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Fonfría do Camiño y su iglesia parroquial (I)

lunes, 03 de octubre de 2011
Fonfría do Camiño y su iglesia parroquial (I)

El nombre
Indudablemente el nombre obedece a emplazamiento de fuentes de agua fría, que hacen referencia, respectivamente, al topónimo de Fonte Fría, de fonte frigida, que señala manantiales situados preferente en las zonas altas, es te caso las aguas que proceden de la Sierra do Rañadoiro e Riva das Airas, Pena de Pando, parte alta da Chouliña. En el tumbo de Samos, (siglo XII), una copia de un documento del año 969 le llaman Fontem Frigidam. El peregrino alemán Von Harff habla de un poblado en este sector del recorrido a Santiago de Compostela, al que nombra Munfrea; designación que los comentaristas asimilan al actual pueblo de Fonfría. En las documentaciones de los siglos XVII al XIX, mayormente nombran el lugar con el nombre de Fuenfría.

Algo de Historia
Por el momento no he podido recabar datos; tanto arqueológicos y documentales, que nos puedan dar pistas hacía una fecha más o menos concreta del asentamiento de habitantes en dicho lugar; todo parece indicar que puede ser una aldea más bien tardía en comparación con otras “villaes”, quizás fundada durante la Alta Edad Media, una de las primeras referencias aparece en una escritura otorgada el doce de noviembre del año 969, cuando Vilifonso dona al monasterio de Samos la iglesia de San Estebán en territorio de Triacastela, en el que se dice: “...per suos lem que discurrit ad stratam ad Fontem Frigidam, per ubi sunt suos terminos et locos antiquos...”. La siguiente referencia figura en el mismo libro becerro de Samos, cuya copia de un documento del treinta de abril del año 989, cita ésta población: “...pumare maiore de arrogio in arrogio integro et pumares super illam Fontem, que leva sse de illa cisterna et figit se in illa fonte integro...”. La siguiente cita documental, se localiza ciento sesenta y nueve años después en el mismo tumbo, es decir el dieciocho de octubre de 1158, cuando el rey de León Fernando II, otorgó en Villafranca una escritura a favor de su vasallo Pedro Barragán, dándole el monte de Louzarela. Al delimitar dicho monte, entre otros puntos cita: “...Ego Fernandus, Dei gratia rex Legionensis, cauto uobis Pedro Barragam uasallo meo illum montem Lauzarela. Dono siquidem uobis et uxori uestre Maior Eriz illum montem cum diuisionibus suis per terminos de Furco et per terminos de Serra dereicho Fonte Frigido et ex alia parte per terminos de Brania e inde per terminos de riuo Malele. Habete itaque uso illum montem bene cautatum et uxor uestra et progenies uestra cui mandaueritis; sitque uobis potestas uendendi uel faciendi de ea quicquid uolueritis. Si quis igitur huius mei cauti uiolator contra hanc meam cartam uenire temptauerit, iram Dei et meam incurrat, et insuper uobis uel uoci uestre sex mille solidos componat...”.
Hace algunos años al realizarse en el atrio cementerio los trabajos de desescombro para hacer los nichos bajo tierra, a una profundidad de unos tres metros, fueron halladas algunas tumbas, sus “cajas” estaban realizadas con losas, algo propio de los enterramientos del medioevo. También los cimientos del templo parroquial dejan entrever algunos elementos románicos e incluso la situación del mismo, en el centro del pueblo, sobre un montículo, semejante al que tiene tanto el atrio y la iglesia parroquial de la Puebla de Burón, Fonsagrada; de alguna manera cabe la interpretación de que están situadas sobre un posible yacimiento pagano, tardíamente cristianizado. De todas formas, lo que sí es un hecho, es que el Camino de Santiago ayudó a fijar éste núcleo de población en plena Sierra do Rañadoiro. El echo de que la división parroquial bajará hasta la Antigua o Camino de los Romanos, nos indica que su pleno asentamiento y fijación de los deslindes, que ya datan propiamente de la Edad Media, con bastante seguridad de la Alta Edad Media, que es cuando se delimitan las tierras de la mayor parte de las antiguas feligresías, ello, principalmente por razones de los cobros de foros, diezmos, primicias y también para delimitar el espacio administrativo de cada jurisdicción; a semejanza de los actuales limites municipales. Con anterioridad e esto, no resulta fácil poder afirmar su existencia y es más, la iglesia parroquial fue construida en Fonfría y no el Louzarela, donde hasta bien entrado el siglo XIX, solamente había una capilla, en la que muchas veces se bautizaban y casaban a feligreses del lugar, pero nunca se hacían funerales, éstos se hacían en la parroquial y dentro de la misma se enterraban los cadáveres, como ocurría y era común en otros templos. Por buena lógica sería más fácil pensar que la iglesia debía de estar en Louzarela y no en Fonfría, pero el Camino de Santiago que también era aquí el Camino Real de Castilla a Galicia, favorece que dicho templo este en el lugar; además posteriormente fue construido el Mesón Real, frente a la iglesia, colindante con la casa de “Aira da Pozaca”, hoy casa da Cadea; no sería nada extraño que fuese levantado por orden de algún rey antecesor de los Reyes Católicos o como muy tarde a instancia de éstos monarcas, tan protectores del Camino de Santiago y del mismo hospital de Cebreiro. Otra obra pía, realizada en la primera mitad del siglo XVI es el Hospital de Santa Catalina, que el reverendo don Elías Valiña Sampedro atribuye al caritativo don Nuño de Balboa, quién además de hacer el edificio lo dotó de tierras y rentas. Con anterioridad al descubrimiento de la tumba del apóstol Santiago, en el año 813, la vía principal de acceso por éstas tierras no era por O Poyo, Fonfría, Biduedo, era por la Antigua, que en el mismo libro segundo de fábrica de ésta feligresía, se nombra Antigua o Camino de los Romanos y en su trayecto desde Padornelo al pueblo de As Cruces, cuyo topónimo indica cruce de caminos, hay restos arqueológicos anteriores a la misma vía, ejemplo el dolmen situado en la finca llamada “O Penedo” colindante con la casa de Chancia, o la finca “A Modorra”, en el mismo trayecto y colindante ésta con el camino y el “Prado de Val de Pradela”, ambas propiedades de la misma casa. La disposición de las casas a un lado y al otro del camino, de alguna forma corroboran que primero fue la vía y luego van surgiendo las edificaciones, tal y como ocurre en los cercanos pueblos de Hospital da Condesa y plenamente esto definido en As Pasantes y Ramil, Triacastela. Si es que las hubo, no han llegado hasta nosotros, ni hallé ningún dato documental de que hubiera construcciones circulares en el pueblo a modo de pallozas, que nos pudieran indicar una gran antigüedad, como ocurre en O Cebreiro. Otra cosa distinta es que hasta bien entrado el siglo XIX algunas viviendas estaban total o parcialmente cubiertas de paja, algo muy común en toda la serranía cebreirense.
Fonfría ha tenido grandes extensiones de monte, lo que ahora llamamos monte en mancomún, aunque no tan común, dado que tenía un dueño que era el monasterio de San Julián y Santa Basilisa de Samos, a cuyo abad y comunidad correspondía administrar éstos forales. Con la desamortización, llevada a cabo en 1807 de hospitales de peregrinos y obras pías, y la más cruenta de Mendizabal 1835, ello, sumado a la creación de los ayuntamientos los vecinos de Fonfría en buena medida vendieron a los dueños de la casa de Chancia los derechos que les pertenecían en dicho monte, que abarcaba desde la fuente del Gato a la fuente de la Vaca y camino de la Antigua. Aquellos que no lo han hecho, con el paso del tiempo perdieron sus derechos y las tierras fueron quedando para los vecinos de la casa citada; los de Forcas, Cubilledo y Pando. Es decir la división municipal de 1835, de alguna forma también delimitó las propiedades de unos vecinos y de los otros. El monte de Panisco y A Reboleira, también fue objeto de disputa entre los moradores de Fonfría y Louzarela, (del que hago mención más adelante), pero en éste caso no perdieron su titularidad, ni había de por medio deslindes municipales.
En los expedientes de Frutos Civiles, que obran en el Archivo Histórico Provincial de Lugo, correspondientes 1826, en la relación jurada que dio Manuel Macía, vecino del lugar, declaraba que él pagaba a don Juan López, vecino de As Pasantes, casa de López; la cantidad de tres ferrados de centeno, ello en concepto de posesión y por foro ciento cinco reales de vellón y dos libras de manteca; al señor Rey, vecino de Espariz, veinte reales. Pedro López, vecino del mismo pueblo pagaba a don José Díaz, vecino de Cancelada, veintidós reales; a don Bernardino Belón, vecino de Guilfrey, veintisiete reales. José de la Iglesia, de la misma vecindad pagaba a don Juan López, de As Pasantes, cuatro ferrados de centeno y treinta y ocho reales y a la Encomienda de Portomarín, otros cuatro ferrados de centeno. José de Castro, pagaba a don Juan López, de As Pasantes, un ferrado de centeno; a don José Díaz, vecino de Cancelada, quince reales de vellón. Pedro Pérez, de Fonfría, pagaba por foro a don Juan López, de As Pasantes, ferrado y medio de centeno y libra y media de manteca. Pedro de Aira, de Fonfría, pagaba a don José Rey, vecino de Espariz, noventa y nueve reales de vellón; a los dueños del castillo de Torés, que eran los Bolaño Ribadeneira, ciento treinta y dos reales; a don Juan López, vecino de As Pasantes, un ferrado de centeno. Manuel Torre, pagaba por foro a don Juan López, de As Pasantes, un ferrado de centeno y veintisiete reales; a los señores de Torés, once reales. Ramón Armesto, vecino de Fonfría, pagaba por foro a don Juan López, vecinos de As Pasantes, cinco ferrados de centeno.
En las relaciones correspondientes a los años 1833 a 1835, ambos inclusive; los vecinos del lugar pagaban las siguientes rentas: Francisco López pagó a Juan López, (de la Casa de López de As Pasantes, Triacastela), dos ferrados de centeno cada año; Blas de Aira, abonaba cada año a Juan Pérez, cuatro ferrados de centeno; Ramón Armesto, pagaba anualmente a Juan López, dieciséis ferrados de centeno; Manuel Macía paga al Juan López, anualmente cuatro ferrados de centeno; Pedro López, tenía que pagar cada año al Juan López, otros cuatro ferrados de centeno. A la capellanía de San José de Torés, fundada por los señores de Torés y marqueses de Parga, dueños que fueron la jurisdicción de Torés, en la que se incluía Fonfría, pagaba José Núñez cuatro ferrados de centeno, Manuel Macía la misma cantidad; José de Castro, quince reales de vellón y un ferrado de centeno. Al cura párroco de Torés, pagaba anualmente Juan Núñez, un ferrado de centeno; Manuel Macía, otro ferrado; Pedro de Aira, la misma cantidad; Manuel Cela, pagaba dieciséis ferrados de centeno. A su vez en 1833, figura una relación que dio José López Iglesia, mayordomo pedáneo, en unión con Manuel Torre, Pedro de Aira y Juan de Aira, que era la siguiente: al marqués de Camarasa pagaba, Pedro de Aira, diez ferrados de centeno; Juan Núñez, diez ferrados; Juan Núñez, al monasterio de Samos, dos ferrados de centeno; Juan de Aira, tres ferrados al mismo cenobio. La tabla de cobros del año 1836, correspondiente a Fonfría, figuran los siguientes pagadores: Pedro López, cuatro ferrados de centeno; José Iglesia, cuatro ferrados de centeno; Pedro Pérez, un ferrado y cuarto de centeno; además de treinta y ocho reales con tres maravedis; José de Castro, un ferrado de centeno; otro Pedro Pérez, un ferrado y cuarto de centeno y trece reales; Pedro de la Torre, un ferrado de centeno y veintisiete reales; Manuel Macía, tres ferrados de centeno y ciento cinco reales; Domingo Armesto, ocho ferrados y cuarto de centeno; José de la Fuente, seis ferrados de centeno; Manuel de Aira, cuatro ferrados de centeno.
En las relaciones de Rentas Civiles de los años 1836 a 1843, ambos inclusive, figuran las siguientes rentas: Juan Núñez, pagó cada año cincuenta y cinco reales de vellón; Pedro López, veintisiete reales; José de Castro, treinta y siete reales; Manuel Macía, veinte reales. Por foros pagó Manuel Macía tres ferrados de centeno y dos libras de manteca y ciento cinco reales; Manuel de Aira, cuatro ferrados de centeno; José de Castro, un ferrado de centeno; Pedro Pérez, ferrados y medio de centeno y libra y media de manteca; Pedro de Aira, un ferrado de centeno; Manuel de Torre, un ferrado de centeno; Ramón Armesto, cinco ferrados de centeno. En los mismos periodos, figura una relación dada por José de la Iglesia, mayordomo pedáneo, en unión de Domingo Arias, Pedro Núñez y Domingo de Castro, que es la siguiente para los vecinos de Fonfría: Juan Núñez, pagaba a don Ramón Cepeda, cuarenta y cuatro reales; José de Castro, pagaba a don Juan López de Noboa, setenta y siete reales; Ramón Armesto, a don Juan López de Nobua, un ferrado de centeno; Manuel Torre; nueve ferrados; Pedro López, un ferrado; Manuel Cela, pagaba al cura de Torés dieciséis ferrados de centeno; Juan Núñez, pagaba a don Pedro Bermúdez, cuatro ferrados de centeno; Manuel de Torre, pagaba al marqués de Camarasa, noventa reales de vellón; Pedro de Aira, al mismo marqués, ciento treinta y dos reales; Juan Núñez, pagaba al monasterio de Samos, diez ferrados de centeno; Juan Núñez cotizaba a Samos, un ferrado; Juan Núñez, abonaba al señorito Laureiro, dos ferrados de centeno, el anterior también pagaba a la capellanía de San José de Torés cuatro ferrados de centeno.

La pérdida de población
Primero con la emigración a Latinoamérica y más tarde con la expansión industrial de la zona minera de Ponferrada y las regiones de Vascongadas y Cataluña, el lugar perdió nada menos que cinco familias, correspondientes a otras tantas casas. Eran aquellos moradores los de menos recursos, entendiéndose por recursos para generar cierto poder adquisitivo, las tierras y en mucha menor medida la vivienda. De seguir la imparable sangría de la constante despoblación que sufre el campo, y principalmente la montaña lucense; me parece que no soplan demasiados buenos vientos al lugar, y es de suponer que en buena medida quienes se resistan a marcharse y decidan vivir en la tierra de sus ancestros, poco a poco irán abandonando las pequeñas explotaciones ganaderas para dedicarse al constante goteo de remeros a Santiago y al turismo rural, o de fin de semana. Algo que esta ocurriendo en la mayor parte de los pueblos por donde pasa el Camino de Santiago. De una manera u otra los ganados parcialmente serán sustituidos por hospedarías, mesones o puntos de venta de los productos típicos de la zona; buen ejemplo de ello ya es alguna quesería de la zona.

La iglesia parroquial, antes de la actual hubo un sencillo templo perteneciente al románico tardío, en él mismo, su retablo mayor, que no es el actual, tenía un escudo con las armas de los señores jurisdiccionales que eran los Bolaño Ribadeneira, de la fortaleza de Torés y sus estados. La actual está dedicada a San Juan, es sencilla, de buenas proporciones. En 1962 sufrió una profunda restauración, hoy quizás poco acertada. El campanario, con torre de espadaña, estaba en el frente norte; ahora pasó a ocupar el frente sur, sobre la fachada principal, que se rehizo de nuevo. Las piedras de la puerta de acceso se conservaron las mismas. La puerta lateral estaba protegida por un alpendre, que se retiró en la restauración por razones de estética del edificio. En su interior había tres retablos, conservándose actualmente el mayor, siendo retirados los otros dos, así como las tallas, que fueron adquiridas por un anticuario de Sarria.
Los muros del templo parroquial, de piedra pizarra y cuarzo, descubiertos. Puerta en arco, sin impostas. Espadaña de dos vanos; nave cubierta de pizarra con buena armazón de madera, dos vigas tirantes. Presbiterio, arco triunfal de medio punto, bóveda de cañón, un ventanal en cada lateral. Sacristía en el lateral sur, con bóveda de cañón. Un mueble-cómada bueno, de cajonería.
Retablo mayor es único sencillo, mutilado. Talla de San Juan que mide 85 centímetros, titular; Virgen María con Niño en la mano izquierda, imagen barroca, buena escultura; San José, de 81 centímetros. Es de señalar que hasta la fecha de 1962 se conservaba en el templo el retablo que había pertenecido a la capilla del Hospital de Santa Catalina, que fue desmontado y destruido, mientras que las tallas posteriormente han sido vendidas.

Obras realizadas en la iglesia (1663-1850).
Durante la visita pastoral realizada en 1663 al templo de Fonfría, el visitador hace referencia al libro viejo de fábrica, que se había terminado en 1660, también el entonces cura párroco don Andrés López Labrada aporta algunos datos del libro, obra que actualmente ya no se conserva y que sin lugar a dudas sería de gran interés para conocer las rentas que anualmente pagaban los vecinos en concepto de diezmo, primicia, luctuosa, voto de Santiago; además de recoger las obras que se fueron realizando e incluso los autos o avisos que se hubiesen podido dar por parte del obispo, vicario diocesano, o por el mismo arcipreste. Durante ése mismo año, fue adquirida una campana y una cadena de hierro para la misma. En las actas de 1667, están recogidas las rentas que pagaban los vecinos de Fonfría y Louzarela a la iglesia y al cura, que eran trece fanegas de centeno y éste mismo año, dio comienzo un pleito entre el cura de Fonfría y la Orden Tercera de Melide por la administración de las rentas del Hospital de Santa Catalina, pleito que más adelante damos a conocer. En veintisiete de mayo de 1668, se llevó a cabo la visita pastoral a Fonfría, en la que entre otras cosas se ordena que teniendo en cuenta lo dispuesto en los sinodales de la diócesis y debido a que en la parroquia no había casa rectoral y habiendo el cura convocado a los feligreses para que le dieran sitio y le hicieran la rectoral, éstos no le dieron sitio ni se la quisieron hacer, el visitador “mandava y mandó se notifique a dichos feligreses que dentro de diez dias despues del auto le señalen sitio y plaça comoda en donde se pueda hacer dicha casa, no siendo en Camino Francés, ni parte rromota en que resida dicho cura y cumplan y asimismo le ayuden a fabricarla en conformidad de dicha dignidad en virtud de esta obediencia y so pena de excomunión mayor y con apercivimiento de consecuencias se procederá contra ellos a la agrabaçion de mas çensuras”. Referente al hospital de Santa Catalina se anotó: “y a si mismo abiendose visitado el ospital de Sta. Catalina de Fonfría y se alló con poco rreparo y las camas de los enfermos deshechas con poca linpieza; y sobre dicho hospital se ubo litigio y se tubo setençía contra el convento de Mellid que se diçe administrador de dicho hospital que esta por executar la sentencia se notifique al dicho Ldo Labrada (el cura de Fonfría) bajo pena de diez ducados a pagar por vistador y de execución mayor y con apercibimiento como tal cura haga cumplir dicha sentencia y se tenga el ospital en buen rreparo y sus camas limpias y echas para los pobres que accidentalmente vinieron a el y principalmente una cama para sacerdotes con perserbacion a las demas; y que recuente la ropa y utiles del hospital y camas y se ponga todo en buena disposición y mantenimiento de él en conformidad de las constituciones vigentes”. En la visita correspondiente a 1670, el visitador ordena hacer una revisión de las cuentas concernientes a las rentas del templo parroquial; además que se ponga una tapa a la pila bautismal y se hace referencia a la cofradía del Rosario. Durante el año 1772, fueron realizadas varias obras, de menor importancia, entre las mismas el arreglo del campanario, que realizó el maestro de cantería Gil López, vecino de As Nogais, ello, tuvo un coste de 1.650 reales de vellón. Durante el año 1676 ha sido pintado el retablo mayor, cuyo importe ascendió a 200 reales. A su vez el arcediano de Triacastela manda redactar una diligencia contra el pintor, porque éste pedía más dinero para poder rematar el trabajo, que fue terminado en 1679, con un coste final de 1.130 reales. Éste mismo año el visitador ordena al párroco de Fonfría que contacte con artesanos que puedan dorar los retablos laterales.
Mediante un auto redactado en 1684, le fue ordenado al cura de Fonfría que hiciese cumplir los días festivos a los vecinos, dado que según parece éstos no los respetaban y trabajaban en las labores agrícolas, siendo multados los que no lo hiciesen. A lo largo de 1689, fueron realizados pequeños arreglos en el templo parroquial y en 1688 fue comprado un libro para asentar en él las actas sacramentales de bautismo. Por otro auto del año 1690, podemos saber que fue ordenado comprar lo más necesario para la cofradía del Santísimo Sacramento; ya durante el año 1693 han sido realizados pequeños arreglos en la cubierta de la iglesia, corregir los desperfectos que habían provocado las nieves y los vientos durante el invierno. En el verano de 1696, fue colocada una puerta con su cerradura, y se hicieron nuevas escaleras para acceder al campanario. Por la visita girada a Fonfría en 1702, podemos deducir que había peste en la población, pues entre otras cosas es ordenado que sé de cal a la parte del altar mayor; a su vez que sea comprado un lienzo pintado al óleo para el mismo retablo. En 1707 era cura de Fonfría don Marcos Alonso y ese mismo año fue reedificada la fachada de la iglesia con su parte de arco y se abrió otra puerta en arco, siendo a su vez tapiada la puerta en arco de medio punto que daba acceso al campanario, ascendiendo el importe de las obras a 140 reales de vellón. En 1709 el arcediano de Triacastela, en su visita al templo de Fonfría, entre otras cosas ordena que fuese comprado para él mismo un viril de plata, que debía de estar dorado por la parte interior; siendo su coste de veinte reales. A lo largo de 1717, se hicieron importantes obras en la iglesia, entre ellas, reedificar la capilla mayor; siendo recortada la sacristía y dándose cal a todo el interior del templo. En un auto de 1736 se hacen amplias referencias a las rentas del templo, que eran diecisiete fanegas de centeno, con las que contribuían los treinta y seis vecinos de Fonfría y Louzarela; pagando una media de dos ferrados por casa o familia. Otra visita del año 1741, recoge una acta firmada por el notario eclesiástico, en la que se obliga a los vecinos a realizar arreglos en las sepulturas, que por aquel entonces se enterraba dentro del templo parroquial, además de hacer otras reparaciones en la iglesia, obras que debía coordinar el juez ordinario del coto de Fonfría, que ese año era el vecino del pueblo Domingo de Aira; ese mismo año, en el pueblo de Louzarela, fue redactada por parte del notario apostólico una amplia escritura, con la finalidad de incrementar el precio de las sepulturas, quedando de la siguiente forma: desde la entrada principal hasta el arco triunfal, costaban a tres reales cada una y en la capilla mayor a seis reales. En 1742 fue comprado suficiente material para poder fundir una nueva campana, ya durante 1745, han sido realizados pequeños arreglos en el retablo colateral y fueron colocados vidrios y rejillas en las ventanas. Otro auto de 1746 ordena que no se permitan más cofradías de las que ya había debidamente autorizadas y fuese remetida una relación de mujeres solteras y casadas que pasaron al reino de Castilla.
El día 10 de diciembre de 1746, fue realizado un inventario de los objetos menores que había en el templo, que eran: cinco casullas de distinto tejido, tres albas, una capa pluvial, un palio de lana, seis manteles de altar, seis tablas de lienzo, dos paños de estopilla, dos cálices con sus correspondientes patenas todo de plata, un viril de plata y dorado su interior, unas crismeras sobredoradas de plata, tres candelabros de metal, cuatro candelabros de madera, un pelliz de tela, una lobra de bayeta, una cubierta de paño para las andas de los difuntos, unas vinagreras de estaño, dos tablas de corporales con sus bolsas, dos misales, un misal grande, tres lienzos de seda para cubrir los cálices, un incensario de metal y una cruz grande de metal.
El día 23 de marzo del año 1747, siendo cura de Fonfría don Pedro Antonio Teijeiro, oriundo de la ciudad de Lugo; ante el escribano José Manuel Sánchez, se hizo comparecer al vecino José do Lago, quien había sido mayordomo de la fábrica de la iglesia parroquial de Fonfría en 1727 a la que debía la cantidad doscientos cincuenta y ocho reales de vellón, y dado que no podía hacer frente a dicha deuda, mientras no la pagase hipotecaba a favor del templo parroquial el “Lindeiro da Ribeira das Fontiñas”, que había comprado a su vecino Juan Carballo, ya por aquel entonces fallecido. Dicha propiedad colindaba por arriba con heredad de Francisco de Aira, Francisco Carballo y Pedro Cernada, sus vecinos; por abajo con prado del hipotecador y con la capilla de San Juan de Torés y por ambos lados con propiedades de Francisco de Aira y de José Núñez.
Durante el verano de 1850, el templo parroquial fue objeto de una amplia reforma, cuyo texto literal dice: “Nota y razón de la obra que se hizo en esta yglesia de San Juan de Fonfría y su coste, este año de 1850 por reclamaciones y recadamientos personales que hizo a S. S. Y el Vicario D. Pedro María Fernández haciendole presente el estado de ruina y abandono en que se hallaba en la actualidad la yglesia por falta de celo y cuidado de los Curas y Parroquianos a consecuencia de los espuesto en cinco de junio de 1850. S.S.Y decretó se pusiese decente suficiente vajo la pena de suspenderla, y tomar inmediatamente las cuentas de la yglesia y capilla; al cumplimiento del citado Decreto se dio principio con las obras siguientes: primeramente, hubo que terraplanarla y cortarle el agua que en ella remanecía, recalcarla toda ella con mazos y vien apretada hallabase sin valdosa alguna todo el pabimento alguna que otra tabla podrida tenia tropezando en ellas, y en los rincones de ella amontones los guesos de los cadaberes que cuasa oror y escandalo verlos, en seguida de esta se baldosó de piedra pizarra, y la grada del altar mayor de cantería que atraviesa toda la capilla maior, todos estos materiales su coste y condución es de los vecinos de Fonfría, solamente hizose custodía de nuevo y reparose las viejas que se hallaban desconjuntadas de manera que no se conservaba seis dias se corrompía las especias Consagradas, hizose la mesa de Altar maior, y sus colaterales dos cajones con cerradura, habieronse luces al Altar Maior que casi ninguna luz tenia a la cual fiestra se echo su barrón de fierro para maior seguridad, hicieronse las mesas y frontes y una tarima de los dos altares colaterales que se hallaban mauy dorrotados, y en uno de ellos se colocó una pila de cantería que se hizo para el agua bendita que no la había, hozose el pie y bara para la cruz, retificaronse las puerta de la misma, hubo que asegurar todos los retablos que amenazaban ruina, echaronse unos baluastres y dos esteos en la tribuna, hizose el atril para las epistolas, la cajonada de la sacristía, caja cerrada paro los muertos, aviada del todo con sus cerraduras, hicieronse andas para la cera, hozose la puerta del atrio, hizose la cruz de hierro del campañario, hicieronse los arcos de piedra de las regillas de las bidrieras y se mandaron a Lugo a quese cubriesen con la red de alambres. Todas las referidas obras de nuevo, rebajose el atrio hasta que las aguas derramasen de la yglesia que penetraban dentro. El cabildo se terraplanó se quitron los guesos del que hacie de guesera, se dividió para deposito de alajas de la yglesia, y diose llano que nunca había tenido, tanvien se dio cal a todo la yglesia por afuera a la morisca y despues el blanco, y por adentro llano y blanco, hubo que retejarla toda ella, traer tres carros de losa para supenas y beyreado; amas de esta hubo que buscar unas piedras fuertes y ponerlas asentadas en cal sobre la puerta principal para defenderla de las bentiscas; todas estas mencionadas obra se pagaron con los cuadales que se hallaban de viejo en poder de los mayordomos y depositario”.
Durante la visita del año 1752, el arcediano de Triacastela, llama la atención al cura rector de Fonfría, ordenándole “que se atenga a su función”, en el mismo auto se manda cortar el teixo, que hay en el muro del atrio cementerio, cuyas raíces dañaban al templo y se vendiese su madera. –Creo que se trata del mismo teixo que hay actualmente- a lo largo de 1754, han sido realizados distintos trabajos en el templo, en los que se emplearon cinco carros de losa. Ése mismo año fue colocada una puerta de acceso al atrio; además se recomienda a los sacerdotes “no comer en las casas donde hubiese un bautismo, boda o entierro con los demás paisanos” al mismo tiempo se les ordena “no permitir que sea enseñada gramática sin licencia de su ilustrísima”. Durante 1762 se procedió al arreglo del campanario, cuyo importe fue de 553 reales y se hicieron otras obras de pequeño interés. En 1764, se propuso que fuesen retocados los dorados y las pinturas que tenían las tallas de San Juan Bautista y Nuestra Señora del Rosario, trabajo que se llevó a cabo en 1767. Durante 1769, se mandó fundir un cáliz viejo, que era de plata y hacer otro nuevo; a su vez se hizo un pequeño retablo para el altar lateral de San Roque, siendo el importe de 900 reales. En la correspondiente visita de 1775, el arcediano de Triacastela mandó presentar recibos y demás documentos relacionados con el coste de las imágenes de San José y San Juan, que habían sido talladas por el escultor de O Incio Pedro Peñalbo. Además ése mismo año se arregló el retablo, costando dicha reparación y las tallas 1.760 reales. En 1779 fue comprada una lámpara para el altar mayor, cuyo importe ha sido de 200 reales, ésta lampara ha sido vendida durante la reforma de la iglesia de 1962. Durante 1779, se hicieron pequeños arreglos en la iglesia, donde cada vecino tenía la obligación de acudir con su carro de bueyes, y a cambio recibía un cuartillo de vino y medio cuartillo de pan y a los obreros solamente se les daba un cuartillo de vino; otras obras de las mismas características se llevaron a cabo durante el verano de 1799, año en que se arregló la puerta de entrada y se quitaron muchas goteras que había en el templo. Durante ese mismo año, fue allanada la tierra del atrio y ha sido pisada de pizarra la sacristía; además el arcediano de Triacastela, mandó que se hiciese un arcón, para guardar las ropas. Se prohibió oficiar misa en uno de los altares laterales, ello por carecer de crucifijo y arra. Durante éste mismo año se realizó el deslinde del curato de Fonfría, que incluimos en otra parte del trabajo. En 1785 Benito de Aira, vecino de Fonfría y que por aquellas fechas residía en Lisboa, regaló al templo parroquial un ornato traído de Portugal. En las actas del libro segundo de fábrica de Fonfría, correspondientes al año 1800, se hizo una amplia referencia a la sentencia del pleito que pendía entre el obispado de Lugo, y en su representación el correspondiente cura de la feligresía y los frailes del convento del Santo Espíritus de Melide, por las visitas y la administración y cobranza de rentas del Hospital de Santa Catalina, disputa que ya venía de bastante antiguo. La inspección girada por el arcediano de Triacastela en 1803, deja clara constancia de la mucha necesidad que había en proceder al arreglo de la puerta de entrada al atrio y reponer una campana que faltaba de la iglesia. Durante el año 1831, fue mandado poner una viga tirante que faltaba en la techumbre, a su vez por parte de la autoridad eclesiástica le es ordenado al cura párroco “que no permita que los vecinos se lleven la piedra del atrio de la iglesia sin que paguen por ella, lo debidamente establecido”. A lo largo de los años 1842 a 1845, éste templo careció de ingresos, siendo los gastos del mismo sufragados por los sacerdotes que lo administraban; ya en 1845 se habilita de nuevo la suspendida parroquia de Ecce Homo de Louzarela, se autoriza que en ella se puedan realizar todas las funciones religiosas, habiendo hecho los vecinos del pueblo las aportaciones necesarias y expidiendo un informe favorable el ayuntamiento del Cebreiro.
En 1845, los vecinos de Louzarela lograron conseguir de los señores gobernadores eclesiásticos de la diócesis de Lugo, el tan deseado decreto para que en la entonces capilla, se pudiera bautizar, casar y enterrar en su cementerio. La nota insertada en el libro segundo de fábrica de Fonfría es la siguiente: “ Nota importante: en el año de mil ochocientos cuarenta y cinco los vecinos de este Pueblo de Louzarela por repetida solicitud fundada en poderosas razones y casuales, y apoyada con ynformes así del propio Párroco como de otros de la circunferencia, y del Ayuntamiento de este Distrito municipal de Cebrero han conseguido havilitar la adyvtuiz Parroquial del Ecce Homo, para en ella bautizar solemnemente, casar, enterrar en su cementerio construido de su cuenta, y celebrar en ella los Divinos oficios de que estaba suspensa hace años. Además mandando que el Párroco o Vicario que es o fuere en lo sucesivo de este Beneficio celebrase dos misas populares de Todo el año en los días festivos a falta de otro Sacerdote que pueda celebrar una de ellas, como así bien consta del Decreto dado por los Señores Gobernadores Eclesiásticos de este Obispado a catorce de Abril de dicho año de (mil ochocientos) cuarenta y cinco. Y que conste para eterna memoria lo anoto y firmo. Tomás María Vázquez”.
Continuando con la aún entonces capilla de Louzarela en la visita correspondiente a 1846, el visitador la halló con todo lo necesario para que en la misma se pudiera ejercer el ministerio sacerdotal. También es de señalar que durante éste año la iglesia de Fonfría estuvo muy pobre y en un estado semirruinoso, llegando el señor obispo de la diócesis de Lugo a comunicarle al cura párroco la posible suspensión del templo y dado la cantidad de deudas que tenía, mandó el obispo realizar una amplia inspección en la contabilidad de la misma. Durante el año 1850, las cosas van un poco mejor, los vecinos se muestran más conformes con contribuir en las reparaciones, haciéndose un arreglo general. Fue pisado el suelo de losa, para que los huesos humanos no estuviesen a la vista; las paredes fueron caleadas a la morisca; se hicieron unas cancillas de hierro para el atrio y se puso una cruz de hierro en el campanario; cuyo importe total de la obra ascendió a 1.295´17 reales, pagando en concepto de donativo Carlos López la cantidad de 173 reales.
López Pombo, Luis
López Pombo, Luis


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