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El Caminante y su sombra

miércoles, 04 de enero de 2012
Presentar un libro en el salón de actos de la Casa consistorial de un Concello es una buena señal por partida doble. Es buena señal porque un libro nace, y eso es conveniente para la alimentación de nuestro espíritu, y es buena señal porque acredita que el Gobierno municipal considera que un libro es importante dentro de la política municipal, y que el salón de sesiones, que está para debatir en él los asuntos más importantes del municipio, lo está también para aquellas otras cuestiones que hacen referencia al municipio y a sus gentes, y en este caso al Camino de Santiago que para Portomarín es vital desde hace más de mil años.

En estos tiempos en que las nuevas tecnologías nos invaden, un libro sigue siendo noticia. Porque de la misma manera que cuando la televisión apareció no hizo más –a la larga- que potenciar también a la radio como medio de comunicación, todos los medios existentes –prensa, radio, televisión, cine, Internet...- no han conseguido eliminar el libro tradicional, y siempre tendrá un lugar especial en nuestra moderna civilización ese libro de papel que se puede tocar, oler, mirarlo y remirarlo, leerlo y releerlo, conseguir que el autor nos lo dedique, regalarlo o prestarlo – que casi es lo mismo-, y mirarlo amorosamente en el estante en donde lo coloquemos para que descanse hasta que volvamos a acordarnos de él.

Que nazca un libro es un feliz acontecimiento, y por eso estamos aquí hoy para presentar “El Caminante y su sombra”, obra del murciano Francisco Nicolás Alacid, poeta y criminólogo, graduado social y enamorado de los Caminos a Compostela.

Esta mañana llamé por teléfono al autor, por el simple hecho de hablar con él, de notar su talante, de tener un primer contacto que me permitiese hablar de él y de su libro, aquí, en Portomarín.

Ya estaba aquí, había llegado ayer, y en aquel momento se encontraba con Serrano, vuestro alcalde. Sólo hablé con él tres o cuatro minutos, suficientes para saber que el libro sólo se había presentado en su tierra murciana y que en segundo lugar quiso hacerlo en Portomarín. Y yo lo comprendí.

Comprendí en primer lugar el por qué Portomarín le llegó al alma. También a mi me pasó. Cuando en 1986, hace ahora 25 años, junto con Carlos Rodríguez Arias formé una productora de video – Ophiusa- uno de los primeros videos que produjimos se tituló “Portomarín, viejo camino”, y estaba dedicado a este hito del Camino de Santiago, al que quiero aunque no conocí el Portomarín antiguo; desde que me conquistó esa imagen de pueblo que sacrifica sus mejores tierras, sus casas, su historia, en aras de la modernidad, y es capaz de subir monte arriba para construir un pueblo nuevo y sus principales monumentos se rescatan para desmontarlos piedra a piedra y volver a reconstruirlos en el nuevo pueblo que ahora nos acoge.

Portomarín engancha por su historia y por lo que pudo ser una tragedia, pero no lo fue por el espíritu emprendedor de las gentes de estas riberas, que dejaron sus casas cargadas de historia, habitaron nuevas casas en un nuevo pueblo, y se dedicaron – os dedicasteis- a trabajar y a vivir.

Y Portomarín “se buscó la vida” en este nuevo pueblo, y surgieron los Domingos folclóricos para que aquí se centrara la atención de toda la provincia en el verano lucense, apareció la Orden da Augardente de estas sagradas riberas del Miño, y la que fue villa milenaria, hito importantísimo del Camino Francés, evolucionó de tal manera que ni hoy se podría entender el Camino sin Portomarín como parada y fonda ni Portomarín podría entenderse sin que la cruce, la invada, la conquiste cada día el Camino de Santiago, los modernos caminantes a Compostela por el más vivo de los Caminos.

Y aquí aparece Francisco Nicolás Alacid, al que no podemos considerar un caminante más. Sino un caminante singular.

Quien hace el Camino, cualquiera de los caminos a Santiago, es una persona especial que entiende que la vida es dinámica; vivir es caminar. Vivir la vida es recorrer un camino que ninguna otra persona ha recorrido. Y el caminante, aunque recorra el camino trillado que otros han marcado, siempre hace un camino nuevo porque a la vez que efectúa el camino exterior recorre un camino interior, protagoniza una aventura personal, que al final junto a la satisfacción física de haber rematado el esfuerzo que exigió a su organismo, encuentra la plenitud mental, inteligente, visionaria, de haber completado una misión autoimpuesta; la satisfacción personal de haber superado un reto y haber cumplido consigo mismo ante el desafío que uno se plantea para comprobar que sigue estando vivo, que es capaz de seguir superando retos, que cumplir con uno mismo es mucho más importante que responder a lo que los demás esperan de nosotros.

Y si el caminante es, de por si, una persona especial, descubrimos caminantes singulares, ya sea por la conciencia que de si mismos tienen, ya porque saben que el Camino interior es tan importante como el camino exterior, que ambos caminos van unidos para los que conocen su existencia o quieren descubrirla; que hacer el Camino es como un nuevo Sacramento en el que el caminante es oficiante y sacramentado a la vez.

Francisco Nicolás Alacid es un caminante vocacional, que sabe lo que el Camino proporciona, que lo asume y lo recibe. E hizo todos nuestros caminos: Desde el Primitivo, que viene por alta montaña y eludía zonas que en sus comienzos estaban en poder de los árabes hasta el Portugués o el de la Plata, culminando en el Camino Francés, el más conocido en la actualidad, que en Portomarín tiene reconocimiento y papel de primer orden.

Y el peregrino se convierte en escritor porque el Camino le dicta sus normas. Y como este peregrino no puede dejar en silencio cuanto el Camino le dice, lo plasma en vivencias y recuerdos de caminante. Y este libro viene a ser –creemos que un “suma y sigue”- el resumen de ese caminar incansable durante dieciséis años por los caminos que la Cristiandad fue abriendo, desde hace más de diez siglos, hacia la tumba que convirtió a Compostela en la capital de Occidente.

Totaliza el escritor en 137 días su período itinerante, y en 4.686 los kilómetros recorridos buscando el lugar donde el Patrón de España y Señor de los gallegos vive su descanso eterno. Pero para nosotros es mucho más. Para los que vivimos a orillas de uno de los Caminos de Santiago, y que sentimos dentro – quizás heredado de lejanos antepasados y de viejos tiempos – el ánsia de caminar y la admiración por el que camina, “El Caminante y su sombra” va a ser mucho más que un libro de viajes y vivencias; es un “Libro del Camino”, que se incorpora al importantísimo conjunto de obras de todo tipo que van conformando la historia, la tradición, la leyenda, la vida del conjunto de caminos más importante de toda Europa.

Y el autor-peregrino incorpora un elemento tan simbólico e importante como el que antaño aportaron los peregrinos desconocidos que llevaban piedras de cal hasta Castañeda con el fin de que en los hornos allí existentes las fundiesen y contribuir a la construcción de la gran catedral compostelana; o los que aportaron millares de piedras que iban erigiendo “milladoiros”, humilladeros, representando el homenaje permanente del caminante hacia Santiago y su memoria.

Hoy, Portomarín honra a Francisco Nicolás Alacid recibiéndole en su salón de plenos, y presentando oficialmente su libro de vivencias en el Camino de Santiago. Pero hoy también Portomarín se honra con esta presentación, se honra recibiendo a un escritor y a su libro; y se honra sabiendo el papel que el Camino tuvo y tiene para este pueblo, y el reconocimiento que merecen todos los que al Camino atienden. En este caso, el autor de “El Caminante y su sombra”.

Entiendo que merece reconocimiento el Ayuntamiento de Portomarín, por acoger en su sala magna la presentación de esta obra. Y reconocimiento especial a Francisco Nicolás Alacid, autor de “El Caminante y su sombra”, por ese importante tiempo de su vida dedicada a los Caminos, y por la oportunidad que nos facilita de compartir con él experiencias y reflexiones de algo que hace ya mil años nos convirtió a los gallegos en punto de mira y de destino de todo Occidente, haciendo de Compostela – con Roma y Jerusalén- una de las tres ciudades santas de la Cristiandad.


Texto de la presentación del libro EL CAMINANTE Y SU SOMBRA, de Francisco Nicolás Alacid, el 29-12-2011 en el salón de sesiones del Concello de Portomarín.
Xiz, Xulio
Xiz, Xulio


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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