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Manuel Gómez Cordido, pedagogo y periodista

jueves, 03 de mayo de 2012
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Manuel Gómez Cordido, pedagogo y periodista

Manuel Gómez Cordido nació en Senra, el 30 de junio de 1853. Fue un hombre que aunó su profesión de maestro con la de periodista, a la vez que se convirtíó en gran impulsor del asociacionismo entre los emigrados gallegos en Cuba, entre los que se destacó por su liderazgo.

Viajó a Cuba en 1870, donde comenzó a trabajar de empleado en las oficinas de algunos de los hospitales de la capital. Estos trabajos le permitieron conseguir algún dinero y poder dedicar parte de su tiempo a estudiar, algo que le resultaba muy interesante por su afición a la lectura y a aprender cosas nuevas.

En 1884 inició sus estudios de Magisterio, y cuando los finalizó se integró en el plantel de profesores del Centro Gallego de La Habana, para impartirles clases a sus socios y a los hijos de éstos.

No fue la tarea docente la única que desplegó Manuel Gómez en la institución gallega, pues, durante mucho tiempo, formó parte de las sucesivas directivas que se ocuparon de su Sección de Instrucción, y con las que colaboró con mucho afán para conseguir incrementar tanto su número de cursos y asignaturas como de los alumnos que estudiaban en él. Se puede comprobar, por ejemplo, que durante los cursos 1898-1900, en que Manuel Gómez Cordido fue, en el primero, el secretario de la sección, y, en el siguiente, su presidente, los alumnos que se formaban en la escuela del Centro Gallego pasaron de 853 a 1555. La mayoría de ellos eran gallegos (186 en 1898/89 y 402 en 1899/00), pero también los había de otras provincias españolas (17 en 1898/89 y 10 en 1899/00), e incluso cubanos y de otras nacionalidades (129 en 1898/89 y 347 en 1899/00).

Este enorme crecimiento de estudiantes le supuso a la institución de emigrantes tomar algunas decisiones importantes para poderles ofrecer las coberturas necesarias. Una de ellas fue la contratación de un profesor para las clases de los chicos y una profesora para la de las chicas en horario diurno, y de otro profesor de dibujo para las nocturnas. Otra de las medidas consistió en la ampliación del número de aulas para dar cabida a todos los estudiantes matriculas.

Hay que apuntar también que durante su ejercicio de profesor del Centro Gallego Cordido escribió un libro de texto titulado Aritmética teórico-práctica (1888) que le sirvió de manual para la impartición de sus clases allí. La obra, además, se transformó en una de las obras escolares de referencia para los maestros de otras escuelas.

La Sección de Instrucción tenía dividido a su alumnado en cuatro tramos de edad que conformaban a su vez las diferentes etapas formativas: de menos de 10 años, de 10 a 14 años, de 14 a 20 años y mayores de 20 años. Contaba también con una amplia biblioteca compuesta tanto por libros adquiridos por la propia entidad como por los donado por sus socios, que sumaban un total de más de 3.000 volúmenes, de los que casi 700 eran de autores gallegos. Así mismo, disponía de una hemeroteca a la que mensualmente se incorporaban los últimos ejemplares de una veintena de publicaciones gallegas, de la diáspora española y cubanas, entre las que destacaban: Ilustración Española y Americana, La España Moderna, La Voz de Galicia, El Correo Gallego, El Eco de Ortigueira, Diario de la Marina, El Fígaro, El Eco de Galicia o Follas Novas.

A principios del nuevo siglo, Cordido dejó La Habana para ir trasladarse a impartir clases por distintas localidades del país. A su regreso, en 1909, se asentó definitivamente en la capital, reemprendiendo, además, sus actividades directivas en la Sección de Instrucción del Centro Gallego, a las que les sumará su participación en el Comité Redencionista Gallego que el nacionalista ferrolano Fontenla Leal había fundado ese mismo año.

Este intelectual galleguista había seguido los mismos pasos en la definición del Comité que los practicados por el partido regionalista Solidaridad Gallega, para agrupar a los republicanos de José Rodríguez Martínez, los republicanos federales de Moreno Barcia, los tradicionalistas de Juan Vázquez de Mella y los regionalistas de Manuel Murguía, Galo Salinas y Eugenio Carré Aldao, y, de este modo, de crear un frente político común.

Una de las primeras resoluciones de la directiva antiforal fue la de transformar la revista Galicia en el medio de difusión de sus ideas. Esta publicación había nacido en 1902 de la mano del emigrante regionalista de Moeche Vicente López Veiga (1847), quien se había afincado en Cuba en 1861. Desde entonces, se había convertido en uno de los personajes más sobresalientes del asociacionismo de la emigración gallega en la isla. No en vano había participado en la fundación del Centro Gallego de La Habana, de la Sociedad de Beneficiencia de Naturales de Galicia, de la Agrupación Ferrol y su Comarca y de la Asociación Iniciadora de la Real Academia Gallega, y, en lo propiamente personal, inaugurado una de las más importantes imprentas de Cuba, La Comercial, en donde publicará la revista Bohemia, que con el tiempo se transformará en la publicación decana de la prensa cultural en Hispanoamérica.

Por su parte, la revista Galicia ya se había posicionado a favor de la autonomía regional en 1905, por lo que un buen número de sus lectores también apoyaban las ideas sobre las que se levantaba el nuevo movimiento antiforal.

En 1913, Cordido fue nombrado director de la escuela del reparto, llamada Las Cañas. Esta escuela disponía de un jardín de infancia que acogía a los niños y niñas de la etapa de educación infantil, mientras no podían pasar a ser los alumnos de sus aulas de educación primaria. El centro se encontraba situado en El Cerro, un barrio erigido como lugar de residencia de la élite aristocrática cubana durante el siglo XlX. Su población estaba formada por empresarios, rentistas y burgueses que habían ido construido en sus parcelas suntuosos palacios ajardinados y quintas señoriales.

El trabajo de Manuel en la escuela de El Cerro se prolongará durante más de una década, concretamente hasta 1926, en que logra ascender a la categoría de inspector de escuelas primarias.

En el momento que empezó a dirigir la escuela, consiguió doctorarse en Pedagogía por la Universidad de La Habana y se inscribía como miembro de la Sociedad Cubana de Pedagogía.

Por otra parte, la actividad de Cordido en el Centro Gallego no se limitó exclusivamente a sus funciones organizativas, sino que, como en ciclo anterior, se propuso innovar en diferentes ámbitos.

En educación, por ejemplo, introdujo una asignatura que era importante para los gallegos, en general, y para el Centro, en particular. La Antorcha Gallega se refería a esta nueva materia del siguiente modo: “el señor Cordido, uno de los socios más antiguos del Centro Gallego, y el que más tiempo tiene honrado y está honrando, hoy como ayer, en letras de molde, en periódicos de gran circulación y revistas, a todos los gallegos,[…] aumentó [la Historia de España] con la Historia de todas las instituciones españolas hoy establecidas en América, especialmente gallegas, y con los hechos principales del descubrimiento, y conquista de esta parte del Mundo […] para que todos los cubanos y españoles que estudien en el Centro los conozcan”. Además, su empeño por ofrecer al mayor número de gallegos todas aquellas protecciones que les podía propocionar el Centro le llevó a solicitar a sus dirigentes que, a la altura de 1913, era ya una prioridad concederles también a las mujeres las mismas coberturas que a los hombres, pues, tras más de tres décadas de desarrollo de la institución, ésta todavía no las arropaba.

Para ello, Cordido señaló que “hay que extender más nuestro radio de acción social, hay que hacer más efectiva y verdadera la solidaridad gallega que nuestra madre, nuestra hermana o nuestra hija, y con la gallega, a la cubana oriunda de Galicia”. Su procedimiento era, según decía, “tan sencillo como fácil. Todo se reduce a establecer un pabellón de mujeres en La Benéfica, dividido en departamentos, pues la instrucción y recreo, ya la disfrutan las niñas y las mujeres sin ser socias de nuestro Centro”.

Otro de los aspectos que no se pueden olvidar en la biografía de Gómez Cordido son sus facetas de articulista y ensayista. Desde su llegada a la isla caribeña dió buena cuenta de sus opiniones por medio de muchas de las publicaciones de la diáspora española y de Cuba. Su labor periodística fue tan intensa que llegó a convertirse en uno de principales redactores de las revistas Galicia, La Patria Gallega y La Antorcha Gallega, pero aún tuvo tiempo para colaborar con bastante asiduidad en el Diario de la Marina, El Eco de Galicia, el Diario de España, Asturias o Vivero en Cuba.

Su prosa es casi poética, y sus artículos están dedicados a exaltar todo lo relacionado con su Galicia natal y con la proyección de la cultura entre los emigrantes, a los que muchas veces anima a integrarse en el centro Gallego. De él son las siguientes palabras publicadas en La Patria Gallega: “No debe existir en Cuba un gallego que no sea socio de nuestro Centro, por conveniencia propia, si no lo es por patriotismo, y todos los socios debemos ser como agentes, para convencer a los no socios de las ventajas que reporta nuestra Sociedad, como no deben existir persona ni cosa alguna que perjudique, directa o indirectamente, los intereses de nuestro Centro y el buen nombre de Galicia y los gallegos”.

Para finalizar este breve apunte biográfico, hay que hacer mención a la real orden publicada en la Gaceta de la Habana de 20 de marzo de 1898, por la que se le otorgan “los honores de Jefe de Administración, libres de gastos, a Manuel Gómez Cordido, en atención a las especiales circunstancias que en él concurren y como recompensa de sus buenos servicios”.

La orden fue firmada por el secretario del Gobierno general José Congosto, como representante del Ministerio de Ultramar en Cuba.

Éste título honorifico era el que se les brindaba a los que realizaban alguna obra destacada a favor de alguna de las instituciones del Estado, y que, por tanto, les acreditaba sus méritos.

Manuel Gómez Cordido falleció en La Habana el 2 de septiembre de 1944.
Suárez Sandomingo, José Manuel
Suárez Sandomingo, José Manuel


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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