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Discapacitados

viernes, 16 de marzo de 2012
Mierda para los discapacitados

¡Que se jodan! ¡Ya está bien de quitar plazas de aparcamiento a la gente “normal”! ¿A quién le importa que una persona no tenga movilidad, vaya en silla de ruedas o use muletas? No haber metido el pie donde no debían o no haber tenido un material genético tan malucho. O no hacerse mayor, hombre, que no hacen más que molestar. Que se queden en casa.

Supongo que el sarcasmo es notorio, pero por si acaso lo aclaro: es sarcasmo. Tengo a mis padres de viaje así que, en plan “gardador de feito” (me encanta el término) me encargo yo de mi abuela, que recientemente cumplió 95 años, lo que incluye ir a llevarla y recogerla para jugar la partida diaria en el Círculo (sí, sí, han leído bien, ya me gustaría a mi llegar a esos años con esas ganas de tirar para adelante y esa cabeza perfecta). Va en silla de ruedas por problemas de movilidad, y como somos muy cumplidores de la ley nos hemos molestado en sacar la tarjeta de minusvalía. Perdón, he dicho minusvalía y ahora no se puede, ¿discapacidad? ¿dificultad motriz? ¿reducción significativa del ámbito de movilidad personal no asistido?. Alguien debería publicar un diccionario castellano-políticamentecorrecto políticamentecorrecto-castellano, se haría rico o rica...

A lo que iba. Justo junto al Círculo hay dos plazas de aparcamiento reservadas, y hete aquí que no me encuentro con coches aparcados, bicicletas, carritos de niños o perritos meando, me encuentro con contenedores de basura instalados por nuestro Ayuntamiento. Encima insuficientes y con la basura desperdigada por allí. No sólo no te dejan sitio para aparcar en la plaza reservada, sino que encima cuando no está la basura queda la zona bastante sucia para que las personas que andan como pueden se pongan bien hasta el cuello de porquería.

Aquí te quedan dos opciones, o aparcar sobre el contenedor de basura, harto complicado y supongo que muy perjudicial para los bajos del coche, o entorpecer el paso al callejón que está al lado lo que, además de ilegal, es poco lógico.

Hay cosas que uno no alcanza a comprender. Por ejemplo, si alguien sitúa los contenedores utilizando un plano y sin molestarse en ir al sitio de la presunta ubicación, cosa que hasta voy a dar por más o menos comprensible… ¿a nadie de los que los colocan se le ocurre avisar de que no parece el sitio más adecuado? Porque imagino que cuando uno llega con el camión a poner el contenedor tendrá que fijarse dónde lo pone, ¿no?.

Aparcar en Lugo es una odisea, y cuando vas por ahí en el coche buscando un hueco y ves uno a lo lejos para acercarte y ver que es una plaza azul reservada para discapacitados te coges un cabreo considerable. A mi me ha pasado, lo reconozco, es el fastidio unido a la mala leche que viene de serie con cualquier vehículo a motor. Pero hay que pensar que esas plazas son para personas a la que andar 100 metros supone, a lo mejor no un suplicio, pero sí un esfuerzo muy considerable y en cualquier caso mucho mayor que el que pueda suponernos a los que tenemos la fortuna de poder caminar sin impedimentos. Si a eso le unimos la moda del adoquín, que me gustaría subir al Alcalde en una silla de ruedas y meterlo por alguna zona peatonal plagada de estos pedruscos para que vea lo divertido que es, estamos aviados.

Lugo es una ciudad, sin embargo, que es muy respetuosa con las sillas de ruedas. No conozco otra que tenga tantas aceras rebajadas, y precisamente llama la atención cuando te encuentras un cruce sin la típica rampita en el paso de peatones. El trabajo gordo está hecho, y bien hecho, en eso Orozco ha trabajado muy bien durante muchos años, pero ya lo dijo Mies van der Rohe (un arquitecto de campanillas de los que hace 70 años hicieron casas que aún hoy nos parecen modernas pero en el buen sentido), “Dios está en los detalles”, y tal vez sea porque esta basura estaba justo donde iba con mi abuela, y mi abuela es mi abuela, pero me pareció, además de feo, absurdo.

Cuando uno pasa muchos años en un sitio aunque entrara con ganas las cosas se van dejando un poco. Pues que no se dejen. No estaría mal dar un repasito al tema y ver cómo se puede compaginar tener las cosas bien hechas con estorbar lo menos posible.
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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