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Luis Neira Rio, impresor y director de El Heraldo de Vivero

jueves, 07 de junio de 2012
Orteganos en el mundo

Luis Neira Rio, impresor y director de El Heraldo de Vivero

Luis Neira Río nació en Ortigueira en 1919, pero cuando sólo contaba tres años, su familia se fue a vivir a Viveiro. Este hecho no fue un impedimento para que a lo largo de toda su vida mantuviese una muy estrecha su relación con su localidad natal. Así, sus tempranos inicios laborales los emprendió de la mano del impresor ortigueirés Jesús Fojo, en la imprenta que éste regentaba en villa lucense, y que, además, era la editora del semanario El Heraldo de Vivero.

El Heraldo había sido fundado por el banquero y político liberal Benigno López Muñoz el 17 de febrero de 1912. Con él había tratado de llenar el espacio periodístico dejado por el cierre de las dos gacetas que habían existido hasta poco tiempo antes: El Eco de Vivero y El Vivariense. Don Benigno, como todos sus paisanos le llamaban, era ya por entonces un reputado empresario, creador de firmas como la Electra de Riobarba, además del constructor de la Casa de los Leones. El edificio, situado en pleno centro histórico de la villa, será, a la vez, su residencia familiar y el lugar en donde instalará la nueva imprenta. Está la emplazará en sus bajos, poniendo al frente de ella al tipógrafo ferrolano Esteban Fernández Temprano, que además de componer El Heraldo también se encargará de dirigirlo.

Al iniciarse los años 20, Benigno le traspasó el negocio a su amigo y habitual articulista de su semanario Ramón Canosa Suárez. Pero este ha de abandonarlo poco tiempo después al ser llamado por el ministro de Hacienda para ocupar un puesto de responsabilidad en su departamento.

Este será uno de los muchos puestos que, desde entonces y con diferentes gobiernos, va a ejercer lejos de su tierra. Esta situación particular le lleva a tomar la decisión de dejar su imprenta en manos de un impresor de confianza y buen conocedor de estos temas que no será otro que el ortigueirés Jesús Fojo Díaz.

En 1926, con tan sólo 11 años, Luis Neira entró a formar parte de la empresa editora del semanario de la capital de la Mariña. Este será su primer y único destino hasta que en el año 1937 sea llamado a incorporarse al Ejército. Con él también fueron llamados todos los redactores y articulistas de El Heraldo de Vivero, lo que hizo que se dejase de imprimir.

Esta primera interrupción fue anunciada en la editorial de su último número, señalando que “La llamada de la patria impone descanso a nuestras plumas. Los redactores vamos a la guerra. El Heraldo debe esperar en silencio a nuestro regreso”.

Tras finalizar la contienda fratricida, Luis Neira quiso recuperar su puesto en la imprenta de Fojo en Viveiro, pero a su llegada todos los puestos ya habían sido cubierto, por lo que don Jesús -como él llamaba a su jefe, y a quien toda su vida respetará como a un padre- le envió a su otra imprenta.

Su vuelta a Ortigueira será muy importante para él. De ella dirá: “guardo muy buenos recuerdos, conocí a mucha gente. Allí fue donde mi vida empezó a funcionar. En mis ratos libres estudiaba una oposición para cartero de Correos porque en aquel momento había mucha miseria y necesidad”. Y efectivamente, se presentó en 1946 a las plazas de funcionario del Cuerpo de Correos, logrando la suya.

El nuevo trabajo le llevó a emprender un periplo por diferentes lugares de la geografía española que inaugurará en las tierras santanderinas de Solares.

Como buen gallego, Luis programó el retorno a su terruño mediante la petición de destinos que le favoreciesen su acercamiento de nuevo a su lugar de origen. El primero de ellos le llevó a Ferrol y, de ahí, de vuelta a Viveiro.

En 1949 compró una pequeña imprenta local, que acondicionó y rótulo con un nombre más acorde a los nuevos tiempos: Gráficas Neira Brochs. Desde entonces intentó compaginar su trabajo en la imprenta con su puesto en Correos, lo que le llevaba a teber que completar unas jornadas maratonianas que tan sólo le daban para alimentar a su familia. Su sueldo de cartero le reportaba 333,33 pesetas y los ingresos que obtenía con la imprenta ascendían a poco más.

Neira no era un hombre con estudios. De hecho, sacó el graduado escolar a los 61 años, cuando otros ya estarían a punto de jubilarse, pero a su favor tenía su gran tesón y una voluntad férrea con la que salir de cualquiera de las dificultades con las que tuviese que enfrentarse, que tampoco fueron pocas.

En 1963 el director de El Heraldo de Vivero, el insigne lucense José Trapero Pardo, y su propietario, Ramón Canosa, le propusieron editarlo en su imprenta. Así fue como dos “viejos conocidos” iniciaron de nuevo una nueva andadura juntos. Luis y El Heraldo retomaban una historia que habían vivido en común hasta el inicio de la Guerra. Los años sesenta parecían más favorables para la publicación de un semanario de ámbito local pues el país y la comarca viveirense parecían empezar a despertar al mundo y necesitaban que sus novedades fueran conocidas.

Sin embargo, la situación política no permitía demasiados alardes periodísticos, y tres años después, con la Ley Fraga de prensa el periódico volvería a interrumpir su edición al requerirle que el domicilio social del semanario coincidiese con el de su director, que seguía siendo Trapero Pardo. Tras esta excusa oficial se ocultaba, según cuenta Neira, el hecho de que se habían publicado algunos artículos que se metían con la política del alcalde. Esta afrenta fue solucionada por Ramón Canosa haciendo que figurase en la documentación como sede social Lugo, aunque oficialmente ésta siguiese estando en Viveiro.

El poder del propietario entre la clase política del régimen franquista era todavía notoria. A pesar de ello, los redactores de su semanario aprendieron a ejercer la autocensura para no tener que correr el riesgo de que una vez preparadas las planchas tuviesen que eliminar algunos textos o, incluso, que les fuese secuestrada la edición. Por ello, cuando veían algún artículo que no seguía las pautas marcadas por la autoridad pedían su “consejo”. No obstante, a finales de los años 60, con el estado de excepción, las cosas se tornaron más conflictivas y los impresores debían enviar las páginas al gobernador civil para que les diera el visto bueno a las informaciones impresas.

La afabilidad, cercanía y trato humano de Luis Neira siempre conquistaron la admiración y el cariño de todos los que le rodearon y le conocieron. Y él siempre defendió a los mariñenses a través de El Heraldo, al que puso como valedor de sus intereses y como un medio de comunicación al alcance de todos los que tenían algo que aportar.

De entre su extenso currículo, Luis presumía, sobre todo, de haber sido el primero en ocupar el puesto de delegado de La Voz de Galicia. Corría entonces el año 1964 y él ya era una persona muy popular en toda la comarca lo que le hacía servir de referencia para recabar cualquier noticia para cualquier periódico. Este hecho no pasó desapercibido a los empresarios de uno de los más fuertes de Galicia que le invitaron a formar parte de su plantilla aunque de forma no lucrativa. Esta circunstancia no le arredró, y poco a poco fue ofreciendo sus crónicas por teléfono sobre todo tipo de eventos, desde deportes hasta sucesos. Le gustaba estar al tanto de todo lo que ocurría en su entorno y, ante todo, poder comunicárselo a los demás. El suceso que más le impactó en sus primeros tiempos de reportero fue el naufragio del mercante Mandy, una embarcación de bandera panameña que trasportaba unas 2.900 toneladas, y que se hundió junto a la playa de San Román (O Vicedo) a finales de 1965.

Su corresponsalía en Viveiro le permitió recibir un carné del periódico coruñés que le acreditaba en sus funciones periodísticas, un documento que llevará toda su vida con orgullo en su billetera. Más tarde, cuando ya contaba 88 años, el Colexio de Xornalistas de Galicia, lo incluyó en su listado aportándole su credencial oficial de periodista, en reconocimiento a su labor y a sus años de experiencia en esta tarea profesional.

No satisfecho con estos reconocimientos, su impenitente determinación le llevó a que, a sus 92 años, se propusiese demostrar que su larga e intensa trayectoria profesional merecía ser avalada con la medalla de oro al Mérito en el Trabajo. Para ello, recopiló todos sus datos profesionales existentes en sus archivos y se los envió al ministro de Trabajo Celestino Corbacho.

Tras evaluar su currículo, el ministerio lo propuso para ser uno de los 18 agraciados con el premio a su gran esfuerzo. En Madrid, Luis Neira recogió, en mayo de 2009, un galardón cuyo objetivo es, según sus emisores, premiar y destacar el valor de una “conducta socialmente útil y ejemplar en el desempeño de los deberes que impone el ejercicio de cualquier trabajo, profesión o servicio”, y que Neira calificó como el resultado de una ilusión cumplida. Año y medio después de recibir su último tributo, fallecía a los 93 años, en los primeros días de 2011.

Actualmente, El Heraldo de Vivero sigue siendo publicado por la imprenta que dirige su hijo, Juan Carlos Neira Brochs, y que todas las semanas llega puntualmente a sus 1.100 suscriptores repartidos por todo el mundo.

Además, conserva su jefatura en el decanato de los periódicos locales de Galicia, y es, junto a La Voz de Ortigueira, uno de los dos periódicos nacidos a principios del siglo XX que todavía conservan sus raíces familiares, ya el tercer superviviente, La comarca del Eo, es desde 1989 propiedad de El Progreso, de Lugo. Los tres siguen teniendo en común su periodicidad semanal frente a otros nuevos medios locales como El entorno metropolitano, de Cambre, Xornal 21, de Mos, El periódico de Arteixo, todos ellos gratuitos, o Terra Chá. Xa, de Vilalba, que la amplían a los quince días o a una vez al mes.
Suárez Sandomingo, José Manuel
Suárez Sandomingo, José Manuel


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