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Eusebio Dávila Díaz, el filántropo de la protección social

jueves, 04 de octubre de 2012
Orteganos en el mundo

Eusebio Dávila Díaz, el filántropo de la protección social

Eusebio Dávila fue hijo de Marcial Dávila Rivadeneira, un reconocido maestro de cuyos méritos pedagógicos y humanidad se beneficiaron varias generaciones de alumnos que posteriormente le certificarían su reconocimiento dedicándole una placa honorífica que colocaron en el grupo escolar de Ortigueira.

Como su hermano, el geógrafo local y miembro de la Real Academia Gallega Julio Dávila, Eusebio emigró a Argentina, a donde llegó embarcado en el transatlántico alemán Cap Arcona desde Vigo. Una vez en tierras americanas, se introdujo en el mundo de los negocios ganaderos. Sus empresas le resultaron productivas, lo que le permitió llevar una vida bastante holgada, aunque sin olvidarse por ello de los más desfavorecidos de su tierra. A partir de finales de la segunda década del siglo XX, se convirtió en uno de los más grandes benefactores de las gentes de la Comarca del Ortegal por medio de las donaciones efectuadas a sus entidades sociales.

Tanto Eusebio como su mujer Dolores fueron unas personas muy religiosas e inclinadas a contribuir económicamente en todas aquellas causas que permitiesen elevar la calidad de vida de los demás. Una de sus primeras aportaciones de dinero fue para los premios de los concursos anuales de ganado de la villa, con los que se reconocían a aquellos participantes que estuviesen intentando mejorar el desarrollo y la prosperidad de la ganadería bovina de la comarca.

Pero sus mayores aportaciones tuvieron como destino las obras sociales. Así, en 1920, el matrimonio legó al hospital municipal de San Roque “doce camas de hierro blancas esmaltadas, veinticuatro sábanas, lienzo bueno de Jubia para otras veinticuatro, cutí para doce colchones o jergones, tela para camisas, fundas y almohadas, doce toallas afelpadas, doce ídem granate, veinticuatro servilletas, dieciocho mantas de lana y doce sobrecamas”.

Este equipamiento fue recepcionado por el ayuntamiento, presidido en aquellos momentos por el alcalde Federico Maciñeira, que corrió con los gastos del transporte de las camas desde A Coruña. Con estos enseres se venían a cubrir algunas de las muchas necesidades del centro contribuyendo, así, a mejorar el bienestar de los asilados y enfermos acogidos.

A pesar de este gran aportación, la conciencia social del matrimonio no quedó plenamente satisfecha por lo que prepararon un plan para dotar al hospital de un pabellón que ellos mismos costearían. Este proyecto fue expuesto el 26 de diciembre de 1920 por el propio Eusebio Dávila a la corporación municipal, que le reiteró “el imperecedero reconocimiento del concejo, por su desprendimiento valioso, en favor del Hospital municipal de San Roque”. Dos meses más tarde, le ingresaría una importante cantidad de dinero, a la vez que le adquiría en Bilbao una cocina para leña y carbón, con termosifón que le fue facturada por vía marítima hasta Ferrol, y, desde allí, trasladada a Ortigueira por cuenta del propio ayuntamiento.

El goteo de donaciones del filántropo ortigueirés al centro asistencial continuó al año siguiente con la concesión de un lavabo, un armario para la sala de hombres y la colocación por su cuenta de la cocina que le había regalado, además de otra suma de dinero destinada a la comida extraordinaria de Navidad de los asilados.

Ese mismo año de 1922, los Dávila volvieron a ofrecer algún dinero para los premios de los ganadores del concurso de las paradas de toros sementales de raza gallega. En esta ocasión solicitaron a los organizadores que los premios llevasen el nombre de Dolores Díaz de Dávila.

Ante el requerimiento del Club Ortegano de La Habana acerca del presupuesto necesario para establecer un gabinete de cirugía en el Hospital de San Roque, el ayuntamiento espondió que éste ascendería a unas 11.000 pesetas. Debido a su alto coste, la corporación municipal le sugirió a la entidad la posibilidad de resalizar la obra por su cuenta, o solicitar la colaboración “con el filántropo hijo de esta Villa Don Eusebio Dávila Díaz”.

Como se puede observar, el ayuntamiento tenía muy claro que siempre que quisiese subsanar alguna deficiencia de sus servicios, podría contar con el mecenas ortegano.

Durante la década de los años veinte, y después de deliberar sobre las opciones de seguir invirtiendo en el viejo centro o construir otro nuevo con unas condiciones más adecuadas para acoger a los hombres y mujeres que debido a su pobreza no podían hacer frente ni a sus gastos médicos ni de albergue, Eusebio y su mujer se decidieron por esta última opción.

A su regreso definitivo de la emigración, en abril de 1928, empezaron a concretar las ideas para los planos del centro. La obra del nuevo edificio quedó concluida para ser inaugurada en octubre de 1932, y tanto su distribución interna como externa revelaron que sus constructores habían seguido el diseño y las características arquitectónicas de los centros sociosanitarios argentinos levantados desde principios del siglo XX. El concepto resultaba totalmente innovador en este lado del océano, pues será el primer asilo de la tipología de pabellón con alas que se levantó en Galicia.

El edificio se situó sobre una amplia y elevada terraza en el lugar de Miñaño; destaca por su estampa limpia y funcional y por sus largas y bajas alas extendidas a partir de su cuerpo central. Desde él se pueden divisar unas bellas vistas panorámicas de la villa de Ortigueira y de su ría.

Para acceder al recinto donde se ubica, hay que traspasar una alta muralla desde la carretera de circunvalación de Ortigueira. Una vez franqueado el amplio portal, se encuentra una zona ajardinada que rodea el edificio, y por cuyo sendero central se accede a una amplia escalinata doble que sube hasta la puerta principal dispuesta en el eje de simetría del establecimiento asilar. Su fachada incorpora tres cuerpos; el central se yergue en dos alturas, mientras que sus dos pabellones laterales únicamente abrigaban en sus inicios una planta baja de forma rectangular.

En sus primeros años, el asilo estuvo regido por un patronato formado por el alcalde, en representación del ayuntamiento, y por otras personalidades relevantes de la villa a las que había nombrado el propio donante. Esta comisión fue la encargada de la administración de las 32.000 pesetas anuales que la familia Dávila presupuestó y dispuso para el mantenimiento del centro. Mientras su dirección y asistencia al centenar de asilados le fue confiada a la orden religiosa de las hermanas franciscanas de la congregación de la Madre del Divino Pastor.

El reconocimiento a su mecenazgo social le llegó a Eusebio Dávila en octubre de 1935 con la concesión, por parte del Gobierno de España, de la cruz de primera clase de la Orden Civil de Beneficencia. Un honor al que se le sumaría, por su parte, el ayuntamiento de su villa natal al ponerle un nombre a una de sus calles más céntricas.

Con el paso del tiempo, el ayuntamiento quedó como el único representante del patronato, al no haberse procedido, en su momento, a relevar a los primeros patronos cuando estos fueron expirando.

Durante varias décadas, el asilo albergó a aquellas personas mayores o incapacitados que estaban empadronadas en la villa o en el partido judicial de Ortigueira. Hoy, sin embargo, tras reconvertirse en una moderna residencia, acceden a ella, exclusivamente, las personas mayores del ayuntamiento que, por determinadas circunstancias, no pueden o no desean continuar viviendo en sus domicilios, y a las que se les prestan todos aquellos servicios que precisan por medio de un personal profesional y laico.

Una de las modificaciones más importantes que recibió el edificio durante su restauración y transformación en residencia en el año 2006 fue el incremento de una planta sobre sus pabellones laterales. Con ello se consiguió una mejora muy significativa en las, ahora, 47 habitaciones individuales y 7 dobles, todas exteriores. En ellas se pueden alojar hasta 59 personas, que van a contar con un baño libre de barreras arquitectónicas, un armario empotrado, una cama eléctrica articulada en cuatro planos, una mesilla de noche y un escritorio, así como toma de teléfono, antena de tv y radio, hilo musical, timbre y calefacción. La ampliación ha servido también para instalar los servicios comunes para la atención a las necesidades de los usuarios: comedor, sala de televisión, servicio médico, enfermería, sala de fisioterapia, peluquería o de espacios comunes, amplios y habilitados para el desarrollo de diversas actividades.

Y para no olvidar quienes fueron los que levantaron el edificio, y con ello la calidad de vida de los mayores de su comarca, la residencia actual ha guardado el nombre de Dolores Díaz de Dávila en honor a sus primeros donantes.

Desde el año 2007, la Residencia Dolores Díaz de Dávila está siendo gestionada mediante el Consorcio Galego da Igualdade e Benestar de la Xunta de Galicia.
Suárez Sandomingo, José Manuel
Suárez Sandomingo, José Manuel


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