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Siempre nos queda la Esperanza

miércoles, 11 de abril de 2012
Ya lo dijo Hamlet: "¡Cuánto pesa esta corona!". Gobernar no es fácil sobre todo en tiempos tormentosos de vacas flacas como los que vivimos. Todos dicen tener la varita mágica, o incluso las recetas que, en ausencia de poderes místicos, nos sacarán del pozo. Unos han intentado ponerlas en práctica llevándonos a lo más hondo del abismo, a un paso de la desintegración económica de este país, y otros parece que llevan gobernando años en vez de meses y acusan un desgaste tremendo recibido de una prensa que siente poca simpatía hacia los recortes porque, a fin de cuentas, son empresas que han de dar resultados.

Y en medio de todo este barullo, surge una voz. La de Esperanza Aguirre. Dice lo que ha dicho siempre, sólo que ahora se le presta más atención. Matizo, no siempre ha dicho que haya que devolver competencias al Estado o desconcentrar en los Municipios (quien la acuse de centralista debería reparar en esto último, importante, fundamental, en una descentralización administrativa que se ha estancado en esos agujeros negros competenciales llamados Autonomías), siempre ha dicho lo que piensa, que ya es digno de mención en estos tiempos.

Aquí hay dos aspectos en la cuestión que considero importantes. El primero es el práctico, y el segundo el ideológico. No siempre ambas cosas van de la mano. La Constitución Española se redactó claramente pensando, por presión de los nacionalistas, en Cataluña, País Vasco y Galicia como autonomías históricas, que serían tres islas en medio de una España más o menos centralizada. Lo que no se esperaba nadie es que toda España se conformara con un mapa autonómico absoluto con aquel “café para todos” que nos tiene cada vez más insomnes.

Ese mapa político se tradujo en administrativo, con una huída hacia adelante en que todos los partidos fueron partícipes en tiempos de bonanza, adelgazando la Administración Central en favor de las Autonomías con al excusa de que son “más cercanas”. De ahí vienen los Gaiás, los aeropuertos fantasma, los EREs de Andalucía, los escándalos de Baleares, los tropecientosmil altos cargos, los 17 parlamentos, las desigualdades en cobertura sanitaria de uno a otro punto del país, las diferentes tributaciones dependiendo de dónde se resida… No me entiendan mal, ya sé que también hay corrupción en el Estado central, sólo que cuantos más chiringuitos, más grande es la pandilla, y más difícil es controlarlos.

Se han superpuesto capas y más capas de burocracia y papeleo, que salen carísimas. Y además suponen un berenjenal competencial de difícil comprensión. Uno nunca sabe a dónde tiene que ir a presentar el maldito papel para hacer cualquier tontería que necesite el omnipresente visto bueno de la administración, principalmente porque todas quieren su cuota de poder y te obligan a peregrinar de ventanilla en ventanilla coleccionando sellos como un idiota para cambiar los azulejos del cuarto de baño.

Como les decía, esto es un tema de praxis, pero también de ideología. A Aguirre la van a acusar de fascista unitaria, sin tener en cuenta que no ha dicho que se recentralice, ha dicho que se retomen desde el Estado las competencias que, por lógica, han de ser unitarias en un país y que se derive a los Ayuntamientos todo lo demás que se pueda. Más descentralizador, imposible.

Curiosamente es lo que llevo diciendo yo desde hace mucho tiempo, y no porque tome café con Esperanza Aguirre los martes (la verdad, me gustaría, me parece una persona interesante como pocas, hasta lo tomaría los miércoles si a ella le viene mejor).

Me imagino que saldrán ahora todos los califas a poner el grito en el cielo, encabezados por lo políticamente correcto, diciendo que esto no tiene vuelta atrás. Lo mismo pensaba Franco del franquismo y ya ven lo que duró desde que él mismo dobló la servilleta. Tiene guasa, por cierto, que entre las voces surja la de Artur Mas diciendo que está de acuerdo con Esperanza Aguirre siempre que se hable de “comunidades autónomas artificiales”. Se refiere a comunidades “sin historia”, como Asturias, Aragón o Castilla León, que peinan bastantes más canas que todas las demás juntas. ¿Saben cuál es el criterio que la Constitución usa para denominar “históricas” a algunas comunidades? que antes del golpe de estado de Franco hubieran “plebiscitado” un estatuto de autonomía. Eso sí es un criterio objetivo.

Siempre no queda la Esperanza de que alguien hable con sentido común. La lideresa ayer se ganó una medalla más en su título. Le echó valor para decir en voz muy alta lo que muchos pensamos desde hace mucho tiempo. El Estado Autonómico es insostenible tal y como está planteado y si hay que meterle mano aprovechando el argumento de la crisis, éste es el momento. Lo he dicho conscientemente: “aprovechando el argumento de la crisis”, porque esto había que haberlo hecho en tiempos de bonanza, sólo que de aquella mucha gente se resistiría. Ahora no hay excusa para organizar de una puñetera vez las cosas con un poquito de “sentidiño”.
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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