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Nicolas Salvador Acea, el Benefactor de Cienfuegos

lunes, 21 de noviembre de 2011
Orteganos por el mundo

El clan Acea, empresarios y filántropos de casta

Nicolas Salvador Acea y de los Ríos, el Benefactor de Cienfuegos

A su regreso de París, Nicolás Salvador se instaló en el ingenio de Dos Hermanos, en donde, como era habitual en él, demostró sus excelentes capacidades para el trabajo y las relaciones personales. Una de las primeras personas con las que contactó fue Tomás Terry, un multimillonario, viejo amigo y protector de su padre, con el que pronto trabó una sólida amistad.

Nicolás, durante su estancia en París había madurado personalmente y su paso por la universidad le había servido para adquirir nuevas ideas sobre los progresos industriales en Europa, algo de lo que Tomás se percató en seguida. En sus entretenidas charlas, éste se fue persuadiendo de la cordialidad del trato del joven, a la vez que empezaba a ver en él una persona con agudas reflexiones y novedosos enfoques sobre la vida y el trabajo. Por su parte, a Nicolás le gustaba la mentalidad abierta del terrateniente para diseñar propuestas nuevas para sus negocios.

El 4 de noviembre de 1865, el hermano de Tomás, Juan Terry, alcalde de Cienfuegos, convocó una reunión en la Sociedad Filarmónica a la que asistieron los electores municipales con el objetivo de que designaran a los concejales entrantes. Éstos sólo podían ser elegidos entre los mayores contribuyentos del municipio quienes, a su vez, los escogían como representantes en cada gremio. Estos cargos no recibían ningún tipo de gratificación económica. Entre los nuevos concejales salieron elegidos Nicolás Acea y Tomás Terry. Los dos amigos recibieron la buena noticia con ilusión, pues ahora podrían poner en práctica desde el ayuntamiento las ideas que tantas veces habían comentado.

Sus actuaciones políticas durante el primer año como concejales convencieron a sus electores que les otorgaron su voto para los dos años siguientes. Pero sus relaciones aún se estrecharían más durante estos años, a través del parentesco que se instituyó entre ellos, pues Nicolás contrajo matrimonio con la hija de Tomás, Teresita Terry y Dorticós. La boda se celebró en 1866, y de la unión de los dos jóvenes nació en Paris el 10 de agosto de 1867 su único hijo, Tomás Lorenzo Acea y Terry.

De vuelta en Cuba, y ya instalados los tres en Dos Hermanos, Tomás Terry le regaló a su nieto uno de sus ingenios: el Esperanza. Nicolás, por su parte, siguió en su empeño por modernizar el suyo, al que había logrado sacar de la ruina a la que lo había llevado la crisis cubana.

Tomás Lorenzo heredó el carácter afable, modesto y seductor de su padre, y una cierta inclinación por la música de su madre. Cuando el muchacho era todavía muy joven, su madre cayó gravemente enferma, por lo que los médicos le recomendaron que se trasladase a Estados Unidos en busca de algún remedio que le pudiese reponer su salud. Nicolás se fue a vivir con su mujer a Norteamérica durante una temporada, pero sus esfuerzos por superar la enfermedad fueron inútiles, y la tuberculosis acabó allí mismo con la vida de Teresa. Nicolás renunció a trasladar los restos de su esposa a Cuba, pidiendo que fuese enterrada en el cementerio de Greenwood, en Brooklyn.

Acea regresó a su hogar para cuidar de su pequeño, cuya salud era, como la de su madre, bastante delicada. A estas penalidades personales se le sumó el fallecimiento de su padre, Antonio Acea, el 28 de julio de 1875, que le causó un gran quebranto pues siempre había disfrutado de su cariño y aprecio. Y a todo ello se le añadiron las calamidades de la Guerra de los Diez Años, en la que no llegó a participar, pues, como partidario del reformismo, pensaba que no había llegado aún el momento de que Cuba se transformase en una república independiente, propugnando la creación de un régimen de gobierno similar al que imperaba en Canadá respecto a Inglaterra.

Al terminar la guerra, los cubanos consiguieron ciertas libertades políticas y de prensa, lo que les permitió la creación de dos grandes agrupaciones políticas: el Partido Liberal, que más tarde pasaría a llamarse Partido Liberal Autonomista, y el Partido Unión Constitucional, de matiz conservador, del que Nicolás sería su fundador y uno de sus representantes en su primera junta de gobierno en Cienfuegos.

La reforma del régimen municipal dio lugar a que el 7 de diciembre de 1878 Nicolás fuese elegido para formar parte de la terna de la que debería salir el representante de su grupo. En la elección definitiva, él fue el candidato más votado, designándosele para ocupar el puesto de segundo teniente de alcalde. Posteriormente, tras las elecciones de 1 de julio de 1881, fue confirmado en el mismo puesto, pero en esta ocasión dentro de una representación unitaria de su propio partido.

En su hogar, su hijo le fue tomando cariño a la nueva mujer que se encargaba de su cuidado y educación, Francisca Tostes y García. Esta buena sintonía con Panchita, como todos la llamaban, fue vista con agrado por su padre, que inició una relación sentimental con ella, y, en 1881, la formalizó con un nuevo matrimonio. Tres años después, Tomás Lorenzo cayó gravemente enfermo y los médicos volvieron a aconsejar a su padre que se trasladase con él a un lugar con un aire más puro para que restableciese allí sus débiles y fatigados pulmones. La opción deNicolás fue mudarse a las montañas de California, en Estados Unidos. A pesar de todo, la enfermedad de su hijo continuó su curso hasta acabar minando su ya frágil organismo, falleciendo el 25 de agosto de 1884 a la edad de 17 años. Sus restos mortales fueron traladados a Nueva York para ser sepultados en Brooklyn junto a su madre.

El impacto de la muerte de Tomás Lorenzo supuso una gran agonía para Nicolás, quien, además de un gran afecto, tenía puesto en él la esperanza de que le tomase el relevo en la empresa. A causa de esta traumática situación, Nicolás decidió liquidar todos sus negocios en Cuba y establecerse definitivamente en Nueva York, junto a sus familiares fallecidos, pero Panchita lo disuadió de su idea, devolviéndole su confianza en la vida, a la vez que lo reintegraba a todas sus actividades públicas y empresariales. Nicolás, por su parte, renunció al ingenio que su suegro le había regalado a su hijo, ya que consideraba que Esperanza era una donación que no le pertenecía.

En las elecciones de 1885, Nicolás volvió a representar al Partido Unión Constitucional, por el que fue reelegido concejal, y dos años más tarde, al renovarse el consistorio se le designará segundo teniente de alcalde. Esta fue la última vez que formó parte del ayuntamiento cienfueguero.

En 1894, Nicolás contribuyó a la causa de la insurrección cubana contra España con una gran aportación de dinero que hizo llegar a la Junta Revolucionaria de Nueva York por medio del padre de la revolución, José Martí, que entonces ejercía de delegado del Partido Revolucionario Cubano.

La grandeza de espíritu y el altruismo de Nicolás quedaron patentes a lo largo de toda su vida en muchas manifestaciones humanitarias. Así, por ejemplo, durante 1894 hizo entrega de muchas e importantes cantidades de dinero al Club Patriótico Gómez Toro de Cienfuegos. Y al año siguiente, concretamente el 8 de noviembre de 1895, tras una desafortunada concentración de muchas familias campesinas en las ciudades que se había llevado a cabo por el general del ejército español, Valeriano Weyler, donó la cantidad de cien pesos semanales para aliviar la situación de hambre y miseria de los refugiados alojados en unos antiguos almacenes, además de suministrarles ropas, camas y alimentos. Fue entonces cuando se hizo todavía más patente su ya reconocida honestidad y los conciudadanos empezaron a denominarlo el Benefactor de Cienfuegos.

En otra ocasión, durante el bloqueo de los puertos cubanos por los buques de la armada norteamericana, que se prolongó varios meses, Nicolás suministró a sus expensas las provisiones para cubrir las necesidades de la comunidad cienfueguera.
Suárez Sandomingo, José Manuel
Suárez Sandomingo, José Manuel


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