. Desde Germán Garnacho, hasta un largo etc, con profesores de enorme prestigio como: Segovia de Arana, Segundo López Vélez, Montero Castillo, Pilar Nájera, Díaz Cardama, Asenjo Sebastián, y todos los miembros del cuerpo de Inspectores del INP que ocupan puestos de relevancia en la organización de la asistencia sanitaria en España.
Pablo Mosquera Ferrando, de Tamallancos, alumno de la Universidad Compostelana, ya forma parte de la historia de la sanidad pública española, la que construye una red de hospitales públicos y forma, en ellos, a los mejores especialistas del elenco médico que cada vez más cambia, "ojo clínico" por diagnóstico basado en la evidencia científica.

En 1969, es nombrado Director de la Ciudad Sanitaria “Francisco Franco” del I.N.P. de Barcelona. Un gallego ocupa la dirección del segundo Centro Hospitalario más importante del país. Es el Gerente de la segunda empresa más importante de Barcelona, tras la SEAT.

Su estancia en Barcelona supone, que tras su paso por Madrid, ha estado al frente de los médicos de más prestigio de España. En Barcelona, coincide con: Sales Vázquez, Ángel Ballabriga, Manuel Usandizaga, y sobre todo, Agustín Pedro Pons, que junto a Giménez Díaz, son los grandes maestros de la clínica.

Es la segunda vez que la ciudad condal se convierte en el lugar de residencia de un médico que había iniciado su periplo, fuera de Galicia, por Cataluña. Algún día comprobaremos que, el paso por Barcelona ha sido un denominador común en la formación de muchos universitarios gallegos. Barcelona es una capital del sur de Europa, cosmopolita, tan civilizada que, casi podemos decir, se palpa un sentimiento de decadencia propia de aquella Roma que tras ser la cumbre del universo, decidió entregarse a los placeres de la paz.

En Noviembre de 1970, los médicos del gran hospital de Cataluña y España, le rinden un homenaje de despedida, ya que ha sido nombrado Director General de los Servicios Médicos del Mutualismo Laboral, con sede en Madrid. Dónde comienza con el nuevo año de 1971.

Su misión, consiste, en organizar un cuerpo de médicos especialistas en accidentes laborales y enfermedades profesionales, así como rebajar el absentismo o peritar en las magistraturas del trabajo los procesos de reclamación de incapacidades permanentes.

Somos médicos inspectores de accidentes de trabajo: Fernando Mosquera Luengo, Victorino Varela Vázquez, Fernando Torres Marti, Luis Torres Cuesta, Federico Balagué, Pablo Ramírez, y yo mismo, primero en Barcelona y luego en Alava.

En 1975, se va a cumplir uno de los sueños de un viejo alumno del hospital clínico universitario de la ciudad santa de occidente. Pablo Mosquera Ferrando, hermano de dos médicos formados en Compostela: José Mosquera Ferrando y Alfonso Mosquera Ferrando, hijo de un médico formado en la facultad de medicina de la universidad literaria de Compostela, Alejandro Mosquera Caride, cuyo hermano Aquilino también hace la carrera de medicina. Todos ellos hijos del médico José Mosquera Puga.

Añádanse, otros primos, tíos y sobrinos, que se han ido haciendo médicos en las aulas y pasillos del viejo y querido hospital universitario, del que es nombrado director (Hospital General de Galicia) Pablo Mosquera Ferrando, y dónde permanece voluntariamente hasta septiembre de 1976, en que se le rinde homenaje de despedida por parte de los médicos, en el Hotel del Peregrino. Ha sido la tercera vez que ha vivido en la hermosa ciudad capital de la Comunidad de Galicia.

En estas fechas, se da la circunstancia de coincidir, un padre y sus dos hijos como Inspectores médicos de la Seguridad Social por oposición y directores de centros hospitalarios. (Hospital de Santiago, Hospital de Vitoria, Hospital de Gijón).

Compostela es una joya en la que confluyen todos los estilos arquitectónicos, una auténtica enciclopedia del arte en torno al sepulcro del Apóstol. Sus calles de piedra, sus edificios centenarios, sus fuentes, plazas y rincones que acogen la magia de las sombras de grandes hombres de la Iglesia, especialmente Gelmírez.

La ciudad de las cuatros grandes plazas que rodean la basílica a la que llegan los peregrinos por la puerta de la Azabachería, o por la puerta Santa. Obradoiro, Platerías, Quintana y Azabachería, son lugares para escuchar los pasos del hombre, la música de la lluvia al depositarse y hacer espejos en las piedra milenarias.

De aquí se marcha para descansar y disfrutar del sol y las playas, a Santa Cruz de Tenerife, como Director de la sectorial de Ambulatorios de dicha provincia insular Se jubilará en noviembre de 1978, tras un homenaje de sus compañeros médicos de Canarias.

A partir de ahí, viven en San Ciprián, despertándose con la marea y el viento mareiro, disfrutando de una tierra que no le vio nacer, pero de la que se enamoró nada más poner pie en su patrimonio histórico, cultural y ecológico. Sigue jugando la tradicional partida de dominó, con gran demostración de memoria y habilidad. Los inviernos los pasa en San Juan de Alicante, en la Residencia de Previsión Sanitaria Nacional, dónde coincide con viejos y queridos amigos, compañeros de tuna, o de periplos hospitalarios. En el intermedio, visita a los compañeros de la Inspección Médica de Alcalá 56, con los que pasa repaso a la situación socio política del país y de la sanidad.

Conviene recordar un hecho trascendente para La Mariña luguesa. En su momento y como experto en hospitales, se le consulta desde el I.N.P. en su sede central de Madrid, sobre las necesidades de un hospital en dicho territorio, ya que el crecimiento de la población con la presencia de la factoría de Aluminio de Galicia, ha descompuesto la oferta de servicios y equipamientos.

En contra de lo que habían opinado desde el Colegio de Médicos de Lugo, el Dr. Mosquera Ferrando, estima indispensable tal obra, y aconseja que se sitúe en el Concello de Cervo, concretamente en la parroquia de Santa María de Burela. Precisamente, en la firma del convenio que dará lugar a la obra, están presentes dos amigos íntimos de mi padre, antiguos compañeros de tuna compostelana. Eduardo Urgorri García y José Luis Taboada García.

Participa, activamente, desde su retiro mariñano, en la lucha popular contra la instalación de una central nuclear en la Roncadoira de Xove.
Se moviliza con los problemas de excretas directas desde Rio Covo a las playas de San Ciprián, hasta que se hacen las correspondientes infraestructuras sanitarias del poblado.

Su vida transcurre plácidamente, alejada de la política y de cualquier actividad que no sea su propia opinión sobre la sanidad pública y la defensa de las conquistas sociales del país.

Sigue muy de cerca a su nieto Antón, del que es padrino, y acude a su graduación en la universidad de Navarra, como nuevo abogado.

Está muy preocupado por mi actividad en defensa de la libertad y los derechos fundamentales de los españoles que residen en el país vasco, azotado por el terrorismo de ETA, que me sitúa en la diana de los comandos.

Así, año tras año, hasta que se le diagnostica una grave enfermedad neurológica. Fallece en octubre del 2002, a los 82 años de edad, en el hospital da costa de Burela, dónde desde hacía más de un mes, era director gerente, su hijo Pablo Mosquera Mata. Está enterrado en el cementerio de Santa María de Tamallancos, con sus padres y hermanos.

Sus dos últimos actos son: La asistencia a la toma de posesión del Gerente del Hospital Da Costa, su hijo primogénito, que ha cambiado política vasca por servicio público a los gallegos. Y, la sonrisa a mi madre, su compañera desde aquel San Froilán de 1945, a modo de despedida, en la cama de un hospital público, en la antigua Diócesis de Britonia, que funda Mailok, que tendrá su sede en San Martiño de Foz, y luego en Mondoñedo.
Mosquera Mata, Pablo A.
Mosquera Mata, Pablo A.


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