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Legalidad intermitente

lunes, 08 de agosto de 2011
Vale que el verano es una época en que la noticias escasean y que siempre estamos dando vueltas a lo mismo. Visto los temas de que hablamos (la crisis, la crisis y a veces se menciona lo de la crisis) casi sería mejor que no hubiera ni ese tema, y que siguiéramos con la tradición de abrir los telediarios con las plagas de medusas y los encierros de Villaconejos del Carajal. Pero aún así, a pesar de que no hay muchos temas, por desgracia este año los pocos que tenemos dan para darle vueltas y más vueltas.

La Puerta del Sol ha sido tomada nuevamente. En el día de hoy, cautiva y desarmada la policía nacional, han alcanzado las tropas del 15-M sus últimos objetivos militares. Este nuevo colectivo, que se toma por el pito del sereno las normas que les apetece, ha tomado sus nobles fines (no discuto que tengan razón en muchas cosas) y los ha puesto por bandera para acampar donde les da la gana.

El problema, sin embargo, no es de ellos. Si por mí fuera, yo también acampaba en la Puerta del Sol, que los hostales están carísimos y más en una zona céntrica como esa. La cuestión es que a mi no me dejan y a ellos sí. O no. O sí otra vez, depende de si el ministro de turno ha desayunado zumo de naranja del dulce o del ácido. Esa es la parte que no comprendo.

Si se les permitió acampar la primera vez, quizás porque faltaban 7 días para las elecciones y echar a manifestante porra en mano queda fatal en la tele, ¿por qué no ahora? ¿A qué viene que a Zapatero le haya dado un ataque de legalidad de repente y cierre la Puerta del Sol como si fuera el patio de su casa, que no es particular (la Moncloa es de todos)?

Yo no defiendo que se permita la acampada libre, sea cual sea el motivo. Las manifestaciones sí, la concentraciones también, el infiernillo y los w.c. portátiles no. Me parecería lógico, por ejemplo, que hubiera una especie de manifestación continua en Sol, que se turnaran y siempre hubiera alguien allí protestando. Sólo faltaría que se nos negara el derecho a la pataleta, que es lo que nos queda cuando los malvados mercados y el atontado gobierno nos dirigen hacia el abismo como si fuéramos lemmings. Pero eso es una cosa y otra muy diferente tomarse el mundo por montera y armar en donde les dé la gana un campamento de refugiados. Quien dice en Sol dice en la Plaza de España, donde nos han vuelto a poner unos plásticos roñosos y nadie se atreve a decirles nada, no vaya a ser que nos llamen fachas.

Las normas hay que cumplirlas, incluso por aquellos que dicen tener fines nobles y pacíficos. Eso sí, las autoridades son quienes han de velar por ese respeto, y no podemos estar sujetos al capricho de quien dirige las fuerzas de seguridad del Estado.

Sólo queda una pregunta por plantar. Viendo a la policía cargar contra los del 15-M, y a todo el mundo callado, ¿se imaginan lo que habría pasado si la policía hubiera hecho lo mismo cuando gobernaba Aznar? Estaríamos hablando, como mínimo, de crímenes contra la humanidad. Pero claro, a Zapatero por impopular que sea no le vamos a llamar facha, sólo faltaba. Ni siquiera cuando demuestra gobernar a capricho, con una especie de legalidad intermitente (ahora sí, ahora no) que es el mayor signo de los fascismos.
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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