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La feria de San Froilán

jueves, 16 de agosto de 2012
Memoria de Lugo

La feria de San Froilán

Aunque se quiso iniciar en 1754 no comenzó hasta 1765

El crecimiento demográfico, que da lugar a la intensificación del cultivo y la ganadería, es el motor que acelera el desarrollo de la ciudad a través de los mercados semanales. Desde la Baja Edad Media, hubo mercado, feria mensual, y dos ferias de año.

El mercado se hacía dos veces por semana, que desde el s. XVI hasta hoy, eran los martes y los viernes. Se venden productos baratos y perecederos, especialmente productos alimenticios.

La feria era un encuentro periódico y regular de comerciantes, el día 1 de cada mes, en la Edad Media, y los primeros viernes de mes en los primeros años del s. XVIII, con duración de un día. En la feria mensual se vendía ganado y otros productos que no eran habituales en el mercado semanal.

La feria anual era en el mes de octubre, duraba varios días o semanas y no tenía lugar más que una vez al año. A ella acudían la gente de la vecindad pero las transacciones que se realizaban eran esencialmente con productos de origen lejano y entre comerciantes venidos de lugares remotos de manera que algunas mercancías tenían un valor alto, para que compensasen los gastos de transporte.

La feria anual de los paños comenzaba el día 1 de noviembre, festividad de Todos los Santos, probablemente continuación de la feria anual de ganados, duraba varios días. Cada uno de ellos tenía su nivel de oferta y especialización.

Una feria consolidada en el s. XII

Las disposiciones de Raimundo de Borgoña y doña Urraca estuvieron encaminadas a fomentar la concurrencia, mediante la exención de impuestos y la protección de los mercaderes. El 6 de octubre de 1102 confirman los privilegios concedidos a la iglesia lucense por los anteriores reyes para el tiempo de celebración de los mercados. El 9 de abril de 1106, el conde don Raimundo y el obispo don Pedro II (1098-1113), mandan que no se moleste a los que viniesen a la feria del día 1, y que no se les exigiese ningún tributo de portazgo, que era el que se cobraba en las puertas de la muralla, y de pontazgo, un peaje que se hacía efectivo al pasar por los puentes de A Chanca y del Miño, y que recibía el obispo como señor que era de la ciudad.

Pero una vez consolidada, los mercaderes lucenses se quejan de la competencia y piden restricciones. En 1177 Fernando II prohíbe vender las casas a los mercaderes foráneos para que no se estableciesen en la ciudad, reservando a los vecinos la posesión de las tiendas para la venta al por menor, pero dejando a los forasteros vender al por mayor.

Este fuero fue revocado por Alfonso IX el 12 de septiembre de 1199, siendo obispo don Rodrigo II (1182-1218), garantizaba la libertad de comercio, autorizando a los mercaderes de fuera a vender también al por menor pagando los derechos al obispo y al Cabildo. El 13 de febrero de 1202, cincuenta vecinos en nombre del Concejo, reconocen el señorío del obispo y admiten que los mercaderes forasteros vendiesen al detalle y como mejor les pareciese.

La feria de San Froilán

En el s. XVII la feria mensual redujo su periodicidad. El 8 de septiembre de 1680, el Ayuntamiento acordó pedir privilegio real perpetuo para que se celebrasen cuatro ferias al año: el 12 de abril, 11 de junio, 4 de octubre y 8 de noviembre. Llama la atención que se solicitase la feria especificando para el día de San Francisco y no para el día siguiente, 5 de octubre, que era la festividad de San Froilán a pesar de que en esa época el culto al santo ya estaba consolidado. En realidad las ferias de San Froilán comienzan en 1765. El lugar de celebración ya era desde la segunda mitad del s. XVI en el campo de San Roque, fuera de la muralla, desde el alto de Recatelo a la Puerta de San Pedro, al pie del castillo y a la entrada de la ciudad.

A principios del s. XVIII se vuelve a recuperar la feria mensual el primer viernes de cada mes que duraba dos días. Para evitar que los labradores que venían a beneficiar sus productos gastasen lo obtenido de la venta, el 6 de octubre de 1714 el Ayuntamiento acordó que la feria sólo durase un día, por lo que se deduce que aún no había feria de San Froilán.

El 6 de diciembre de 1753 Fernando VI concedió por diez años la facultad de celebrar una feria franca, exenta y libre de derechos, del 1 al 8 de octubre. El 20 de marzo de 1754 se libró la real provisión. Pero las ferias de 1753 y 1754 fueron un fracaso y el Ayuntamiento solicitó el cambio por considerar que la época no era adecuada por estar los labradores entretenidos en las cosechas del otoño, de manera que en los años siguientes se celebró del 24 al 31de agosto.

El 16 de junio de 1764 el Ayuntamiento pidió licencia para que volviese a ser del 1 al 8 de octubre, franca y libre de derechos, en la que se comprasen y vendiesen granos, víveres, ganado lanar y cabrío, bovino, caballar, mular, asnal, de cerda y otros, telas de lino, seda y lana. El 27 de septiembre de 1765 se prorrogó por diez años, comenzando el día 5 y terminando el 15, se consiguió la concesión el 24 de abril de 1775 expidiéndose la real carta el 5 de mayo.

Desaparición de la feria

Alfonso VI encargó a su yerno Raimundo de Borgoña y a su hija doña Urraca el control de la repoblación de Lugo. Los mercados y las ferias serán su motor económico hasta el último tercio del s. XX. Entre las causas de la desaparición de la feria está la eliminación del Campo de la Feria para ubicar la estación de autobuses, la modernización del sector de la carne y la creación de los llamados Mercados Ganaderos, entre otros el de Castro de Riberas de Lea, que se convierten en la competencia de la feria de Lugo. El mercado ganadero construido en el Polígono de O Ceao fue un fracaso a pesar de los reiterados intentos para conseguir su funcionamiento.
De Abel Vilela, Adolfo
De Abel Vilela, Adolfo


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