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Las asociaciones con ánimo de lucro se llaman empresas

martes, 27 de marzo de 2012
Hace unos días vinieron a verme dos chicas para hacerme una consulta sobre la creación de una asociación. Aunque yo ya no llevo este tema, hasta hace poco me encargaba de parte de la gestión de este tipo de asuntos (asociaciones de ámbito social) y por eso las enviaron a mi de otra entidad que lleva funcionando varios años y que por lo que se ve tenía en cierta estima mi criterio. Lo más grande es que no tenían muy claro de qué hacer la asociación… “de lo que haya más subvenciones”, me dijeron. Por sinceridad que no quede.

En España hemos reemplazado el espíritu solidario por el de la cultura de la subvención. Si uno quiere hacer cualquier cosa, antes incluso de pensar bien qué es lo que pretende, busca las ayudas que pueda haber, y hay tantas que lo más probable es que acierte y tarde o temprano consiga rascar algunos euros de cualquiera de nuestras muchas administraciones que regalan dinero sin pudor principalmente porque no es suyo.

No acabamos de entender que las asociaciones con ánimo de lucro se llaman empresas. Una asociación, para que lo tengamos claro todos, es un grupo de personas que se agrupan para un fin. Puede ser para la defensa de los derechos de la marmota moteada, para organizar excursiones al mar si se es de interior, o a la montaña si se es de la costa, o para ayudar a personas que están en peor situación que uno mismo. Los fines son irrelevantes en este momento. La cuestión es que simplemente es eso, un grupo de personas que quiere conseguir hacer algo conjuntamente porque es más sencillo que hacerlo por separado.

Vamos con los ejemplos, que son más gráficos. Imaginen que mi ilusión es conocer las capitales de Europa (un fin muy interesante, por cierto). Descubro que hay más personas que quieren hacer lo mismo y nos unimos para crear la Asociación de Viajeros Europeos (a lo mejor las siglas A.V.E. están cogidas, tendría que mirarlo, pero es un ejemplo). ¿Qué ventaja tendría eso? Pues muchas. No es lo mismo organizar un viaje para dos que para cincuenta o sesenta. Los precios son más moderados – ofertas de grupos, descuentos por ser muchos…-, te puedes permitir cosas que una o dos personas ni se plantearían – alquilar un autobús entero o incluso un avión, organizar visitas guiadas, entrar en lugares donde en solitario no te dejarían…- y encima compartes la experiencia con más gente y diluyes un poco el riesgo de divorcio que suelen traer consigo los viajes en pareja.

Pero eso no es suficiente. Resulta que además la Unión Europea considera que es interesante que “para estrechar lazos y ahondar en el conocimiento de la Unión” tu asociación tenga respaldo, con lo que te suelta unas perras para ayudarte a organizar los primeros viajes. Te acostumbras claro. Si el viaje iba a costar 500 €, con la ayuda cuesta 250 €, así que organizas dos. Y puede que tres. Y pones un administrador. Y un móvil para el Presidente de la Asociación. Y una persona en la oficina que ayude con el papeleo (preferiblemente cuñado del Presidente de la Asociación). Y gastos de desplazamiento para ir a reuniones con otras Asociaciones similares. Y ya que estamos, un portátil con proyector nos venía muy bien para ver las fotos de los viajes. Y como nos sobra dinero gracias a las ayudas públicas vamos a reducir las cuotas de los asociados, o a no actualizarlas en 20 años, o a eliminarlas, que total…

La Asociación crece, y pasa a depender de las subvenciones. Sus ingresos y sus gastos no sólo se equilibran con dinero público, sino que directamente este supone un 90% o más del presupuesto. La Asociación abre su página web, consigue más socios y hace la competencia (desleal) a Viajes El Corte Inglés. Invita al Presidente de la Diputación, al alcalde o alcaldes de turno, al conselleiro y, si la cosa va muy bien, al ministro del ramo a inaugurar su nueva sede, que comparte edificio con notarios y empresas de seguros.

Y entonces viene la crisis. La Administración considera que los viajes organizados han de pagarlos quienes quieran y puedan ir. La Constitución no pone en ningún sitio que se garantice el derecho al turismo (Fraga estuvo poco hábil en ese punto) así que volvemos a los viejos tiempos en que sólo se pone pasta para las cuchipandas oficiales y las pagadas directamente por la Administración (Imserso, Kilómetro 0, Foro de ciudades catedralicias…). Nuestra asociación se viene abajo. Nos damos cuenta de que con las cuotas no nos llega para pagar ni la factura del móvil del Presidente y que llevamos años viviendo del cuento. Vamos a la prensa y montamos un Cristo porque nos han abandonado, que nosotros no tenemos culpa de nada…

¿Exagerado? ¿De veras lo piensan? Probablemente porque no conocen ese mundillo. No me entiendan mal. Hay asociaciones fantásticas que hacen una labor importantísima tanto social como incluso sanitariamente. No quiero poner nombres porque luego hay líos, pero todos tenemos alguna en mente. El problema es cuando pensamos que por hacer una buena labor ya se puede vivir de la Administración, y no es así. Una asociación, por definición, es particular, ya que si es un servicio público ya es parte de la Administración. Tampoco es de recibo que una persona que trabaja en labores “desinteresadas” o “humanitarias” esté cobrando sueldos de 2.000 o 3.000 euros y viviendo como un marqués a costa de los desgraciados a los que dice defender. Me parece ofensivo.

Lo bueno que tenían las asociaciones como concepto era que deberían ser parte del tejido de la sociedad civil. Pero en España, como todo, al arrimarse al sol del dinero público han tenido que plegarse a los designios del gobernante de turno y por tanto entrar en el juego político. Hay asociaciones “del PP”, “del PSOE” y “del BNG”, porque los propios partidos han propiciado su creación para poder derivar hacia sus simpatizantes e ideas dinero de todos. Es un error de bulto. Lo suyo sería acabar con todas esas ayudas y los servicios que sean necesarios prestarlos directamente desde el sector público, aunque sea mediante gestión privada, eso es otro tema.

Si están ustedes pensando en montar una entidad de cualquier ámbito para vivir de ella eso no es una asociación, es una empresa.
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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