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La farola anti-niebla

viernes, 13 de enero de 2012
Los ingleses, tan ocurrentes ellos, denominaban a la archiconocida niebla londinense como “smog”, una mezcla de la palabras “smoke” (humo) y “fog” (niebla) que se refería al efecto por el que la excesiva contaminación de la ciudad agravaba el ya de por sí intenso fenómeno atmosférico de la ciudad del Big Ben.

En Lugo llevamos una semana metidos en algo que va más allá. Una especie de sopa de guisantes espesa y que no levanta en todo el día. Como mucho aclara un par de horas a mediodía para luego volver con intensidad a meternos el frío en los huesos con las consecuencias de todos conocidas: catarros, gripes, resfriados, irritaciones de garganta… qué me van a contar a mi.

Pero hete aquí que Orozco acude a nuestro rescate. Nuestro Alcalde, consciente de los problemas que para el peatón tiene esta singular meteorología, ha optado por señalizar algunas zonas de nuestra ciudad con un nuevo tipo de mobiliario urbano: la farola anti-niebla. Genial idea que recomiendo patentar cuanto antes para solucionar los desfases presupuestarios con los royalties que otras ciudades, envidiosas de la seguridad que nos garantizan estos espantos, pagarán gustosas para poder imitarnos.

Una vez destrozadas las principales plazas de nuestra ciudad, ahora les toca el turno a la pequeñas. El ya conocido como “paseo de las lápidas” colocado en la Plaza de España (esos horrores de gusto funerario, presuntamente en honor a literatos gallegos), la “plaza inútil” de Ramón Ferreiro que tiene de estético lo mismo que su nombre (se llama “Horta do Seminario”) y la explanada de hormigón salpicada de trastos que han puesto frente a la Diputación sólo son el comienzo.

Ahora le ha tocado a la plaza de O Cantiño, ese rincón que tanto encanto tenía y que ahora parece una pista de aterrizaje de platillos volantes y amenazan con, donde no llega el presupuesto para destrozar completamente, afear lo más posible otros espacios.

Y luego está la “restauración” de la fuente de las ranas. Por la tarde tuve que pasar por delante y casi me da otro patatús al ver las tremendas, horrorosas, y llamativas farolas que han instalado en esa plaza, con un color verde marujita que resalta como un puñetazo en un ojo.

Sorprende que, quienes se dicen defensores de la ciudad, ataquen su esencia misma con estos espantos urbanos. Les invito a pasar por allí y ver las farolas, que incrementan nuestro muestrario de luminarias con una nueva adquisición: la farola anti-niebla que ora sirve como farola ora sirve como baliza en caso de nevada intensa. Para echar a correr.
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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