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El suministro de agua

jueves, 04 de octubre de 2012
Memoria de Lugo. El suministro de agua

Las reformas del acueducto de fray Juan Conde y de Alejo Andrade

El 30 de junio de 1826, ante la falta de agua que había “en la fuente de la Plaza Mayor y demás que se surten de la que se conduce a la ciudad por el caño construido de antiguo” los miembros del Ayuntamiento deciden afrontar la situación. Los caudales para sostenimiento de la cañería y las fuentes eran 660 reales anuales que se percibían por las dos casas que el obispo fray Francisco Izquierdo (1748-1762) construyera en el Campo del Castillo. Como la mayor parte de la renta que se percibía en el mes de junio estaba gastada en reparaciones, no tenían ningún arbitrio al que recurrir, sino al de hacer un reparto general entre todos los vecinos, incluyendo a los conventos y al obispo, porque el beneficio era para todos, tanto por las fuentes particulares que tenían las comunidades religiosas, como el resto del público con las de la Plaza Mayor y la del Campo.

También acordaron que un técnico elaborase un presupuesto para enviarlo al intendente general para su aprobación, solicitando que les permitiese repartir por tercios las cantidades necesarias para la obra entre todos los vecinos, sin excepción por privilegiadas que fuesen sus clases, “por que de no haber agua en dichas fuentes no tan solamente puede perjudicar la salud pública, contagiándose las gentes con las de los pozos, sino perecer la misma ciudad por medio de incendios”.

El intendente pidió un presupuesto hecho por especialistas. Se lo encargaron a los maestros de obras, Juan Sánchez y Domingo Moreiras, que lo estimaron en 96.000 reales, cantidad que era muy elevada para repartir entre los vecinos, por lo que el Ayuntamiento sugirió un arbitrio o impuesto de 2 maravedis sobre el cuartillo del vino que se consumiese en la ciudad y su alcabalatorio, sin excepción alguna de personas, porque el beneficio era común para todas las clases sociales.

El intendente encargó el reconocimiento y presupuesto a Alejo Andrade Yañez, residente en la villa de Monforte de Lemos, académico de mérito de la Real Academia de San Fernando, vocal secretario de su junta delegada en Galicia, primer ayudante facultativo de los Caminos Transversales del Norte de Galicia, y después arquitecto ingeniero de Caminos Reales del reino de Galicia. Presupuestó las obras en 75.695 reales y 5 maravedis.

En la reconstrucción de 1753 se debieron tapiar los arcos del acueducto romano

La imagen que tenemos de los grandes acueductos romanos, es la de un canal sobre arcos. Cuando el obispo Izquierdo reconstruyó el acueducto entre 1753 y 1754, debían de existir restos del romano, ya que cuando Alejo Andrade hace la inspección dice que la arquería está tapiada, lo que se debió de hacer en la reconstrucción.

El acueducto en su tramo exterior, desde la actual zona de la Milagrosa hasta la entrada en la ciudad a la altura de la Puerta de San Fernando, era aéreo, un murallón de piedra que tenía arcos, todos tapiados en aquel momento, de manera que separaba las fincas. Los usuarios se subían al acueducto para pasar al otro lado o caminar sobre el canal que conducía el agua.

Para evitar los desperfectos que ocasionaba esta utilización, Andrade proponía abrirlos para que la gente encontrase un medio fácil de comunicación entre las tierras de uno y otro lado, evitando tener que saltar sobre la cañería. Los arcos que se encontraban enfrente de los caminos travesíos serían abiertos con preferencia a los demás.

Tubos de plomo para el agua como en las mejores fuentes de Europa

Pero la obra no la hizo Andrade sino que se la encargaron al maestro arquitecto fray Juan Conde, un benedictino maestro de obras de la ciudad de Santiago, residente en el convento de San Martín Pinario. Su método de reparación mereció la aprobación de la Corporación pero fue un fracaso, porque utilizó arcaduces o tubos de barro, que se rompían con facilidad debido a las oscilaciones térmicas, lo que dio lugar al procesamiento de la Corporación y del fraile por desfalco. Se encargó la obra a Andrade que desde un primer momento propuso tubería de plomo sin soldadura, ya que a finales de 1829 se instaló en Madrid una fábrica.

Era el sistema utilizado “en las mejores fuentes que conoce actualmente la Europa y aun el mundo a consecuencia del dictamen de los mejores ingenieros que ha tenido el grande Luis XIV, habría en las de esta ciudad algún motivo fundado para sustituirlos con barro endeble y tan poco consistente que forzosamente ha de sucumbir a la impresión de las heladas a menos que sea a una grande profundidad del suelo”.
De Abel Vilela, Adolfo
De Abel Vilela, Adolfo


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