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Rafael Fernández Casas, un maestro laico e innovador

martes, 11 de septiembre de 2012
Orteganos de adopción

Rafael Fernández Casas, un maestro laico e innovador

Rafael Fernández Casas nació en Buenos Aires en 1901, de padres gallegos. En 1903 su madre se trasladará con él y su hermano Manuel a Galicia. Una vez en territorio peninsular, la madre no pudo hacerse cargo del sustento de sus hijos por lo que decidió entregarlos en la casa-cuna que se encontraba en la periferia de la ciudad de Santiago de Compostela. Aunque no conocemos la fórmula que emplearon en la crianza y educación de ambos hermanos, lo más seguro es que al cumplir los cuatro años fuesen instruidos con otros chicos en el centro de menores en una formación muy básica en la que lo que primaba era la formación religiosa.

Según nos dice el profesor Andrés Santalla, Rafael salió de la inclusa cunado tenía 16 años, y, por otras fuentes, sabemos que estudió Magisterio en la ciudad del Apóstol. Al finalizar los estudios se fue a ejercer de maestro en Palas de Rei (Lugo).

Sus vivencias de esta primera etapa en una institución tutelar considerada, por entonces, en los límites más externos de la sociedad, le impulsaron a escribir el artículo titulado La ortodoxia de Concepción Arenal (1920) en el semanario compostelano La Renovación. Un artículo que está escrito en castellano y donde hace alusión a la temática más recurrente de la autora de El visitador del pobre: el pauperismo, desde unpunto de vista muy influenciado por la cultura y la fe católica en las que Rafael había sido educado en el hospicio santiagués. En ese mismo periódico volverá a publicar hasta tres artículos. El primero de ellos lo título La escuela del sufrimiento (1921), en el que se concentraba en los más aspectos negativos de la enseñanza tradicional de “la letra con sangre entra”, que había vivido en primera persona. El segundo, ¡Juventud! ¡Juventud!, es un alegato contra la juventud descarriada, o lo que hoy llamaríamos delincuencia juvenil, en el que alude a su falta de moralidad y su desprecio por Dios, a quien él acabará apelando para su salvación.

Antes de que saliese a la luz su tercer artículo en el semanario santiagués, se produjo en un gran giro copernicano en la evolución vital de Rafael gracias a los contactos iniciados desde octubre de 1923 con el gran maestro y poeta galleguista Victoriano Taibo. Ambos coincidieron durante sus estancias profesionales en la comarca ortegana, siendo, por un lado, Rafael el maestro del Colegio San Adrián y Victoriano de la escuela promovida por los miembros indianos de la Sociedad Puente de Mera habían creado en su localidad de origen. Por entonces, Taibo ya era un destacado miembro de las Irmandades da Fala, a la vez que un consagrado defensor de la lengua y la cultura gallegas, además de un colaborador habitual de los principales periódicos y revistas culturales de uno y otro lado del Atlántico. La visión combativa de Taibo por sacar la cultura autóctona del ostracismo en el que la mantenían los estamentos oficiales caló rápido y profundamente en Rafael, haciendo que germinase en él una personalidad aún más comprometida con la innovación educativa a través la cultura gallega, y que le convertirá en un adalid del galleguismo escolar.

Esta nueva influensia pronto va a empezar a plasmarse, será en su tercer artículo para La Renovación, que él denominará, ¡¡Abajo el caciquismo!! (1923). En él ya se observa un cariz de un posicionamiento político más claro que en los dos anteriores y la adopción de una postura más patente a favor de la lucha mantenida por las sociedades agrarias contra el poder localista y autoritario. Pero también demuestra su ingenuidad de novel en las estas lides al encomendar el cambio necesario a la recién estrenada dictadura de Primo de Rivera para acabae con el caciquismo, mediante la depuración de los políticos profesionales que lo sostenían y establecer así un poder más democrático.

El 14 de junio de 1924, el joven Rafael tomará posesión de la plaza de maestro en el colegio San Adrián, tras la renuncia o expulsión de Andrés Blanco. En su nuevo centro empezará a poner en práctica sus nuevas ideas docentes, en un momento en el que la educación escolar ya había empezado a tomar un gran arraigo entre los orteganos a través del impulso de sus vecinos emigrados y de las numerosas escuelas oficiales que paulatinamente se fueron abrien por el propio ayuntamiento. Los primeros habían descubierto sus propias deficiencias educativas al verse incapaces de lograr un trabajo cualificado en sus países de destino lo que les había llevado a levantar unas escuelas modernas con la que poder solventar estas necesidades en los hijos y vecinos que aún permanecían en sus pueblos y aldeas, mientras que el segundo se había sumado a esta labor ante la poca actividad llevaba a cabo el Estado a este respecto.

El magisterio de Rafael en el escolar de San Adrián siguió los mismos aires renovadores que le habían impuesto al centro sus donantes. Desde el principio, optó por un modelo educativo alternativo a la enseñanza tradicional y por la realización de todo tipo de actividades extraescolares, a la vez que integraba las propuestas metodológicas de las pedagogías activas que se estaban poniendo de moda introducidas por el movimiento conocido como Escuela Nueva.

Sin embargo, una de las novedades para la que, a buen seguro, tuvo serias dificultades para su introducción fue la transmisión de la educación en gallego. Rafael se manifestará sobre su cambio en el idioma de comunicación escolar en 1927, mediante un artículo que escribirá en La Voz de Ortigueira en el que expone su evolución hacia su expresión docente en gallego a causa del contacto que había mantenido con Victoriano Taibo unos años antes, y que rubricaba en los siguientes términos “Espellémonos nos verdadeiros Mestres nos que levan ergueito o pendón do exemplo, e ora en feixes ora aspallados, sen arredarnos, imitémoslos, como eu imitei ao poeta da Terra Victoriano Taibo, e demos exempro ecomo éste luitador o dá en todas bandas”.

Para los emigrantes orteganos, el gallego, sin embargo, suponía una traba para la integración laboral en los futuros países de acogida. Por ello, desde los propios estatutos fundacionales de sus asociaciones y de sus escuelas, se pronunciaban a favor de la enseñanza en castellano. No obstante, de puertas a dentro de la escuela, Rafael formalizó su enseñanza en el idioma vernáculo de sus alumnos, ya que era consciente de que era el más idóneo para comunicar los conocimientos a unos niños y jóvenes que estaban más habituados a él.

El activismo vital de este maestro desbordaba su faceta profesional y, como persona implicada en los temas sociales de su entorno, también buscó, entre otras cosas, canalizar las inquietudes deportivas de los jóvenes de la parroquia de San Adrián fundando allí un equipo de fútbol del que era su entrenador.

El 15 de octubre de 1926 Rafael remitió una carta al patronato de la Sociedad de Instrucción San Adrián en la que le exponía a sus directivos su deseo de renunciar a su plaza en la escuela. Su idea era trasladarse a la parroquia de Devesos y allí hacerse cargo de otra escuela también fundada por sus emigrantes: La Devesana.

La Devesana había sido inaugurada el 24 de marzo de 1912. El anfitrión del acto fue Juan Rubal, quien actuó en representación de los devesanos que apoyaron el proyecto desde toda la geografía de la emigración. En su discurso, Rubal enfatizó que “hora era ya de que también a estas escabrosas montañas llegasen las orientaciones modernas”, en clara referencia a que, con su apertura, La Devesana se convertiría en la segunda escuela laica existente en Galicia, tras la de A Coruña. Los postulados laicistas eran tomados, en aquellos momentos, como los más progresistas y liberales, y opuestos a los de la enseñanza tradicional y religiosa que eran los que imperaban en la mayoría de los centros educativos españoles.

Hay que matizar sobre este particular que, para los emigrantes devesanos, el hecho de considerar a su escuela como laica no estaba tanto en que mantuviese los preceptos de la Escuela Moderna de Francesc Ferrer i Guardia sino que más bien estuviesen en consonancia con sus propias ideas, o, como explica Narciso Luaces, con el hecho de que “cando chegaron a Cuba nunca lles preguntaron se sabían o catecismo, simplemente se sabían gramática e matemáticas”. A lo que se puede añadir, desde una perspectiva más global del tema, que el laicismo que los emigrantes querían implantar en sus escuelas era el producto de observar la religión, tanto desde el punto de vista educativo como social, como un modelo autoritarismo impuesto sobre las relaciones entre las personas, que impedía el progreso de la sociedad y que era, en buena parte, la culpable de las marcadas diferencias entre el nivel de vida de los habían dejado sus parroquias y de aquellos otros que todavía se seguían en ellas. Una prueba de este argumento es que la mayoría de los emigrantes gallegos siguieron siendo católicos practicantes en sus lugares de destino o, cuando menos, no renunciaron a su cultura religiosa en sus tierras de adopción.

Rafael Fernández iniciará su docencia en el curso 1926-27, poniendo en evidencia, desde un principio, su gran personalidad pedagógica y su talante galleguista, a la vez que sus dotes de comunicador, pues será durante esta nueva etapa cuando empice a sobresalir por medio de la publicación de múltiples trabajos en prensa.

En la misma línea precursora iniciada en colegio sanandrianés, Rafael Fernández emprendrerá ahora otras prácticas educativas con su centenar de alumnos de La Devesana. Una de ellas será el intercambio de correspondencia con otros escolares. Esto ocurría por los mismos años en que el pedagogo Celestin Freinet estaba impulsando esta experiencia innovadora en Francia, y cuya autoría se le atribuye en exclusiva. Lógicamente, por aquellos años, las noticias sobre las novedades educativas no se difundían con la celeridad que ocurre hoy, por lo que el mérito de esta innovación, cuando menos, debiera ser compartido por ambos docentes, cada uno en su país, y los dos para el resto del mundo. La correspondencia escolar de La Devesana quedó establecida con los alumnos de Camouco-Redes, en el municipio ferrolterrano de Ares.

Además de artículos periodísticos, Rafael también dio pruebas, durante su estancia en la comarca del Ortegal, de ser escritor, pues publicó una novela, Loita (1927), que, para Carballo Calero, es un “melodrama pasional con muerte de todos los personajes importantes, sobre un fondo de consumismo aldeano”. Por su parte, Andrés Santalla dice de ella que “como escritor demostrou que se pode escribir unha novela sobre o lugar e xentes onde traballas e vives con grandes recursos literarios, recursos estilísticos propios da narrativa e propios da linguaxe cinematográfica […] exhibiu unha gran riqueza léxica, incorporando termos propios dialectais da comarca.

Mesmo na prensa periódica ensinaba lingua, con grandes habilidades como lingüista”. La otra novela que escribió llevó por título Lembranzas do neno, pero esta se encuentra desaparecida. Ambos libros fueron escritos en gallego.

De sus artículos podemos destacar algunos de los que escribió en La Voz de Ortigueira, como es el caso de su primer ensayo de 1924 que tituló Calumnia. Más adelante, empezará a publicar con mayor asiduidad, empleando para ello las más diversas fórmulas literarias. Así, escribirá un relato, bajo el formato de cuento, en el narra una anécdota ocurrida en el pueblo de Cariño durante la procesión de las fiestas de san Bartolomé, que presentará, bajo el epígrafe de Contistas galegos, con el titulo de Com-os dimais (1926). Un cuento que volverá a publicarse más tarde en el diario El Pueblo Gallego de Vigo. Ese mismo año, pondrá de manifiesto su vena poética en los versos titulados El Fantoche, escrito mientras era maestro en San Adrián. Otra técnica de comunicación que empleó en sus artículos fue la epistolar, en la que dará a la luz Carta Aberta: Sr. D. Francisco M. Pita, en La Voz de Ortigueira en la que agradece a su amigo el artículo que había publicado dos semanas antes en el mismo semanario titulado Progreso material e intelectual de Mera, en el que aquel ensalzaba la labor realizada por Rafael. También en 1926, le dedicó un artículo necrológico al creador de la Federación Agraria de Ortigueira, bajo el título de D. Leandro Pita Sánchez-Boado- Liñas de loito enfatizando su figura y sus aportaciones. Su hijo, Leandro Pita Romero, le remitió una carta de agradecimiento por sus comentarios y el emotivo recuerdo que le dedicaba a su padre. Otro de sus artículos en el mismo semanario es el rotulado Pre-ensayo Vargasviliano. En él habla sobre el escritor, periodista y político colombiano José María Vargas Vila, un autor de bastante éxito a principios del siglo XX por su sinceridad demoledora, y su búsqueda de una mayor libertad y una mejor justicia.

También escribirá en otros periódicos regionales, como El Pueblo Gallego, donde expresará sus ideas en defensa del idioma vernáculo con su Tribúa Aberta-A Fala Galega, o en el Diario de Vigo, en donde propone que se le dedique un día al año a conmemorar la labor de los emigrantes tanto dentro como fuera de Galicia en Os Indianos (1926). Una idea que ya había sugerido Javier Montero por haber llevado hacia el progreso a sus parroquias.

Tras dejar la escuela de San Sebastián de Devesos, Rafael continuará, su labor académica en la escuela de Souto, en Carnoedo (Sada), en 1934, en los últimos años de la República, tras pasar antes por la formación en cursos de formación de maestros en las ideas pedagógicas que se deseaban poner en marcha en la nueva configuración del Estado español.

En Sada, su personalidad abierta hizo que pronto se involucrarse en muchas de las actividades que se desarrollaban en su medio, significándose como uno de los promotores de la fundación del Ateneo de Cultura Política y Social de la localidad. La entidad fue creada en el mes de julio de 1935 con la finalidad de brindar una mayor proyección cultural y educativa en la villa sadense desde la recién constituida Alianza de Izquierdas. La asociación estaba compuesta, además de por varios partidos republicanos y el Partido Galeguista, por diversas asociaciones sindicales.

La primera directiva de la Alianza estuvo constituida por Juan Antonio Suárez Picallo, presidente, por el Partido Galeguista, Luis Castro Álvarez, vicepresidente, por Izquierda Republicana, Amador Cubeiro Suárez, secretario, por Izquierda Republicana, Eugenio Taibo, vicesecretario, por el Sindicato Campesino de Mondego, José Regueira, tesorero, por el Sindicato de Profesiones Varias de Meirás, Julio Caamaño, vicetesorero, por el Sindicato de Oficios Varios de Sada, Antonio Blanco Ramos, bibliotecario, Justo Rodríguez Pérez, vocal, por el Partido Galeguista, Antonio Carballeira Muñiz, vocal, por el Partido Comunista de España, Elisardo Abruñedo Arévalo, vocal, y José García y García, vocal.

Los actos programados en el Ateneo tuvieron un marcado carácter divulgativo, consiguiendo atraer hasta su sede de la Praza do Conde a conferenciantes de la talla de Ramón Otero Pedrayo o Ramón Suárez Picallo, pero también ofrecieron charlas de algunos de sus socios, como Nicandro Golán, Alejo Candocia, José Pubul o el propio Rafael Fernández Casas. Con frecuencia, susmiembros celebraban tertulias nocturnas de obreros en las que se alternaban los más diversos temas con el fin último de aproximar a la gente de la calle los conocimientos más actuales sobre su realidad. Así, tocaron temas de medicina e higiene, educación, prevención de riesgos laborales y agronomía, a la vez que otros de índole más política y artística.

En enero de 1936, la directiva del Ateneo fue renovada, ocupándose de su presidencia Rafael, que se vio acompañado del médico José Pubul como vicepresidente y Luis Pita da Veiga como secretario. Tras el golpe de estado de 1936, el local fue expoliado, y sus miembros más significativos asesinados o represaliados.

Por su parte, la vida de Rafael Fernández tocó a su fin solo un mes más tarde del inicio de la Guerra Civil, cuando fue detenido y arrebatado de su casa de Cesures la noche del 20 de agosto, ante la mirada atónita de su mujer Melisendra y su hijo Orientado. Sin compasión, fue cuneteado en el km. 47 de la carretera de Golada-Betanzos en el lugar de Trasanquelos (Cesuras). El informe de su muerte la registra como causada por una hemorragia cerebral, todo un eufemismo del tiro en la cabeza.

Además de los periódicos ya citados, Rafael Fernández colaboró con El Heraldo guardés, de A Garda; El Compostelano, de Santiago; El Tea, La Libertad, La Democracia, de Ferrol; El Ideal, de Burgos, de Burgos, La Voz de la Verdad y La Provincia, de Lugo, y Galicia Federal, el órgano del Partido Republicano Federal de Izquierda Gallega que dirigía en Santiago de Compostela Ezequiel Rey.
Suárez Sandomingo, José Manuel
Suárez Sandomingo, José Manuel


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