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Las Amistades Peligrosas

viernes, 07 de octubre de 2011
Aunque todos relacionamos el título con la película, Las Amistades Peligrosas es, como suele pasar, un libro del siglo XVIII. En esta novela epistolar se relatan las aventuras sexuales de la Marquesa de Merteuil y el Vizconde de Valmong, con la diferencia de que mientras el segundo podía presumir públicamente, la buena de la Marquesa tenía que ocultarlas a la sociedad porque, en esto hemos cambiado poco, no es lo mismo ser un zorro que una zorra.

Con el tema de Jorge Dorribo pasa lo mismo. Mientras el inculpado propietario de NUPEL presumía allá a donde iba de sus grandes contactos, amistades y poderes, los políticos de turno esconden ahora su relación con el presunto chorizo, no vaya a ser que les vengan los juzgados a dar la matraca. Como hicieron nuestros próceres con Gadafi, que pasó de ser un colega y amigo a un apestado. Las fotos son una cosa malísima a veces porque perduran más allá de conveniencias.

Lugo, como pasa en todas las pequeñas urbes, estaba esperando con cuchillo y tenedor a la caída de Dorribo, y si ya de paso se lleva consigo a alguno más, pues más divertido aún. Todos conocemos sus excesos, sus coches de lujo, avión privado, su reparto de dinero como si fueran caramelos… y durante años esta ciudad lo veía con poca disimulada envidia y nuestros políticos en general, salvo honrosas excepciones, entraron a la trampa de la luz y la polilla.

Ahora resulta que todo el mundo sabía que su dinero era sucio. Pues miren, yo no. De hecho conocía su nombre de rebote y no le ponía cara (aunque esto me pasa muy a menudo incluso con gente a la que conozco en persona). Lo que sabía es que el señor era un prepotente y un chulo, pero eso no es delito a día de hoy.

También, y eso hay que reconocérselo, el señor Dorribo repartió sus cuartos con toda la ciudad patrocinando el Arde Lucus (recuerdan los colgantes con el logo de Nupel que ahora es familiar a todos) así como equipos deportivos y automovilísticos. ¿Acaso por haber recibido su dinero toda esta gente está conchabada? Por haberme vestido de senador en un Arde Lucus que él patrocinó ¿tengo que ir a declarar ante el juez?

Hay que separar que el tipo nos caiga mal, por prepotente y paleto en el uso de sus cuartos, o los de todos según parece, de que su rápido enriquecimiento sea sospechoso. De aquella todos creíamos que los laboratorios eran minas de oro, y que sí existían los duros a cuatro pesetas. Históricamente esto pasó en muchas ocasiones: Apple, Inditex, Microsoft, Ford, Audi… empresas que tenían algunos años pero que despegaron de golpe contra todo pronóstico y están fuera de sospecha.

Lugo se rindió, al menos en lo que a muchos de sus representantes se refiere, a Dorribo. Cacharro, Orozco, Fernando Blanco, Besteiro y demás, insisto que con honrosas excepciones, se hicieron fotos con el presunto chorizo y le facilitaron contactos y amistades. Es lógico que se haga eso con grandes empresarios, porque así funciona el cotarro: si una empresa de Lugo es fuerte, intento potenciarla para traer riqueza y empleo a la ciudad.

De argumentos simplones está el mundo lleno, y no me digan que por haber estado con Dorribo tomando una copa uno ya es culpable. Ni siquiera por haberlo llevado en coche desde una gasolinera de Guitiriz, aunque esto reconozco que suena un poco peor.

Ahora todos sabíamos, pero nadie denunció. Todo Lugo conocía que no era trigo limpio, pero no se puso en marcha nadie. Todos hablan pero no hablaron en su momento. Desde la barrera todos somos Manolete.

www.desdelugo.com
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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