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Tonterías virtuales

martes, 15 de mayo de 2012
Hay tontos en todas partes, de eso el mundo jamás estará libre. Tras esta aseveración tan rotunda les paso a explicar de qué va la cosa.

Cuando uno se pone delante de un ordenador a escribir intenta, dentro de lo posible, decir cosas más o menos coherentes o que tengan un mínimo sentido. Ya sé que mis opiniones no son precisamente sutiles, y que en muchas ocasiones alguna persona puede sentirse ofendida lo cual, aunque no me crean, lamento profundamente.

No es mi intención pisar el callo de nadie ni herir susceptibilidades aunque tengo un sentido del humor que probablemente resulte un pelín ácido de más en ocasiones. Pero una opinión no es más que eso, una opinión, no un juicio ni una sentencia, e intento siempre que mis aseveraciones estén basadas en observaciones de sentido común o en principios básicos de los que uno parte tras considerar que son los más válidos para construir un pensamiento.

Creo que siempre he intentado huir del comentario facilón en plan “es que todos los nosequé son iguales”.

Lo que me mata son las salidas de pata de banco y las tonterías virtuales que uno lee en los cibermundos, empezando por el tan traído y llevado Facebook. Hay una serie de perfiles que cada vez comprendo menos, porque me da la impresión de que nos toman por idiotas a todos los demás, que es algo que me molesta profundamente.

Primero están los fanáticos. Da igual que sea de un partido político que de un equipo de fútbol. Lo suyo es lo mejor y lo del contrario es una porquería. Salvo que seas del Real Madrid esto es una estupidez (es broma, no se me solivianten los del Barcelona). Pero entiéndanme bien, no estoy hablando mal de quien celebra los éxitos de su equipo y los fracasos del rival, o de quienes lamentan los errores de sus directivas, entrenadores, jugadores, concejales, diputados o líderes, que en esta España nuestra es lo mismo ser diputado que delantero aunque todos se meten con los sueldos, no tan exagerados como dicen, de los primeros y nadie con las fortunas que cobran los segundos.

Estoy hablando de quienes cada vez que ven algo en una web que ataque al rival lo cuelga a toda pastilla sin el menor espíritu crítico. Les da igual que lo que ponen sea insultante, ofensivo o, lo que es peor, falso. La cuestión es dar leña al rival a cualquier precio sin pararse a mirar si están poniendo una solemne estupidez.

Los segundos son los sentimentaloides. Nos ponen a diario frases enmarcadas en fotografías normalmente con motivos de gatitos y puestas de sol en que se nos revela una realidad de la vida.

Juegos de palabras simplones que harían vomitar al mismísimo Bécquer, que ya es decir, y que parecen más propios de la carpeta clasificadora que de una adolescente (¿siguen usando eso o ya van con el ipad al cole?) que del perfil público de un adulto. Si tienen alguien así en su Facebook entren en su muro y lean las 30 últimas publicaciones seguidas a ver qué impresión les da. Si son diabéticos mejor no lo hagan, no sea que la liemos.

En tercer lugar están los perfiles “cómo molo”. Eso son mis favoritos cuando tengo el día chorras. Se trata de personas que utilizan el perfil como una fuente de autobombo snob que da más risa que pena. Y se lo dice quien tiene un blog, que reconozco que es un síntoma claro de persona con una dosis más o menos grande de narcisismo (si no crees que tus opiniones valgan un comino no te pones a publicarlas). Pero no hablo de quien cuelga sus fotos, noticias, eventos o artículos, eso me parece lógico.

Incluso empresas que abren un perfil para comunicarse con sus clientes y explicarles cosas que van haciendo me parecen opciones más que lícitas y lógicas, no hablo de eso. Tampoco hablo de gente que, en buena lógica, tiene un perfil en que comunica temas “oficiales” porque lo normal es que tenga seguidores (un perfil de un personaje público, por ejemplo). Hablo de esos perfiles en que los titulares hablan de sí mismos en tercera persona, o crean sus propios clubes de fans (eso es lo peor). Los hay a docenas. “Club de fans de Casa Perico”, y ves que el perfil lo ha abierto el dueño de Casa Perico. “Todos queremos un hijo de Fulano de tal”, firmado por Fulano de tal… y así hasta la náusea.

Ahora viene el pliego de descargo. Tal vez alguno de mis lectores se haya sentido identificado con alguno de los perfiles anteriores. Probablemente no me refiero a ellos (o quizás sí, vete tú a saber… oigan que soy gallego tengo derecho a hablar así, ¿o no?) porque hayan puesto una dos o diez cosas de las anteriores en su vida facebookera. Todos podemos tener el día tonto y poner una burrada que se meta con el partido o equipo rival, una foto sentimentaloide o una cosa de autobombo, el que esté libre de pecado que tire la primera piedra. Estoy hablando de cuando ves que una persona dedica su perfil sólo a eso, o prácticamente al 100%.

Échele un perfil a su Facebook y mire si de las últimas 10 publicaciones ha puesto 9 iguales sobre una cosa de las anteriores. Si es así probablemente sí, hablo de usted.

Nunca es tarde. Tal vez sea buena una reflexión para ver lo que ponemos en nuestros muros. Después de todo, presuntamente son el reflejo de nuestra forma de pensar o de vivir, y es un poco triste dar vueltas día tras día a lo mismo, ¿no creen?
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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