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El miedo sólo trabaja de mañanas

viernes, 30 de marzo de 2012
Yo predije que habría mucha gente en las manifestaciones y que aún así habría poca incidencia en los puestos de trabajo. Casi nadie ha ido a la huelga, al menos voluntariamente, pero da igual porque hay gente de sobra para llenar los trabajos que quedan y las manifestaciones.

La incidencia de la huelga en Lugo ha sido únicamente en donde el miedo a los piquetes y sus tácticas fascistas (no puedo evitar hacer un paralelismo con las que usaban los nazis contra los comercios judíos en la época en que Adolfo llegaba al poder) obligaron a los pequeños comercios, normalmente atendidos por sus propietarios y algún empleado, y alguna empresa del Ceao (salvo el restaurante donde fueron a comer los sindicalistas para aplaudirse unos a otros) a cerrar las verjas para que la foto en la prensa saliera bonita, con todo cerrado a cal y canto.

A quien tenía la osadía de anunciar que no cerraría (si hay dos personas en la tienda y una es la propietaria, aunque el otro vaya a la huelga puede abrir perfectamente) le inutilizaron la cerradura con silicona y clavos, la vieja táctica para que el pueblo se dé cuenta de que quiere secundar la huelga, aunque sea por obligación.

Pero fíjense en una cosa: después de la manifestación los sindicalistas, muy orgullosos ellos de su “éxito” acojonando a la gente, insisto en que se fueron a comer a un restaurante del Ceao al que no obligaron a hacer huelga, que una cosa es ser sindicalista y otra muy distinta es perderse una cuchipanda. Desde ese momento el comercio reabrió. Por la tarde la normalidad era absoluta en toda la ciudad, incluso en el centro que es donde por la mañana estuvo cerrado casi todo al menos unas horas.

¿Qué quiere decir eso? Evidentemente la huelga era todo el día, pero el miedo sólo trabaja de mañanas, en plan funcionario.

Cuando se elimina de la ecuación la amenaza de “te rompo el escaparate” los negocios florecen y reabren como por arte de magia. ¿Eso indica que cambiaron de idea sobre la huelga o que por la mañana cerraron por miedo?

También, por desgracia, he acertado con la pasividad de las autoridades. La patente de corso que disfrutan los anormales que se ponen a estropear cerraduras, quemar contenedores, poner pegatinas con sus logotipos en los escaparates sin disimulo alguno, cortar el tráfico, o amenazar a sus compañeros de trabajo de forma más o menos sutil, tuvo ayer una nueva ocasión de salir a relucir. Si ustedes o yo, en un día cualquiera, hacemos una de esas cosas nos meten en el juzgado a la velocidad de la luz, lo cual está muy bien. Pero si utilizamos la huelga como excusa las leyes quedan en suspenso y podemos cometer las mayores tropelías sin miedo alguno a que el policía que está a nuestro lado, blindado hasta los dientes por si nos da por ir a por él, mueva un dedo. Las imágenes de la policía casi protegiendo a los majaderos que cortaron el tráfico en el Ceao con incendios hablan por sí solas.

No voy a entrar a valorar las imágenes de Cataluña u otros puntos de España porque no estaba allí y me gusta más hablar de mi ciudad si puedo hacerlo, aunque nos intentarán vender que en esos sitios los medios informan parcialmente de las atrocidades que hemos visto. De lo de Lugo a mi que no me cuenten milongas porque yo sé lo que he visto en persona. He visto basura quemada en la calle de la reina, he visto pegatinas de la CIG y CNT pegadas donde les sale de las narices, he visto al cerrajero de Sequeiros cambiando cerraduras en varios sitios, he visto el comercio cerrado por la mañana y abierto por la tarde, he visto a los sindicalistas haciendo el paseíllo a los funcionarios que veníamos a trabajar para intentar (¡ja, ja, ja!) avergonzarnos o presionarnos para que no entráramos ejerciendo nuestro derecho a no ir a la huelga, he visto a esos mismos sindicalistas tomando el café a media mañana en negocios esquiroles a los que no les decían nada porque es a donde van ellos habitualmente a desayunar y porque el día de huelga algo hay que echarse al buche…

Eso no me lo han contado los medios, lo he visto yo, y no he visto ningún trabajador presionado por sus malvados empresario. No niego que los haya, sólo que yo no he visto ninguno.

Luego nos extrañamos de que haya desafección a los sindicatos. Aunque mucha gente pueda estar de acuerdo con ellos en alguna cosa, sus métodos no pueden ser aprobados por ninguna persona de bien. Utilizar el miedo para obligar a la gente a secundar sus protestas es, además de ilegal e inconstitucional, tirar piedras contra su propio tejado porque cuando vemos un comercio cerrado un día de huelga no pensamos “uno que apoya la huelga” sino “por aquí ya han pasado los piquetes”.
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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