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José Antonio Calvo Montero, notario vitalicio de Ortigueira

miércoles, 18 de abril de 2012
Orteganos de adopción


José Antonio Calvo Montero, el notario vitalicio de Ortigueira


José Antonio Calvo nació en la parroquia de San Miguel de Espinoso (Celanova) el 28 de abril de 1853, en el mismo ayuntamiento en que dos años antes había nacido el que habrá de ser una de las voces poéticas más importantes de las letras gallegas, Manuel Curros Enríquez, y que, con el tiempo, se consagrará como la tierra de los poetas gallegos con el nacimiento, a principios del siglo XX, de Celso Emilio Ferreiro y, más recientemente, de Xosé Luís Méndez Ferrín.

Pero en aquellos momentos, los nacimientos de Calvo y Curros habrían de coincidir con una de las crisis de subsistencia agrarias más terribles que se recuerdan en la Galicia del siglo XIX. Un momento de hambruna, fiebres y éxodo migratorio masivo en las que las zonas más afectadas van a estar en sur, principalmente en la provincia de Ourense. Este sino de austeridad quizás haya sido una de las marcas de vida con las que les ha tocado vivir, a la vez, un estímulo para imponerse a las dificultades con las que se han tenido que enfrentar.

Pese a todo, la familia de José Antonio dispuso de ciertos medios de vida con los que poder sacar adelante a su prole. Su padre, José, era perito agrónomo, o como le llamaban entonces, agrimensor, mientras que Manuela, su madre, pertenecía a la hidalguía rural que se beneficiaba de las rentas de sus posesiones arrendadas a los labradores.

El joven y aplicado José Antonio inició sus estudios en el monasterio de los padres escolapios de la villa celanovense, para después completarlos con los cursos de bachillerato en las aulas del edificio histórico que se halla situado al lado del Jardín de Posio en la capital provincial. Un centro de secundaria que aún hoy continúa dedicándose a las mismas tareas educativas con el nombre del carismático profesor y galleguista Ramón Otero Pedrayo.

Tras finalizar sus estudios en Ourense, se trasladó a Santiago de Compostela, donde se matriculó como alumno universitario en la Facultad de Derecho. Eran los tiempos de la Casa de la Troya, pero al prudente Calvo no le gustaban ni las correrías de los tunos, ni tampoco el relevo gubernamental que se había producido cuando, tras la revolución de la Gloriosa, se estableció la I República. Ese cambio político no sintonizaba con él, que siempre se habría de declarar conservador y monárquico hasta la médula.

Con el diploma de licenciado bajo el brazo, José Antonio practicó la abogacía en la ciudad de las Burgas durante algunos años, para después presentarse a las oposiciones a Notarías. De hecho, él perteneció formó parte de una de las primeras promociones de licenciados en Derecho que tuvieron que pasar unas pruebas para poder tener acceso al cargo público de notario, ya que hasta entonces su ejercicio había sido desempeñado como una profesión liberal más.

Su primer destino como notario le va a corresponder en el otro extremo de Galicia, en Ortigueira, a donde va a llegar a finales de diciembre de 1880. Para tomar posesión de su nuevo puesto le hizo falta certifiar sus credenciales notariales ante el director general del Registro Civil y de la Propiedad y del Notariado.

Será entonces cuando se produzca una de sus primeras anécdotas documentadas. Ésta aparece en el propio certificado que debió emitir del título que le acreditaba como notario. En él escribirá su primer apellido con b en lugar de con la correspondiente v, un error que no se le debe imputar a él sino a que así figuraba en el título que le había otorgado “Don Alfonso Duodécimo por la gracia de Dios, Rey Constitucional de España. Por cuanto vos Don José Antonio Calbo y Montero habeis hecho constar en la forma establecida que reunís los requisitos y circunstancias prevenidas en las leyes para obtener y egercer (sic) el este cargo de Notario”, y que él, como buen notario, daba buena fe de que había sido nombrado para el cargo con b y no con v, ya que al firmar el documento lo hace correctamente.

Este pequeño lapsus no va a afectar en nada su intervención profesional, y por eso, tras ejercer nueve años el cargo, será promovido a delegado de la Junta y Archivero de Protocolos en el Distrito de Ortigueira con fecha de 9 de mayo de 1889. Un cometido importante, por cuanto esta demarcación se encontraba entre las cuatro primeras de la provincia de A Coruña. Será, además, el primero que lo vaya a ejercer en Ortigueira.

Sin embargo, José Antonio nunca va a demostrar ningún tipo de ambición por escalar dentro de la categoría notarial a costa de cambiar de una plaza a otra, de un lugar a otro. Este hecho se puede apreciar muy bien en que a la hora de su jubilación se encontraba en el cuarto puesto del Escalafón General del Cuerpo de Notarios dentro de su categoría sin haber optado nunca a concursar para cambiar de puesto, algo insólito hasta la actualidad en el cuerpo notarial español. Este hecho habla muy positivamente del arraigo que siempre tuvo con la localidad que le acogió.

En sus primeros años en Ortigueira va a combinar sus actividades de abogado con las de notario, que atenderá en su bufete de la calle Alonso Pernas, hoy denominada Estrada Xeral. Su despacho fue tan conocido entre sus convecinos que su nombre llegó a figurar en algunas coplas populares. Buen ejemplo de ello es la que dice: Al entrar en Santa Marta/lo primero que se ve/es la cárcel, el juzgado,/ a Calvo y a Carballés.

Poco a poco, fue ampliando su actividad más allá de las representaciones legales y, como muchos de sus colegas de profesión, se dedicará a la política. A principios del siglo XX, todo político necesitaba de un medio de comunicación desde el que darse a conocer y difundir de sus ideas, así que él le hizo lo propio y le dió una nueva vida a El Eco Ortegano. Esta cabecera ya había aparecido por primera vez de la mano de la familia Maciñeira en los primeros años de la década de los noventa del siglo anterior.

En esta nueva etapa, como le ocurriera en la anterior, no va a disfrutar de un periodo demasiado, sólo saldría a la calle durante algo más de dos años y medio, del 15 de enero de 1911 al 26 de octubre de 1913. Pero la razón de su segunda desaparición fue bastante extemporánea, pues se debió al fallecimiento de la esposa de José Antonio, Rita Moreiras Pandiello, ocurrida durante su estancia en Mondariz, el 25 de julio de 1913. A partir de entonces, José Antonio no quiso seguir adelante con su proyecto periodístico.

Su esposa había nacido, como él, en las tierras ourensanas de Celanova, y durante sus 38 años de vida en Ortigueira se había distinguido por su entrega y cuidado de la gran familia que formó junto a su esposo y sus hijos: Dámaso, Leopoldo, Eunomia, Cesáreo, Segunda, Luciano y Ilduara. Su fallecimiento produjo un gran impacto en la comarca por el conocimiento y aprecio le tenían sus convecinos, y por el prestigio y autoridad que representaba su marido. Su entierro se convirtió en una gran manifestación de duelo popular. Las exequias fueron celebradas por el obispo de Mondoñedo Juan José Solís y Fernández, que estuvo auxiliado por los curas de todas las parroquias situadas entre Cervo (Lugo) y Moeche (A Coruña).

Tras su muerte, José Antonio Calvo se dedicará más de lleno, si cabe, a sus actividades profesionales y a escribir. Su vida fue siempre muy laboriosa, de tal modo, que sus secretarios lo recordaban como un trabajador incansable que era incapaz de ajustarse a horarios rígidos, y que sólo comía, bebía o dormía cuando sentía esas necesidades, dedicándole el resto de su jornada a su familia y a su trabajo. También mencionan, como una singularidad de su personalidad, su negativa a comer o beber en cualquiera de los desplazamientos profesionales que habitualmente tenía que realizar por su distrito.

Durante su vida, Calvo se relacionó con los más destacados líderes políticos y sociales de su época, a los que muchas veces apoyó y aconsejó sobre sus empresas. Tal fue el caso de su amigo personal Juan Fernández Latorre, con el que participó en la sociedad anónima que éste creó para el sostenimiento de su empresa periodística La Voz de Galicia.

Esta amistad empresarial se extendió al ámbito familiar, llegando José Antonio y su esposa Rita a ser elegidos padrinos de Felisa, la primera hija del diputado coruñés. Y tras la muerte de Juan Fernández, en 1912, Dámaso Calvo, el primer hijo del notario, será nombrado vicepresidente del Consejo de gobierno y administración de la empresa editorial del mencionado periódico. Un consejo en el que se sentarán también otras figuras políticas destacadas de la Ortigueira de principios del siglo XX como fueron sus alcaldes Manuel Sandomingo y Manuel Casariego. En ambos casos, para ocupar puestos de vocales, el primero durante el periodo de 1914-1915, y el segundo en 1916 y entre 1922-1923. Los tres orteganos habían unido sus fuerzas económicas a los otros 15 miembros fundadores de la sociedad anónima con un peso de 25 acciones cada uno.

Con el paso del tiempo, el poder accionarial de los miembros externos a la familia Fernández-Latorre fue decayendo, al adquirir ésta un mayor importancia en la empresa a través de la compra de sus acciones. Así, en 1935, ya sólo se mantenían vinculados a la empresa José Antonio Calvo y Manuel Casariego, que disponían de un 5,1% y un 2,1%, respectivamente. En 1942, los herederos del notario venderán las 29 acciones de que disponían a favor de los descendientes de Fernández Latorre.

Calvo siempre estuvo abierto a hacer amigos entre los que le ofreciesen su estima, por lo que contó la amistad muchas personas, entre las que hay que contar a algunos de sus paisanos ourensanos como Vicente Risco, José Ramón Fernández-Oxea (Ben-Cho-Sey) y Ramón Otero Pedrayo, a quienes acompañó en su visita a las tierras del Ortegal, subiendo con ellos a las cumbres de A Capelada. De este itinerario, Otero Pedrayo escribirá en su obra Pelegrinaxes: “Pol-a noite recibimos a visita do señor Calvo, notario e gran coñecedor do país. Il é de terras de Vilanova dos Infantes. Falamos moito de cousas e de xentes d´Ourense. Deus lle pague ó xentíl cabaleiro a visita que fixo ós peregrinos do San Andrés e a hora de lembranzas que decorréu para nós na súa fidalga compaña”.

Calvo fallecerá a las 7 y media de la tarde del día 7 de noviembre de 1937, a causa de la ictericia, tras haberse arragaido en Ortigueira durante casi 67 años, y escribir así una de las páginas más curiosas del notariado español, al ser su miembro más longevo en el mismo puesto. En su nota necrológica, La Voz de Galicia destacó su “vida de hondo trabajo y honradez inmaculada,.. [y su]… renombre en la judicatura y prestigio indudable entre los jurisconsultos gallegos”

Notarios delegados de la Junta y Archivero de
Protocolos en el Distrito de Ortigueira

Nombre Periodo
José Antonio Calvo Montero 01-01-1901 / 31-12-1935
Manuel de la Campa 01-01-1936 / 31-12-1948.
Emilio Durán 01-01-1951 -
Rogelio del Valle 01-01-1951 / 31-12-1951
Pelayo Artigas 01-01-1954 / 31-12-1956.
Rafael Nebot 01-01-1957 -
J. José Cagigal Gutiérrez 01-01-1958 / 31-12-1962
Camilo Teijeiro Fernández 01-01-1962 / 31-12-1965.
Alberto Llobell 01-01-1965 / 31-12-1969
Enrique Roger-Amat 01-01-1970 / 31-12-1971.
Luis S. Gil Carnicer 01-01-1971 / 31-12-1974
Ladislao Narvaez Acero 01-01-1974 / 31-12-1978.
Angel Alvárez Rubio 01-01-1978 / 31-12-1980
Suárez Sandomingo, José Manuel
Suárez Sandomingo, José Manuel


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