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El paraíso de los chorizos

martes, 10 de abril de 2012
La noticia del día es el recorte en sanidad y educación. Como quienes leen esto habitualmente ya saben que no creo en las vacas sagradas no voy a darle muchas vueltas al tema hasta que sepamos un poco mejor dónde van a meter el bisturí, sólo mencionar que también puede haber despilfarro en estos dos sectores por lo que me parece bien que se recorte lo que se pueda en todas partes. No creo que la sanidad se vaya a pique por utilizar una fórmula genérica en lugar de la Aspirina de Bayer, como mucho se irá a pique Bayer, aunque lo dudo muchísimo.

Tampoco creo que el problema de la educación sea el número de alumnos por aula, porque era bastante mejor la que recibimos los de mi generación que lo que se hace hoy, cuando en mi clase había unas 40 personas por profesor. También hay que reconocer que éramos menos fieras, probablemente más dóciles. Pero, como decía, no quiero darle más vueltas a eso por ahora.

Sin embargo hoy voy a criticar al gobierno de Rajoy por otro motivo que no toqué hasta el momento porque no me creía que fuera como nos lo decían: la amnistía fiscal. Esta medida, para quienes no lo sepan, supone que si usted ha defraudado, pongamos por caso, 10 millones de euros a esta Sociedad que se sostiene a base de impuestos, con regularizarlo ahora sólo tendrá que pagar entre el 8% y el 10% para lavar su pasta con un detergente pagado por todos.

No dudo de las buenas intenciones de la medida, por la que se pretende que aflore dinero negro y se regularice su situación, lo que dudo es de su constitucionalidad, de su efectividad y, sobre todo, de su moralidad. Vamos por partes.

Dice nuestra Constitución que corresponde al Rey “ejercer el derecho de gracia con arreglo a la ley, que no podrá autorizar indultos generales” (artículo 62.i). El Rey no pinta nada por sí mismo en nuestra Constitución ya que, salvo su inmunidad (que le permitiría, en teoría, poder disparar a la gente en la Puerta del Sol sin temor a consecuencia alguna) por lo demás todo cuanto hace está reglado y tasado por el Gobierno, incluido el derecho de gracia. Sin embargo este derecho está limitado y no permite indultos generales. ¿Esta amnistía fiscal no es un indulto general? ¿No es tan grande como conceder una amnistía a presos políticos, en su caso, o presos por delitos de arma blanca?

Su efectividad también hay que ponerla en duda. Puede tener un inmediato efecto placebo en que los muy ricachones, que son los que se pueden permitir estas cosas, traigan a la luz unos cuantos millones de euros de los que el Estado cobrará una parte, inferior a la que le correspondería si en su día se hubiera declarado, pero una parte a fin de cuentas, que ahora estamos mal de pasta. Pero puede tener como efecto colateral que nos tomemos a Hacienda a cachondeo. Es la tercera amnistía que se da en España (las dos primeras bajo gobierno socialistas, fíjate tú, en 1984 y 1991, a pesar de que ahora Rubalcaba se rasga las vestiduras), con lo que esto ya no es una cuestión excepcional, sino cíclica.

Si nos acostumbramos a que cada x años se haga una amnistía, ¿quién va ser el idiota que no intentará ocultar dinero, si sale más barato?.

Por último está el tema de la moralidad de la medida. ¿Con qué cara nos van a venir a exigir que cumplamos nuestras obligaciones tributarias a los españolitos de a pie cuando nos están diciendo que no es la cosa para tanto si se defrauda? ¿Qué clase de moral pública se está enseñando cuando al chorizo le sale rentable serlo? ¿Dónde está el castigo?

Desde un punto de vista estrictamente liberal esta medida tampoco es sostenible. El liberalismo no es una ideología de “tierra quemada” ni de “sálvese quien pueda” como se nos intenta vender. No es incompatible con el concepto de responsabilidad. Uno puede ser muy liberal, pero pensar que quien viola la ley ha de pagar un precio. Otra cosa es que se defienda que las leyes sean de mínimos, pero eso no tiene nada que ver.

Un patinazo importante, de consecuencias imprevisibles porque, como dije, creo que va a animar a que haya más fraude en lugar de conseguir lo contrario.
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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