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A Cova do Toural o de Pando, Alence, As Nogais (Lugo)

miércoles, 11 de julio de 2012
La sima de Pando, está situada en las inmediaciones del camino que parte de la Antigua o Camino de los Romanos al lugar de Pando, después de haber pasado el arroyo de Navallos, siguiendo en dirección hacía el lugar de As Cruces y a Pando. Se localiza la cavidad en las líneas imaginarias de los mapas de la zona a 42º44’ N. y a una longitud de 3º27’30’’ W y una altitud de 1.147 metros. Situada en un pequeño rellano o penillanura, conocido por estos sitos con el nombre de “teso” muy cercana a ella se encuentra la fuente de Salgueiriños, no lejos el arroyo de Navallos y la fuente de A Chouliña. El terreno circundante está poblado por matorral bajo, que lo forman xestas, piornos, helechos, silbas y otras retamas propias del terreno es calizo y muy fértil en pastos.

Ya dentro de los datos históricos, como la mayor parte de las cavidades naturales guarda en el sentir popular mas de una interesante leyenda, desde aquella en que se dice que servía de “Cova dos Mouros” a la no menos destacada sobre la guerra contra los franceses; que nos dice: que en los primeros meses del año 1809, (donde los más mayores aún dicen que de tradición oral habían oído contar) “...que durante la guerra contra las tropas Napoleónicas, librándose pequeñas batallas por toda la zona a modo de emboscadas de guerrillas, fueron en lugar de pando muertos varios soldados a manos de los vecinos, siendo arrojados al interior de la cueva un buen número de cadáveres de soldados franceses y también alguno vivos. –Continua el relato.- que uno de aquellos soldados logró salir por otra cavidad que se encuentra en las inmediaciones de O Regueiro de Fontela, teniéndose a esa cavidad como la salida natural de la Cueva de Pando. El relato continua diciendo “...que una pastora de la Casa de Fontela de Cubilledo, se hallaba guardando su rebaño de cabras y de ovejas y viendo salir de la cavidad a uno de los soldados, con las ropas hechas tiras y mal herido, le buena pastora llevo tal semejante susto que se desmayó, mas el gabacho referido, logró llegar al cercano pueblo de Forcas, donde fue atendido en la Casa de Bernedo, y recibiendo asistencia, donde pasó la noche y al día siguiente siguió por los caminos de Forcas al Alto de O Lago y de allí al lugar de Padornelo para continuar al cercano Pueblo de Hospital de la Condesa, ya en el ayuntamiento de Pedrafita do Cebreiro, donde sus enfurecidos vecinos por lo mal que con ellos se habían portados los franceses decapitaron el infeliz soldado”...

Pero al lado de las más bonitas y menos bellas leyendas sí también tenemos datos ciertos que sobre los años de 1920, un mozo del lugar de Pando, de la Casa do Carracho, en una de esas aventuras juveniles, y guiado por la curiosidad de lo que pudiera haber en el interior de la sima, cayó dentro de ella, rompiéndose varios huesos, y tuvo que ser sacado por unos canteros que estaban trabajando en una casa de dicho pueblo, y que por tal trabajo de evacuación mediante cuerdas y una gran cesto o banastra donde fue sacado, cobraron una moneda de oro, que es de suponer que serían de 25 pesetas; todo un capital para la fecha.

El día 20 de mayo de 1990 un grupo de tres espeleólogos pertenecientes a la Federación Gallega de Espeleología que fueron: Marinette López Ferreiro, Miguel Freire Setjas, Alfonso Piñeiro Soto y un servidor a modo de guía e informador de los datos históricos de la zona, se llevó a cabo la topografía y exploración total y exhaustiva de la sima; dado, que pese a haber ya sido explorada por lo menos en una vez anterior por otras personas, no se había realizado memoria alguna de dicho trabajo y topográfiado de la referida cueva. Tiene una entrada en vertical con una boca alargada de un perímetro de veintiún metros; seguido de una bajada en recto de cinco a siete metros, donde se encuentra una primera rampa, continuando con otra bajada recta de unos cuatro metros con una rampa o cavidad interior a modo de explanada en forma ovalada y con una gran cantidad de piedras y restos de maderos en su interior, fruto de la curiosidad de las gentes y principalmente de los pastores que en mas de una ocasión hemos matado el tiempo arrojando piedras a su interior, y así escuchar los fuertes golpes que daban las piedras al ir bajando de una rampa a la siguiente, hasta llegar a una de mucho mayores dimensiones, donde hay gran número de toneladas de piedras que se fueron acumulando a lo largo de los quizás miles de años que a dicha cueva fueron tiradas.

Continua la cueva con otro rellano muy pequeño de unos tres metros cuadrados, en donde había restos putrefactos de un animal bovino; quizás un becerro, con una cuerda al cuello. Al final de dicha rampa hay un pequeño hueco de unos setenta centímetros de diámetro, que da acceso a otra cavidad con una bajada en vertical de seis metros y una circunferencia de sobre cinco metros de diámetro, no encontrándose otras galerías que comunicaran a otros espacios interiores o exteriores. Como he dicho sí merece destacar la gran cantidad de piedra que en su interior se encuentra, y que de haber algo de realidad sobre la leyenda de los soldados franceses, sus restos están totalmente sepultados debajo de una capa de piedras y maderas. La longitud total de la cavidad no pasa de los veinticinco metros, no se encontró en su interior corriente de agua; no hay formaciones de importancia de estalactitas y ninguna de estalagmitas, dado que la roca interior es de tipo barroso y no calcáreo. La vegetación llega a unos cuatro metros hacía el interior; siendo líquenes y helechos. Había un nido de algún tiempo, situado a una considerable profundidad, a unos cuatro metros, que muy posiblemente fuese de cornejas, por aquí llamadas “choyas”.

Nuestro trabajo de exploración duró sobre unas seis horas, de éstas, los dos compañeros masculinos pasaron cuatro en el interior, para medir, sacar fotografías, tomar datos y tener un conocimiento mas o menos profundo de todo lo que poco a poco se iba descubriendo a la luz de las linternas de carburo. Quedando descartado toda posibilidad de una o más salidas. No sé encontró resto de fósiles, tanto de animales como vegetales y pese a la fecho y el haber pocos días que había llovido fuertemente en toda la zona, no había ninguna corriente de agua, si no algún goteo propio de la profundidad.

Como punto final tengo que decir que para mí particularmente, fue toda una gran experiencia el haber estado en una cavidad por la que desde niño sentí enorme curiosidad por conocer su interior, y de todo esto ya hace más de dos décadas.
López Pombo, Luis
López Pombo, Luis


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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