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José Rego López, fundador del Partido Comunista Cubano

jueves, 06 de octubre de 2011
Orteganos en el mundo

José Rego, cuyo verdadero nombre fue Juan Vicente Rego López, nació en San Sebastián de Devesos el 8 de febrero de 1887. Sus padres, Juan Antonio y Juana, lo llevaron para Cuba cuando sólo tenía trece años, y Cuba se encontraba iniciándose como república independiente.
Al poco tiempo de su llegada, se matriculó en la escuela Concepción Arenal del Centro Gallego de La Habana donde consiguió un cierto nivel de instrucción. Pero como era habitual entre los emigrantes, pronto se tuvo que poner a trabajar, pues en casa todos los ingresos eran muy necesarios. Entre sus primeros trabajos estuvo el de dependiente en una panadería, al que le seguió el de planchador. Con tan sólo 17 años se afilió al Gremio de Obreros de Lavado y Planchado, en donde primero fue delegado de barrio, y después, su secretario financiero, para finalizar como su secretario general. Una de las medidas que se llevaron a cabo durante su gestión fue la transformación del gremio en un sindicato de clase.
Las condiciones laborales eran muy duras en la mayoría de los empleos de la época. Los obreros luchaban por rebajar la explotación que sufrían proponiendo, entre otras actuaciones, la reducción de una jornada que muchas veces superaba las doce horas. Durante los gobiernos de Menocal y Zayas participó activamente en las grandes huelgas que conmovieron al país. En 1912, José se puso al frente de la organización de una huelga en la que se iba a reclamar era la mejora de algunas de las condiciones a las que se veían sometidos los trabajadores. La situación de inseguridad general que se produjo fue tan insostenible que los patronos tuvieron que plegarse a reconocer algunas de las condiciones exigidas por los manifestantes.
En 1921, fundó, junto al pintor José Peña Vilaboa y al tipógrafo Alfredo López, la Federación Obrera de La Habana., y dos años más tarde, el 18 de marzo de 1923, en el día del aniversario de la Comuna de París, crearon la Agrupación Comunista de la capital, influidos por las ideas de la Revolución rusa y los principios leninistas, que posteriormente irán cimentando las orientaciones del movimiento obrero cubano.
En 1923, Rego fue detenido por primera vez en el curso de una asamblea en la que se encontraba participando como dirigente de su organización en el Centro Obrero de La Habana. En la Agrupación Comunista ocupó varios puestos de responsabilidad como el de secretario contador entre 1923 y 1924, y el tesorero, en 1925. Desde ella, en ese último año, dio el paso para fundar el Partido Comunista de Cuba con la participación Pedro Peña, José Miguel Pérez y el histórico dirigente Carlos Baliño, quien ya había sido formado siendo un estrecho colaborador de José Martí en el Partido Revolucionario Cubano. En el primer congreso del Partido Comunista Cubano fue elegido miembro suplente del Comité Central y miembro de la Comisión Secretaria Fiscalizadora.
Una de las tareas que le adjudicaron en el nuevo partido fue la atención al trabajo sindical. En aquellos momentos la emigración gallega era una de las más numerosas. Los emigrantes ocupan puestos de empleados de comercio, marineros, obreros de la construcción, trabajadores del campo, etc., y Rego López se convertía en su conexión con las respuestas a sus demandas. No obstante, no era el único emigrante gallego con el que se asesoraban, a su lado se encontraban otros dirigentes y afiliados como Enrique Lister, Modesto López, Manuel Porto Dapena, Felisindo Paz, Benigno Milia, Fernández Valle, Maria Araujo “la guerrillera”, Anxo Carcaño, y otros más.
Durante la dictadura de Machado (1922-1933), se destacó como un incansable líder del movimiento sindical en defensa de los intereses del Frente Único Obrero y en contra de los patronos y del gobierno, así como de los elementos reformistas y anarquistas, a los que acusaba de adulterar el proceso revolucionario obrero. La represión instaurada por el Gobierno a través de la suspensión de las garantías constitucionales, el decreto de estado de sitio, el asesinato de militantes leales y representantes de los trabajadores, en la más completa impunidad fue volviendo la situación cada vez más insostenible e insufríble.
En 1930 fue nuevamente detenido junto a otros compañeros dentro de la política de persecución y terror que la dictadura machadista desató tras asentarse en el poder (1925-1933) contra los líderes sindicalistas, y, principalmente, contra los extranjeros, pero gracias a la movilización de varias agrupaciones de trabajadores, como el Partido Revolucionario, la Defensa Obrera Internacional (una organicación colateral del Partido Comunista que se ocupa de la liberación de sus presos) y el Comité Conjunto de Colectividades, el Gobierno se vio obligado a liberarlos.
Después de haber permanecido cinco meses de prisión, fue expulsado del país, en 1931, tras asistir a su juicio, lo que le obliga a regresar a Ortigueira. Su exilio va a durar dos años, que él aprovechó para emprender contactos con gentes del Partido Comunista Español en la Comarca; a organizar a los marineros de Espasante, y difundir el periódico del Partido.
Con el derrocamiento de Machado, volvió a Cuba, incorporándose nuevamente al movimiento sindical. Los primeros años de la dictadura de Fulgencio Batista (1933-1958) van a ser ciertamente muy convulsos a nivel laboral, lo que va a derivar en diversas manifestaciones de protesta como la huelga de octubre de 1934 o la de marzo de 1935. En ellas, José va a ser uno de sus líderes más destacados.
Posiblemente, por su relación con el también ortegano Pancho Pego, éste le diese trabajo como dependiente en Partagás, la empresa en la que era socio con Cifuentes, y donde José permanecería el resto de su vida. Allí fue dirigente de la sección sindical y del comité del Partido, al tiempo que desplegó una gran actividad en el comité del Partido del barrio de Arsenal, en la constitución del Ceiba, y como colaborador del comité provincial
A la masacre protagonizada por los cuerpos policiales y el ejército contra los estudiantes y obreros revolucionários en los primeros años de la década de los 30 en las calles de La Habana y en otras ciudades del país le seguirá la entrega de Cuba a los Estados Unidos por parte del propio gobierno cubano, lo que agravó aún más la situación de hambre e incertidumbre que sufría el pueblo desde la instauración de la dictadura de Fulgencio Batista. Sus métodos de terror, en los que imperaban los registros domiciliarios indiscriminados, la persecución incesante de obreros, el asalto y la destrucción del mobiliario y clausura de centros sindicales, el encarcelamiento en prisiones militares de civiles o envenenamietno con arsénico de presos, fueron cada vez más crueles. Durante esta etapa., Xose Rego fue nombrado miembro del comité del Partido Socialista Popular, en donde realizó una improba labor.
Tras la declaración de la Guerra Civil española, participó activamente con los republicanos españoles, acompañando a Castelao a su llegada a Cuba y asistiendo a algunos de los actos antifranquistas en los que participó el político galleguista.
Con el triunfo de la Revolución cubana, ya con una edad bastante avanzada y enfermo, asumió la administración de la fábrica de tabacos de la Sociedad de Amistad Cubano-Española (SACE), que se había constituido el 16 de diciembre de 1961, tras la reunión mantenida en el intervenido Centro Gallego. Esta iniciativa comunista buscaba la unificación de la colonia española que se encontraba dividida por razones políticas y regionales. Los españoles se opusieron pasivamente a esta decisión por cuanto suponía la liquidación de la colectividad española como conjunto independiente dentro de Cuba, pero el Gobierno fue controlándola progresivamente.
El 15 de agosto de 1976, José Rego falleció en La Habana, a los 92 años de edad, tras 51 de militancia en las filas Partido Comunista de Cuba. Sus restos fueron depositados al día siguiente en el panteón de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de la capital, ante una comitiva oficial presidida por Raúl Castro en la que se encontraban dirigentes políticos y sindicales, además de amigos.
En Cuba, su recuerdo evoca a un gran político, que ha dedicado su vida a difundir las nuevas ideas laborales a través de la prensa y del debate. También se le reconoce su labor poética y el haber sido integrante de la masonería cubana.
Suárez Sandomingo, José Manuel
Suárez Sandomingo, José Manuel


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