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Manuel Rebollar Martínez, un histórico director de grandes bandas de música

martes, 22 de mayo de 2012
Orteganos en el mundo

Manuel Rebollar Martínez, un histórico director de grandes bandas de música

Si algo distinguió tradicionalmente a Ortigueira en el ámbito cultural fueron sus famosas bandas de música y su teatro de aficionados. Y pese a que la legendaria música ortegana sigue viva en la Banda Municipal de Música de Ortigueira, ni de una ni de otra representación popular se han realizado unas dignas historias que pongan de relieve sus muchos méritos. No recordar a estas grandes leyendas supone olvidar la grandeza de sus músicos y de sus artistas, los buenos momentos pasados con sus públicos y, por qué no, sus anécdotas.

Todo ello supone dejar desaparecer la memoria histórica vivida por toda una colectividad en sus fiestas y en sus momentos lúdicos.

Uno de los más insignes músicos y directores de banda de Ortigueira ha sido Manuel Rebollar Martínez. Tan grande ha sido su figura en su tiempo que todavía hoy se le recuerda en algunos de los lugares en los que ha dirigido sus bandas como Ortigueira, Cee o Cuntis. Sin embargo, su biografía es difícil de reconstruir con los pocos datos que constan en los periódicos de la época y en algunos libros que se refieren a su persona. Por ello, lo que sigue a continuación más que una biografía propiamente dicha deberíamos llamarla esbozo biográfico, que deberá ser completado con los datos aportados por aquellos que lo pudieron conocer o que guardan algunos recuerdos de su vida y su obra.

De igual modo, hay que proceder con la reconstrucción de las semblanzas de otros directores y músicos de la talla de los Garrote, los Mariño, etc. Queda aquí la propuesta para que, si alguien está interesado en las actividades musicales, decida rescatar lo que han significado estas insignes figuras en la comarca y fuera de ella, en unos momentos, además, en que las bandas eran el único divertimento colectivo que animaba sus tiempos de ocio.

Según nos recuerda José Antonio Suárez Aneiros en su libro A música popular en Cedeira e no seu contorno, fue Manuel Fernández, un vecino de San Román de Montoxo, el que inició la tradición de las bandas en el ayuntamiento de Ortigueira. Este músico se estableció en la parroquia de San Adrián de Veiga, y en 1868 creó allí una banda que va a ser conocida como la Banda de Presa, por el nombre del lugar de donde él era natural. En esta pequeña agrupación, compuesta por gentes poco doctas en la música pero con unas ganas inmensas de aprender, había un hombre que destacaba sobre los demás por ser un gran intérprete del cornetín y de la trompeta. Se llamaba Vicente Rebollar. Cuando el maestro de los primeros músicos orteganos dejó la banda, Vicente se encargó de dirigirla, iniciando así una pequeña saga familiar de músicos que llegará a su esplendor con su hijo Manuel.

Manuel Rebollar, además de recibir muchas clases prácticas en algunos instrumentos, había completado su formación con una verdadera educación teórica. Sus habilidades instrumentales las completaba con un fino oído para poder calibrar las armonías orquestales.

La segunda y tercera década del siglo XX, Manuel dirigirá muchas de las agrupaciones musicales que se formarán en toda la Comarca. Así, además de hacerse cargo de la banda de su padre cuando este se retiró a mediados de los años diez, dirigirá el Orfeón y la Rondalla del Centro Artístico Ortigueirés y el Coro Parroquial de Ortigueira.

Su calidad para liderar grupos musicales le permitió acceder, más adelante, al Cuerpo de Directores Civiles mediante oposición. Este cuerpo exclusivo que había nacido a partir de la agrupación de los antiguos alumnos formados en las únicas academias existentes en los primeros años de las bandas, las bandas militares, habían sido los que posteriormente crearon las bandas populares, y, en un último paso, las transformaron en bandas municipales.

Este ya extinguido Cuerpo de Directores Civiles distinguía con su ingreso a los mejores maestros en la dirección de bandas, y era toda una carta de recomendación para sus miembros ante cualquiera que quisiera contratar sus servicios.

Durante los más de veinte años que Manuel Rebollar estuvo al frente de las diferentes agrupaciones musicales de la comarca ortegana también tuvo tiempo para componer algunas partituras, entre las que se pueden citar Terra dourada o Por la calle.

La banda competidora más directa por aquellos años era la de Manuel Garrote Sánchez. Éste era también hijo de otro músico, José María Garrote. Su padre había aprendido los compases musicales con el maestro militar Arana durante sus años de servicio en el Ejército. Tras finalizar su entrenamiento militar se había trasladado a Landoi desde A Pasada, un lugar perteneciente a la misma parroquia de su rival, San Román de Montoxo. Tras fundar una banda con un pequeño grupo de vecinos en 1886, será relevado en sus funciones de director por su hijo en 1901, al que más tarde dará la alternativa el nieto del fundador, Andrés Garrote Armada, encadenando así todo un siglo de éxitos en la dirección de una banda que se ha convertido en leyenda entre los ortigueireses.

La continuación de este acerbo familiar se culminará con Xavier Garrote y la creación de una banda alternativa, la Escola de Gaitas de Ortigueira, que hoy pasea el nombre de su localidad natal como un estandarte por todo el mundo.

La Banda de Rebollar era contratada por todas las comisiones que querían asegurarse las mejores fiestas ya antes de su inicio, lo que además suponía todo un orgullo para los que sabían de sus grandes méritos. Es normal ver en las publicaciones de la época textos exaltando sus excelentes cualidades. Así, por ejemplo, el 30 de junio de 1925, el semanario Nueva Cedeira aludía a las fiestas de los Remedios de Feás proclamando que “fueron amenizadas por las importantes bandas que dirijen (sic) los maestros Rebollar y Garrote (D. Manuel), los cuales como siempre estuvieron a gran altura”.

En 1927 Manuel Rebollar deja su tierra para ir en busca de nuevos retos. Su sucesor al frente de su banda va a ser José López Villar, popularmente conocido como Cotiño, que ejercerá de director hasta el inicio de la Guerra Civil en que se descompondrá por el reclutamiento militar de los músicos.

El nuevo destino de Rebollar va a ser la Banda de Música de Cee. Esta formación no tenía la veteranía de la que dejaba atrás ni estaba formada por un grupo tan grande pero disponía de unas personas entusiastas que desde 1925 habían sido dirigidas por Sacristías. El equipo instrumental inicial estaba formado por cornetas y tambores pero a éstos pronto se le sumarían otros elementos musicales que fueron comprados mediante suscripción popular con el fin de componer una verdadera banda en la que hubiese, al menos, 2 trompetas, 2 fliscornos, 4 o 5 clarinetes, 1 trompa, 1 caja, 1 bombo y platillos, 1 saxofón alto, 1 saxofón tenor.

La estructura de la nueva banda superó con creces las habilidades directivas de Sacristías por lo que se hizo imprescindible que se contratase a un nuevo director. Las miradas de todos se dirigieron hacia el profesor de música del Instituto Fernando Blanco, Jesús García, que aceptó el puesto. Durante el bienio 1925-1927 fue responsable de una banda que estaba formada por 25 músicos, que ensayaban en el corredor del propio instituto, pero al cabo de este periodo el profesor presentó su dimisión.

Es aquí donde entra en escena Manuel Rebollar, quien acude a participar en el proceso de selección abierto en Cee para fichar al nuevo director. No van a faltar candidatos para el puesto, pues, aunque no era una plaza muy bien pagada, para muchos era una oportunidad para destacarse socialmente, y, a la vez, obtener algunos ingresos suplementarios a su actividad habitual.

Una de las pruebas que tuvieron de superar los postulantes al puesto fue la de concretar cuál de los instrumentos de la banda desafinaba durante la interpretación de una de las piezas
musicales. El tribunal tuvo muy en cuenta no sólo el buen currículo que avalaba al candidato ortegano sino también su fino oído y sus buenas aptitudes como director.

Manuel Rebollar pasará desde entonces a ser uno más entre los ceenses. Jugaba al ajedrez en el Café de Ramón y daba largos paseos, en los que solía encontrarse con algunos de sus vecinos con los que comentaba cosas de la música y de muchas otras actividades.

El pueblo estaba ilusionado con su nuevo director, y quería que el proyecto de su agrupación musical perdurase, por lo que convino en formalizar una comisión formada por 6 o 7 miembros que se encargarían de administrar todos los asuntos referentes a la Banda de Música. Su primer presidente será el director de la fábrica de Carburos Metálicos, quien, además, corrió con los gastos de una trompeta de pistones, y de recaudar el dinero con el que hacer frente a la compra de otros nuevos instrumentos: 2 clarinetes, 1 trompa, 1 saxofón alto, 1 saxofón tenor, 1 flauta de metal y 2 trombones de vara.

Los alumnos del maestro Rebollar tomaban sus clases en una de las aulas que se había habilitado en el instituto, la sala dedicada hasta entonces a la educación física de los chicos, en donde también procedían a realizar sus ensayos con los instrumentos.

Como no podía ser de otro modo, las clases se impartían todos los días de 7 a 9 de la tarde, tras unas duras jornadas laborales, pero éstas se convertían en un momento de relajación para todos al poder practicar aquello que más les gustaba: la música.

A pesar de que algunos de los músicos dejaron la banda al dimitir su antiguo director, poco tiempo tardaron en cubrir sus plazas e incluso en incrementar su número anterior, gracias a la incorporación de los nuevos instrumentos que se habían comprado.

La nueva banda estuvo compuesta por más de 30 músicos. Un año de ensayos fue suficiente para afinar las capacidades de los nuevos músicos y hacer que todos ellos sonasen como un único instrumento. Se reconocía su calidad en todos los lugares en que la banda era llamada para amenizar fiestas, romerías o cualquier certamen musical, ya fuera en Santiago, en Ferrol o en cualquier otra villa o ciudad.

Pero en un tiempo en que vestir de traje era habitual entre la población, el grupo debía disponer de su propio uniforme de gala para presentarse ante su público. Los trajes que lució la nueva banda abandonaron el color caqui por el azul marino con camisa blanca, un atuendo con el que su director ya había vestido a su antigua formación. En verano, los músicos revestían su gorra con una funda blanca.

Como muchas otras formaciones, la Banda de Cee tenía su preferencia por una sastrería, estaba en A Coruña y se llamaba Nuevo Mundo. Era bastante habitual que este tipo de equipamientos hubiese que encargárselos a sastres de alguna ciudad debido a que el gran número de trajes que debían de confeccionar no era una labor que pudiesen acometer los de las villas o aldeas, más acostumbrados a pequeños pedidos.

La banda de Rebollar tenía en su amplio repertorio obras de los más diversos compositores, pero también algunas de su propio director. De hecho, durante su periplo por las tierras de A Costa da Morte, Manuel siguió agregando algunas composiciones más a su colección, como fue el caso del pasodoble De Toba a Cee.

La actividad de la banda empezó a declinar con la Guerra Civil, y,
ya en 1939–1940, el gobierno municipal decidió cesar a su director. La extinción del contrato no amilanó al maestro Rebollar, que permaneció en su puesto a pesar de no obtener ningún tipo de remuneración. Su perseverancia y obstinación eran proverbiales entre sus vecinos. En el libro de Cores Trasmonte Historia de Cee se comenta que: “Non era D. Manuel Rebollar Martínez fácil de dobregar, por malos ventos que correran contra da súa propia subsistencia. Era unha persoa moi activa, xenerosa ata máis non poder, integrada no pobo coma ninguén, dotado dun gran prestixio profesional e persoal”.

Además, como los instrumentos eran propiedad de los músicos y de la comisión gestora de la banda, los ensayos pudieron continuar, aunque, para ello, los músicos debieron trasladarse a la casa de uno de sus miembros, al clausurarles el alcalde el local escolar. Desde entonces, la presión sobre la persona del director empezó a hacerse bastante evidente, quien, para mantenerse, debió conseguir algunos empleos remunerados, bien haciendo contratos de compraventa, bien componiendo partituras. Esta situación fue tan incómoda, que al final decidió volver a su tierra.

Sus músicos mantuvieron la banda algún tiempo más; asistieron a algunas romerías, pero en 1941 tuvieron que disolver la agrupación.

En Ortigueira la vida de postguerra era difícil y los que tenían un pasado republicano no eran demasiado bien recibidos por las autoridades. Estas dos situaciones convergían en Manuel Rebollar, pero él quería revivir sus antiguas y gratas experiencias, por lo que se puso de nuevo manos a la obra. En 1942 Manuel Rebollar ya tenía nuevamente configurada una banda con la que poder ofrecer conciertos. El nuevo grupo musical será bautizado con el nombre de Banda de Ortigueira.

Por su parte, los orteganos también anhelaban recuperar esas mismas sensaciones que les provocaba la música del gran maestro. Y tanto unos como otros consiguieron lo que deseaban.

La nueva banda cumplió, y Rebollar ya parecía que tenía asegurado su futuro entre los suyos. Asume entonces la responsabilidad de ponerse al frente de la coral de la Sección Femenina de Ortigueira, que estaba compuesta por unas treinta mujeres de todas las edades. Con ella consiguió ganar el concurso provincial que tuvo lugar en el Teatro Rosalía de Castro de A Coruña, en 1943, y quedar en el cuarto puesto del certamen nacional que se celebró en Madrid.

Pese a sus éxitos y a su gran acogida, Rebollar optará al puesto de la Escuela Municipal de Música de Viveiro, donde recalará durante algún tiempo, pues su último destino le surgirá en la villa de Cuntis. La Banda de Cuntis, también llamada la Banda Nova, A Música Nova o Tercio Branco (debido a su casaca militar de tipo sahariano y a su gorra blanca, que, como en Cee, sólo empleaban en verano) y que desaparecerá en el año 1952, fue dirigida hasta entonces por la batuta de Manuel Rebollar.

Para finalizar estos breves apuntes biográficos, sólo queda decir que, hoy como ayer, el nombre de Manuel Rebollar vuelve a sonar entre los vecinos de los pueblos en los que lo vieron ensayar e interpretar su música durante sus fiestas y romerías. El mayor representante del florecimiento de su figura ha sido la Asociación Cultural de Amigos da Banda de Música de Cee, que la ha recuperado desde el año 2011, celebrando el Memorial Manuel Rebollar con la finalidad de reivindicar al maestro y de fomentar muchas otras facetas culturales a través de su recuerdo.
Suárez Sandomingo, José Manuel
Suárez Sandomingo, José Manuel


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