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El Benefactor de Cienfuegos

martes, 29 de noviembre de 2011
Nicolas Salvador Acea y de los Ríos, el Benefactor de Cienfuegos (continuación)

Retirado de los cargos públicos, por razón de su edad, Nicolás supo convertirse en una persona próxima a los pobres y necesitados, a los que entregaba mensualmente pensiones y donativos en especie a través de las instituciones de beneficencia. Su filantropía también la materializó en los colegios a los que entregó libros y recursos educativos, y en las instituciones cívicas y culturales, como el Liceo, que, gracias a su generosidad, pudo sostenerse durante la Guerra de Independencia cubana sin tener que abonar los alquileres de una de sus propiedades.

Tras la independencia, fue nombrado presidente de la Junta Patriótica por su gran experiencia en los asuntos públicos municipales. La Junta estuvo compuesta por destacados ciudadanos de Cienfuegos, que tuvieron la misión de auxiliar a cientos de heridos; prestar asistencia médica a enfermos y desnutridos; facilitar ropa y calzado a los soldados; alimentar a la brigada del ejército y asesorar al gobierno de intervención que se estableció en la ciudad.

El 14 de febrero de 1899, Nicolás Acea, como presidente de la Junta, recibió en Cienfuegos al general Máximo Gómez, jefe supremo del Ejército, y lo alojó como huésped en su casa. El general aprovechó su estancia para invitar a los cienfuegueros eminentes y acaudalados a cooperar en la organización de la nueva república, y le encomendó a Acea que tomase parte en los trabajos de organización de la república. Éste, por su parte, le ofreció su respaldo, aunque excusó su participación en el gobierno municipal alegando que ya contaba con setenta años y sus fuerzas no se lo permitían.

En los últimos años de su vida, su fortuna superaba el millón de pesos, pero su principal valor era su extraordinaria cultura, su próximidad a sus conciudadnos y el conocimiento de varios idiomas, entre los que hablaba correctamente el inglés, el francés, y el italiano. De hecho, durante muchos años había sido apoderado del Barón de Blanc, esposo de Natividad Terry, con quien sostenía una frecuente correspondencia en italiano

Su fallecimiento el 7 de enero de 1904 supuso una gran pérdida para la ciudad, que le obsequió con una sentida demostración de duelo. En su testamento, había solicitado que su entierro se celebrase sin pompa de ninguna clase. Su cadáver quedó depositado en la capilla construída por su familia en el cementerio municipal para, cinco meses más tarde, ser inhumado en el panteón de Nueva York en que descansaban su esposa y su hijo.

Su bondad no se extinguió al concluir su vida, sino que perduró a través de las donaciones que efectuó en su testamento a favor de los más necesitados. Su generoso legado no tuvo igual en la historia de la ciudad. Siete años antes de su fallecimiento, el 10 de enero de 1897, ya había reflejado en el documento de sus últimas voluntades su decisión de separar de su capital la cantidad de trescientos mil pesos de oro para la construcción y sostenimiento de dos escuelas, una para niñas y otra para niños, disponiendo que a la de éstos se le anexara un departamento de artes y oficios. Así mismo, estipuló que a la muerte de su esposa, el remanente de su capital se empleara en la instalación y sostenimiento de un hospicio para pobres.

En cumplimiento de su mandato, el 17 de septiembre de 1922 se inauguró el hospicio en el que dió albergue y asistencia a los ancianos desamparados y menesterosos, al que se le impuso su nombre. El espléndido edificio se ubicó en la parte sur de Ciencfuegos y requirió una inversión de doscientos cuarenta mil pesos de oro. Su dirección y administración se le encargó a la Congregación de las Hermanas de la Caridad.

Además, legó dos casas -que en aquellos momentos estaban situadas en la calle San Carlos, hoy Nicolás S. Acea, esquina Martí-, en cuyos solares se levantó un moderno edificio para acoger las dos escuelas separadas para niños y niñas, como había dispuesto. El proyecto de la escuela para niñas fue diseñado por Jorge Lafuente, y fue inaugurada el primero de octubre de 1929, con una capacidad de 54 plazas, y aun cuando la voluntad del donante fue que en ella se formara a las niñas hasta los 14 años, sus albaceas y sus asesores, recurriendo a las orientaciones pedagógicas del momento, señalaron los catorce años como la edad límite para su ingreso. Con el fin de cumplir el deseo expreso del Benefactor, sus representantes organizaron una escuela del hogar conforme al pensamiento de su donante, en donde se impartirían a las jóvenes “las máximas necesarias que sirvan después para ser buenas madres, que a la vez dirijan por iguales sendas a sus hijos”. Esta fue la segunda escuela de estas características que se fundó en Cuba, y la primera del interior de la república. Se la denominó Colegio de Santo Tomás, en honor a su hijo, según dejara apuntado en su testamento.

La escuela para niños fue concebida como una escuela de artes y oficios con capacidad para 40 alumnos. Se colocó en la planta baja del edificio construido para las dos escuelas Su inauguración tuvo lugar el 16 de noviembre de 1932, poniéndola bajo la advocación de San Lorenzo, en recuerdo de su hijo. Su orientación se adaptó a los planes previstos por Nicolá Salvador, que tenían por objeto ofrecer a los jóvenes de las familias pobres una enseñanza encaminada a formarlos como buenos profesionales y obreros técnicos y prácticos. En esta escuela de aplicación científica a la industria, los alumnos recibirían, en primer lugar, conocimientos de la ciencia, y, en segundo, ejercitarían su aplicación práctica. Con ello consiguirían, como pretendía Acea, una oportunidad para que “el que no sirva para una carrera científica, se dedique a un oficio o arte, según su inclinación y capacidad intelectual, para que llegue a ser útil a la sociedad y a sí mismo”.

En señal de respeto hacia su benefactor, la ciudad decidió bautizar la necrópolis, construida en los terrenos que él había donado, con el nombre su hijo Tomás Lorenzo. En su testamento, dejaba acordado que uno de los requisitos de la cesión era que una parcela de los terrenos fuese cedida para dar sepultura a las personas pobres de la villa gratuitamente, lo cual no ocurrió así exactamente, ni tampoco la opulencia del camposanto guarda relación con el propósito para el cual fue creado.

Su entrada impresiona por el clasicismo de sus elevadas columnas de mármol de Carrara, que reproducen el Partenón griego. Sus jardines fueron proyectados por Pablo Donato Carbonell y Luis Felipe Ros en 1926, adaptando los conceptos existentes en los Estados Unidos respecto a los camposantos, en los que se reúnen pinos, sauces, tamarindos y cipreses que dan forma a las parcelas de las avenidas interiores. Estas están salpicadas de unos monumentos bien seleccionados que recorren su ondulada topografía formando el conjunto más moderno del país. Fue declarado monumento nacional el 10 de octubre de 1978, y en él se hallan depositados los restos de destacadas personalidades de Cienfuegos, como la brillante actriz Luisa Martínez Casado, los veteranos de la Guerra de Independencia, y un mausoleo dedicado a los mártires caídos durante la dictadura de Fulgencio Batista (1952-1959). También existe un espacio dedicado a los caidos en combates en misiones internacionales.

El cementerio se ha convertido en un símbolo de belleza e historia, no sólo de Cienfugos sino de Cuba, y un lugar buscado por los turistas por el interés que suscita como conjunto funerario.
Suárez Sandomingo, José Manuel
Suárez Sandomingo, José Manuel


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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